Gracias a Ismael Peña descubro una iniciativa que merece un lugar de honor en este blog. Se trata de la OpenNet Initiative, un proyecto comandado por diversas instituciones académicas y cuyo cometido es “investigar y analizar las distintas prácticas de filtrado y vigilancia de Internet desde un punto de vista parcial y objetivo”.
La existencia de un proyecto como OpenNet tiene mucha razón de ser ahora que se han conocido algunos casos de censura preocupantes: el arresto al blogger y cineasta chino Hao Wu, ha sido la gota que ha colmado el vaso.
La ONI, con instituciones como el Citizen Lab del Munk Centre for International Studies, University of Toronto, el Berkman Center for Internet & Society de la Harvard Law School, el Advanced Network Research Group de la University of Cambridge y el Oxford Internet Institute, de la Oxford University, comienza a ser una voz de prestigio y visibilidad que está en la posición ideal para lidear un movimiento anticensura cuyas dimensiones son cada vez más grandes.
Entre la información de caracter público que ofrece el sitio web del proyecto cabe destacar la interesante explicación de los distintos modos de censura que los gobiernos y empresas utilizan en la Red. Conviene también echar un vistazo más o menos frecuente al blog que publican desde hace algún tiempo (actualmente alojado en opennetinitiative.net y muy pronto en la URL http://opennet.net/blog).
Finalmente, merece la pena consultar el apartado de noticias disponible, en la medida en que resulta uno de los mayores y más fiables repositorios de información de actualidad sobre todo lo relacionado con la censura en la Red.
Personalmente, me alegra que un grupo tan nutrido de académicos se organicen para alzar la voz (y lo más importante, para ofrecer información fiable) en contra de la censura en la Red. Es triste decirlo así, pero cuando es un grupo más o menos anónimo de bloggers el que expresa su oposición a la censura, es más que probable que el calado de su mensaje sea menos profundo…
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El próximo viernes día 1 de junio acaba el plazo de presentación de propuestas para el concurso EduClip 2007. La misión del concurso, incentivar las nuevas formas de comunicación audiovisuales en relación con la educación, es más que loable y muy acertada en la medida en que se ajusta perfectamente a una realidad cambiante en la que el lenguaje que se exige a los profesionales de la comunicación debe de entrar tanto por los ojos como por los oídos, debe ser multimedia, hipertextual y, sobre todo, audiovisual.
El concurso, que está dotado con un nada desdeñable primer premio de 1.500 €, está organizado por distintas instituciones educativas gubernamentales y privadas de Catalunya y se completa, más allá de los premios otorgados, con unas jornadas educativas que tendrán lugar los próximos días 2 y 3 de Julio en el Instituto Nacional de Educación Física de Catalunya (INEF).
Como muestra de la calidad de los premiados en ediciones anteriores, a continuación pueden ver el clip ganador de 2006:
Por otro lado, desconozco las condiciones de participación del concurso, pero creo que una iniciativa orientada a la educación debería de insistir un poco más en la divulgación de sus contenidos. Lo comento porque, de entre todos los ganadores de la pasada edición, sólo he podido encontrar uno de ellos en repositorios de vídeo como Youtube:
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Si hace algunos días hablábamos de Da Vinci, hoy corresponde abordar una figura que también es máxima importancia en la historia de la ciencia y la cultura. Los defensores de la cultura libre y de acceso universal a través de la Red celebramos estos días la aparición de una nueva recopilación de documentos cuya disponibilidad en línea no congratula. Se trata de la obra completa del inglés Charles Darwin, una recopilación en la que destacan, por su novedad, las cartas que el científico mantuvo con su familia y amigos a propósito de sus más que razonables dudas sobre la conveniencia de dar a conocer sus teorías sobre la evolución de las especies.
En la correspondencia, que se puede consultar aquí, el inglés demuestra ser consciente de la brecha insalvable entre ciencia y religión que sus teorías provocarían. Las más de 5.000 cartas recopiladas en la página web que sirve de repositorio para su trabajo muestran a un Darwin humano, compasivo, preocupado y con serios problemas de conciencia. De hecho, en una de las misivas Darwin asegura a su amigo Joseph Hooker que revelar la Teoría de la Evolución había sido “como la confesión de un asesinato”.
Consideraciones morales aparte (aunque cabe celebrar que Darwin se dejara llevar por el afán de divulgación científica, a pesar de los problemas personales que ello le supuso), la aparición de una nueva base de datos de tal magnitud e importancia es, de nuevo, un hecho alentador para el mundo de la cultura (digital).
Seguimos, por tanto, celebrando su aparición y lanzando la pregunta de siempre: ¿se nos ha escapado alguna otra base de datos que merezca ser comentada? ¿conocen ustedes algún otro caso de esta altura?
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Lunes, Mayo 28th, 2007, por Raquel Xalabarder Plantada
Firma invitada: Raquel Xalabarder Plantada
Profesora de los Estudios de Derecho
Universitat Oberta de Catalunya
Raquel Xalabarder Plantada es Doctora en Derecho por la UB con la tesis “La protección internacional de la obra audiovisual” (1997) y obtuvo un Master of Laws de la Columbia University Law School de Nueva York (1993). Desde 1997 es profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC.
Por supuesto, siempre nos queda la vía que propone *5 la Federación Internacional de Entidades de Derechos de Reproducción (IFRRO) –a la que pertenece la española CEDRO-, a favor de la adopción de acuerdos voluntarios entre titulares de derechos y usuarios, la definición de guías de buenas prácticas para identificar y localizar titulares, la creación de bases de datos con información sobre obras huérfanas, la inclusión de metadatos en los contenidos digitales, etc.
No obstante, aunque podríamos esperar que las entidades de gestión –como titulares de derechos de los respectivos autores- adoptaran medidas para solucionar este problema (por ejemplo, ofreciendo una licencia que autorizara el uso de la obra huérfana, con la remuneración establecida en sus respectivas tarifas generales y asumiendo directamente la responsabilidad frente a cualquier reclamación por parte de los autores de tales obras), su actual reticencia es perfectamente comprensible ya que se trata de un problema que les es ajeno (por norma general, estos autores desconocidos o ilocalizables no están asociados a tales entidades de gestión -de estarlo, ya no se plantearía el problema!).
Además, basta con tener en cuenta la mala imagen que tienen las entidades de gestión entre la sociedad, en general, para entender que ninguna de ellas quiera defender lo que sería percibido como un “nuevo canon” que supondría, además, un “cobro indebido”, por repertorio que no gestionan y que difícilmente será liquidado a los respectivos autores y titulares (quizás la entidades de gestión estén en mejor posición que el usuario para identificar o localizar al autor o titular de una obra huérfana, pero ello no asegura el éxito en todos los casos).
Por todo ello, quizás la solución más lógica sería la introducción de una excepción el la ley de propiedad intelectual que permitiera el uso de obras huérfanas. Esta fue justamente una de las enmiendas presentadas en la tramitación parlamentaria de la Ley 23/2006, de 7 de julio, de reforma de la LPI.
La enmienda *6, que no llegó a prosperar, proponía una excepción a favor del uso de obras huérfanas sin autorización de su autor, dejando que fuera el Gobierno –mediante reglamento- quien estableciera las condiciones para el ejercicio de tal excepción; por ejemplo, asegurar que se trata de una obra verdaderamente “huérfana” (y que el usuario ha llevado a cabo acciones diligentes para localizar al titular, sin éxito) y que la obra no es inédita (para evitar infringir el derecho moral de divulgación), determinar si tal uso debería ser gratuito (como son la mayoría de excepciones legalmente establecidas) o quedar sujeto a una remuneración (como si se tratara de una licencia obligatoria) y, en tal caso, ¿cuál sería la cantidad correcta? ¿quién recaudaría -y como se repartirían- tales pagos? En resumen, una solución tampoco exenta de problemas pero que, cuanto menos, pretendía dar un primer paso para colmar el vacío legal existente.
A mi entender, es tarea del legislador asegurar que la ley de propiedad intelectual establece los mecanismos necesarios para proteger el interés de los autores y del público en general, siendo imposible satisfacer el uno en detrimento el otro. La problemática de las obras huérfanas aparece como un claro paradigma de esta necesidad de equilibrio. ¡Sólo nos cabe esperar que nuestro legislador sepa estar a la altura!
*6:“Art.40bis(2): Las obras consideradas obras huérfanas, aquellas de las que no ha resultado posible localizar a los titulares de los derechos de explotación después de una búsqueda legítima, podrán ser utilizadas sin autorización previa de acuerdo con las condiciones que se fijen reglamentariamente”[Enmienda n.49, presentada por el Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés (GPECP), BOCG #53, Senado, Serie II, de 21 de Abril de 2006].
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Viernes, Mayo 25th, 2007, por Raquel Xalabarder Plantada
Firma invitada: Raquel Xalabarder Plantada
Profesora de los Estudios de Derecho
Universitat Oberta de Catalunya
Raquel Xalabarder Plantada es Doctora en Derecho por la UB con la tesis “La protección internacional de la obra audiovisual” (1997) y obtuvo un Master of Laws de la Columbia University Law School de Nueva York (1993). Desde 1997 es profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC.
De entre los muchos interrogantes relacionados con la propiedad intelectual que se plantean en el nuevo contexto digital, hoy me interesa hablar de las llamadas “obras huérfanas”.
Con este curioso nombre se hace referencia a aquellas obras que estando todavía protegidas por el derecho de autor es difícil, cuanto no imposible, identificar a sus autores para recabar la debida autorización para la explotación de la obra, ya sea porqué en el original o en la copia de la obra no aparece identificado el autor, o porqué aun cuando esté identificado es difícil la localización del titular (o titulares) de los derechos, que pueden haber ido variando, tras sucesivas cesiones, a lo largo del tiempo.
Por supuesto, el problema no se plantea si la obra se halla ya en el dominio público (por haber expirado su plazo de protección, que en Europa es de 70 años tras la muerte del autor) o si el uso concreto que se pretende puede quedar amparado por alguna de las excepciones recogidas en la ley (por ejemplo, el derecho de cita, la parodia, las informaciones sobre temas de actualidad, las finalidades docentes o de investigación, etc).
Sin embargo, aún con estas salvedades, la dificultad o imposibilidad de identificar y localizar a los autores y titulares afecta a gran cantidad de obras protegidas, en gran medida, al enorme acervo cultural depositado en Archivos, Museos y Bibliotecas de todo tipo. El régimen de protección del derecho de autor se convierte, en estos supuestos, en un verdadero obstáculo para la difusión cultural, en detrimento del interés del público así como, en la gran mayoría de casos, del propio autor o titular.
Por todo ello, la problemática de las “obras huérfanas” ha conseguido captar la atención del legislador, tanto a nivel nacional como internacional*1.
En Canadá, el Gobierno –a través del Copyright Board *2- se encarga de examinar y autorizar (o denegar) las licencias de uso de todo tipo de obras huérfanas (dibujos, artículos, canciones y obras audiovisuales, etc). Para obtener tal autorización, el usuario debe demostrar que ha realizado “esfuerzos razonables” para localizar –sin éxito- al titular de la obra que quiere utilizar y que se trata de una obra lícitamente divulgada (las obras inéditas quedan excluidas de este sistema). La licencia establece normalmente a una cantidad en contraprestación, que el usuario deberá abonar a la entidad de gestión correspondiente (la que gestione los derechos sobre las obras en cuestión). Por su parte, el titular de la obra huérfana tiene un plazo de 5 años (a partir de la finalización de la licencia), para reclamar tal cantidad a la entidad de gestión o, en el caso de impago, podrá reclamarla directamente del usuario/licenciatario ante los tribunales.
En los Estados Unidos, la Copyright Office presentó un extenso y completísimo informe *3 sobre esta problemática , y propuso al Congreso la adopción de un sistema de limitación de responsabilidad para aquel usuario que demuestre haber llevado a cabo una “búsqueda razonablemente diligente” del titular de la obra. En tal caso, el usuario podrá utilizar la obra huérfana y tan sólo deberá compensar “razonablemente” a su titular (en el caso que éste reclame), pero evitará ser castigado (con las correspondientes sanciones económicas) por infracción del copyright. No obstante, se trata ésta de una propuesta bastante polémica, que ha recibido una cruda oposición por parte del colectivo de fotógrafos*4 (del todo comprensible, al tratarse precisamente de obras que acostumbraban a publicarse sin la mención de autoría). Por el momento, el Congreso no ha adoptado ninguna modificación de la Copyright Act en este sentido y el tema sigue, pues, abierto.
Una tercera posibilidad es la gestión colectiva y, en especial, las “licencias colectivas extendidas” (extended collective licensing), que operan en los países nórdicos: la autorización obtenida a través de una licencia de una entidad de gestión para el uso de obras de su repertorio queda extendida por ley al resto de obras –de la misma naturaleza- aunque no estén gestionadas por tal entidad. Este sistema (de “extensión” por imperativo legal) parece útil para solucionar el problema de las obras huérfanas, pero posiblemente sería muy difícil de importar a países que desconocen este tipo de licencias, como es el nuestro.
*1: Ver, en este sentido, el Grupo de Expertos en Bibliotecas Digitales, en el marco de la European Digital Library Initiative que advierte de la necesidad de buscar soluciones nacionales compatibles. También es interesante el informe “Gowers” sobre Copyright and Orphan Works, e incluso el informe del European Audiovisual Observatory.
Nunca está de más aportar documentos que expliquen el funcionamiento y la filosofía de esta web 2.0 en la que estamos trabajando. Hace algunas semanas comentábamos la aparición de un útil mapa visual de la web 2.0 y su correspondiente libro sobre el tema publicado por la Fundación Orange. Hoy volvemos al asunto ofreciendo un recurso divulgativo que está orientado a los usuarios no iniciados.
Se trata de un pequeño manual elaborado por José Antonio del Moral, responsable de la empresa Alianzo, que se ha publicado con motivo de la reunión Startup 2.0, un concurso a nivel europeo que pretende premiar y potenciar los distintos proyectos empresariales de recién nacimiento que pueden encajar dentro de la filosofía 2.0.
El documento en cuestión, cuyo título completo es “Qué es la web 2.0 y por qué supone una revolución social, política y económica”, pretende explicar de una forma clara y sencilla por qué el cambio que estamos viviendo afecta a otros niveles de la sociedad más allá del meramente tecnológico. Analiza brevemente la repercusiones en la educación y en los medios de comunicación e incluye un pequeño glosario de términos que será de gran utilidad a las personas que no están familiarizadas con el concepto de la web 2.0.
José Luis Cabello, en cuya bitácora he leído la anotación que habla de este documento, aporta también otros recursos que pueden ser de interés, como el artículo Web Educativa 2.0, de Anibal de la Torre, o el listado de repositorios sociales disponible en el wiki Aicolenet.
El caso es que éstos no son los únicos recursos divulgativos en español sobre el tema que podemos encontrar por la red. Pero claro, si queremos seguir la filosofía colaborativa de la web 2.0 es hora de que ustedes aporten su opinión…
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Interesante proyecto el de Culturizame.net. Se trata de un sistema de votación de noticias al estilo de Digg o Menéame, pero centrado exclusivamente en temas culturales. Para los que consideramos pobre el funcionamiento de Menéame y también para los que no tenemos interés (por la lejanía geográfica) en la mayoría de las noticias que salen a portada en Digg, pero en cambio tenemos gran interés en los temas culturales, este proyecto es sin duda una gran idea.
Según la revista cultural Dosdoce, en parte responsable del proyecto. Culturizame.net es una “nueva red social que aspira a convertirse en una interesante fuente de información cultural complementaria a los medios de comunicación tradicionales, donde los artículos más votados se publican en la portada de la nueva web cultural”. Como en el resto de redes sociales del mismo estilo, el usuario puede opinar, compartir y valorar cualquier información publicada en la Red y relacionada con el mundo de la cultura.
Desde luego estamos ante un sistema de promoción de noticias que, con un poco de suerte, tiene bastantes posibilidades de que sus usuarios no vicien su funcionamiento a base de primar los intereses personales sobre los informativos, no otorguen votos negativos a la primera de cambio y todas las prácticas que han provocado que otros sistemas similares pasaran de ser grandes promesas a grandes chascos. Habrá que cruzar los dedos y, sobre todo, tomarse las cosas muy en serio. Vía Comunicación Cultural.
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Leo a Antonio Ortiz, en Error 500, gratamente sorprendido por el descubrimiento de un par de servicios públicos ofrecidos por la Junta de Andalucía que combinan Google Maps con otras aplicaciones para ofrecer al ciudadano soluciones de utilidad para sus necesidades. Como algunos ya sabréis, este tipo de combinaciones de dos o más tecnologías para formar una nueva, muy representativas de la filosofía 2.0, se denominan mash up. Entremos en detalle:
Por un lado, existe un buscador de centros educativos basado en la tecnologías de mapas de Google que permite al usuario encontrar el centro con las características adecuadas a sus necesidades: primaria, secundaria, público, concertado, etc.
Por el otro, el Gobierno Andaluz también ofrece el servicio En Vivo, orientado a la promoción del turismo, y que permite al usuario la búsqueda de puntos de interés para su tiempo de ocio: playas, hoteles, restauración, patrimonio cultural, arboledas, parques de ocio, etc.
Se trata de un par de buenos ejemplos de la utilización de servicios cuyo uso derivado o remezcla está permitido por definición. De momento comprobamos que es una comunidad autónoma con cierta tradición por la filosofía de la cultura libre la que primero se acerca a este modo de hacer la cosas, y esperamos que esta tendencia vaya arraigando poco a poco en el resto de comunidades. Mientras tanto, me quedo con la reflexión del propio Antono Ortiz: ¿Cuanto costaría desarrollar desde cero un sistema de mapas y de navegación con la calidad de Google Maps? Mucho más que utilizar el API* correspondiente y montar tu servicio como una capa superior sobre los datos de un tercero.
*API: en desarrollo de software “se trata del conjunto de llamadas a ciertas librerías que ofrecen acceso a ciertos servicios desde los procesos y representa un método para conseguir abstracción en la programación”.
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Hace unos pocos días que se dio a conocer Infotendencias, un blog colectivo formado por 24 investigadores del área de la comunicación de 12 universidades españolas. En la lista de autores de la bitácora se encuentran algunos nombres de reconocido prestigio en el ámbito académico español, como Ramón Salaverría, José Luis Orihuela o Juan Miguel Aguado.
El proyecto, tremendamente dinámico en la medida en que está compuesto por un buen puñado de visiones distintas de la misma realidad, la de la convergencia de medios y las nuevas formas de comunicar y recibir informaciones, tiene como principal objetivo “estudiar las características, procesos y consecuencias de la convergencia en los medios de comunicación en España”.
Conviene señalar también, y de paso cabe congratularse por ello, que el proyecto Infotendencias está financiado por el Ministerio de Eduación y Ciencia. Además se define como un proyecto “abierto a la participación de académicos y profesionales”. Por supuesto, está publicado bajo Creative Commons.
Diría que la suma de detalles de Infotendencias le confiere un carácter bastante atractivo: abierto, dinámico, libre… y de carácter público. En otras circunstancias estaría frotándome los ojos con incredulidad, pero conociendo el trabajo de algunos de los profesionales del proyecto (y habiendo sido alumno de algunos otros), sólo puedo felicitarles y suscrbirme al feed RSS que emite para echarle un vistazo todos los días :)
Y a ustedes, ¿qué les parece?
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Viernes, Mayo 18th, 2007, por Roser Beneito Montagut
Firma invitada: Roser Beneito Montagut
Profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación
Universitat Oberta de Catalunya
Roser Beneito Montagut es profesora propia de la UOC desde julio del 2006. Desde 1998 ha impartido docencia universitaria en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández, en el área de escultura. Sus intereses de investigación giran en torno al multimedia, la relación entre el arte y las TIC y las manifestaciones culturales en la sociedad de la información. Compagina su labor docente e investigadora con su trabajo artístico.
Andaba yo leyendo mis feeds cuando me encuentro otra vez con el eterno debate. Cada vez que a un comisario de arte se le ocurre incluir en la programación de museo o feria “algo” que no ha sido previamente canonizado por los círculos “tradicionales” del arte renace cual ave fénix la misma pregunta ¿qué es (el) arte?. Advierto que será mejor que dejen de leer si esperan encontrar alguna respuesta a dicha cuestión, tengo un estúpido vicio de plantear preguntas que no sé contestar y que además me plantean otro montón de preguntas.
Esta vez, en el artículo de The Guardian del cual he robado el titular y que ha provocado este post, Jonathan Jones pregunta en referencia a Ferran Adrià: “Is he an artist?”.
Les pongo en antecedentes. Hace ya casi un año que Roger M. Buergel anunció que el cocinero catalán participará en la próxima Documenta de Kassel (Alemania)como uno de los dos artistas españoles invitados. Y he aquí la polémica servida. Que si esto es arte, que si no lo es, bla, bla, bla.
Analicemos los argumentos de Jonathan Jones. Parece ser que si los artistas (pero sin decirnos que criterios utiliza para meterlos dentro del saco) cocinan, hacen arte, y ni duda nos cabe que las obras que menciona lo son. El segundo argumento que utiliza es que la comida no puede disgustar al destinatario final porque este se convierte en cliente, mientras que el arte “sí” puede hacerlo. Y como conclusión nos advierte “Until people go to a restaurant to think about death, cooking won’t be art”.
Si utilizáramos la misma lógica que Jonathan Jones para definir arte deberíamos eliminar cualquier manifestación que no estuviera realizada por un artista, segundo, que no disgustara ni fuera útil y por último que no nos hiciera pensar en la muerte.
¿Qué hacemos entonces con los videoclips, la publicidad, la arquitectura, etc? ¿Es más, qué hacemos con los videojuegos, la publicidad interactiva, el software art, el web design,…? ¿Quizá estamos volviendo a los argumentos que defiende que arte es lo que hace un artista sin que tenga ninguna funcionalidad? ¿Qué sucede con eventos como el reciente OFFF donde artistas digitales, cineastas, diseñadores gráficos y de web; músicos electrónicos de vanguardia, estudios de animación y publicistas conviven en el mismo espacio?
Llevamos tiempo huyendo de aplicar a la producción artística contemporánea tanto una definición hermética y cerrada como otra universal, porque si a alguna conclusión hemos llegado ya, en los inicios de la sociedad de la información, es a la imposibilidad de introducir modelos homogéneos para el arte en un contexto que es complejo y plural.
Entendemos que hoy la posibilidad y coexistencia de múltiples definiciones, procedimientos y modos de entender la obra de arte permite la convivencia de viejos y nuevos modelos. Esos nuevos modelos, una vez situados en su contexto sociocultural y escapándonos, o intentando escapar, de la fascinación que la técnica a menudo nos produce, tienen que ser valorados bajo una perspectiva marcada por la transdisciplinariedad. Me explico, el arte, desde hace décadas, se sumerge en terrenos que “tradicionalmente” no le pertenecerían –la performance, la música, la cocina, la electrónica, y otras muchas disciplinas. Pero parece que ponemos el grito en el cielo cuando desde otra disciplina se hacen incursiones en el arte, como puede haber sucedido en el caso de Ferran Adrià o de Armani en el Guggenheim.
¿Miedo? ¿A qué? ¿A que el arte cambie? ¿Pero no lo ha hecho siempre? La fotografía cambió la pintura, el vídeo cambio el cine, ahora la tecnología digital, e Internet, cambian el cine, el vídeo, la televisión, la música y la literatura y, evidentemente, el arte.
Las prácticas artísticas de mediados del siglo XX nos llevaron a entender la obra de arte como información; y sentaron las bases para observar que la práctica artística es comunicación, y esto tiene mucho que ver con unos planteamientos que, realmente, siempre han estado presentes en la práctica artística: la voluntad de acercarse al espectador, que ahora se ha acentuado al poner en estrecha relación arte, ciencia y tecnología, pero que como vemos no es la única vía. Entender la obra como un acto comunicativo nos permite observar de qué manera se producen importantes cambios conceptuales y formales en ésta con la aparición de nuevos medios, concretamente con la aparición y popularización de Internet.
Por ello consideramos que el arte, como fenómeno capaz de aportarnos conocimiento, está ligado a la realidad del espectador. Lo que experimentamos como realidad es un conocimiento compartido con los demás, ya que esta construcción se realiza a partir de la interrelación con otras personas, del dialogo, por la lengua y la cultura. De manera que el arte, se constituye a partir del consenso, de la cooperación y de la red entre individuos integrantes en cada contexto, independientemente de cómo se haga.
Es decir, el vínculo que se establece entre arte y tecnología, se puede entender como una aceptación de la necesidad de utilizar diferentes campos del saber para la comprensión de la obra de arte y esta necesidad de utilización de diferentes campos de saber puede ser extendida. El conocimiento artístico evoluciona con los cambios del contexto en el que vivimos. Cuando el modo de relacionarse, de dialogar, cambia, cambia la obra de arte. Por ello se evidencia la necesidad de un pensamiento que atienda a las múltiples relaciones y a los procesos interconectados.
Consideramos que la función de la obra de arte es la transformación de la realidad, una transformación entendida como dilatación de nuestra/s realidad/es, y por ello de nuestros conocimientos y experiencias. Esta transformación se da a partir de interacciones que dependen del contexto.
A partir de aquí, juzguen (o no) ustedes si esto o aquello es arte. Yo no me atrevo.
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