“Food can be artistic - but it can never be art” (and cook?)

18 Mayo, 2007, por Roser Beneito Montagut

Firma invitada: Roser Beneito Montagut
Profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación
Universitat Oberta de Catalunya

Roser Beneito Montagut es profesora propia de la UOC desde julio del 2006. Desde 1998 ha impartido docencia universitaria en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández, en el área de escultura. Sus intereses de investigación giran en torno al multimedia, la relación entre el arte y las TIC y las manifestaciones culturales en la sociedad de la información. Compagina su labor docente e investigadora con su trabajo artístico.

Andaba yo leyendo mis feeds cuando me encuentro otra vez con el eterno debate. Cada vez que a un comisario de arte se le ocurre incluir en la programación de museo o feria “algo” que no ha sido previamente canonizado por los círculos “tradicionales” del arte renace cual ave fénix la misma pregunta ¿qué es (el) arte?. Advierto que será mejor que dejen de leer si esperan encontrar alguna respuesta a dicha cuestión, tengo un estúpido vicio de plantear preguntas que no sé contestar y que además me plantean otro montón de preguntas.

Esta vez, en el artículo de The Guardian del cual he robado el titular y que ha provocado este post, Jonathan Jones pregunta en referencia a Ferran Adrià: “Is he an artist?”.

Les pongo en antecedentes. Hace ya casi un año que Roger M. Buergel anunció que el cocinero catalán participará en la próxima Documenta de Kassel (Alemania)como uno de los dos artistas españoles invitados. Y he aquí la polémica servida. Que si esto es arte, que si no lo es, bla, bla, bla.

Analicemos los argumentos de Jonathan Jones. Parece ser que si los artistas (pero sin decirnos que criterios utiliza para meterlos dentro del saco) cocinan, hacen arte, y ni duda nos cabe que las obras que menciona lo son. El segundo argumento que utiliza es que la comida no puede disgustar al destinatario final porque este se convierte en cliente, mientras que el arte “sí” puede hacerlo. Y como conclusión nos advierte “Until people go to a restaurant to think about death, cooking won’t be art”.

Si utilizáramos la misma lógica que Jonathan Jones para definir arte deberíamos eliminar cualquier manifestación que no estuviera realizada por un artista, segundo, que no disgustara ni fuera útil y por último que no nos hiciera pensar en la muerte.

¿Qué hacemos entonces con los videoclips, la publicidad, la arquitectura, etc? ¿Es más, qué hacemos con los videojuegos, la publicidad interactiva, el software art, el web design,…? ¿Quizá estamos volviendo a los argumentos que defiende que arte es lo que hace un artista sin que tenga ninguna funcionalidad? ¿Qué sucede con eventos como el reciente OFFF donde artistas digitales, cineastas, diseñadores gráficos y de web; músicos electrónicos de vanguardia, estudios de animación y publicistas conviven en el mismo espacio?


Llevamos tiempo huyendo de aplicar a la producción artística contemporánea tanto una definición hermética y cerrada como otra universal, porque si a alguna conclusión hemos llegado ya, en los inicios de la sociedad de la información, es a la imposibilidad de introducir modelos homogéneos para el arte en un contexto que es complejo y plural.

Entendemos que hoy la posibilidad y coexistencia de múltiples definiciones, procedimientos y modos de entender la obra de arte permite la convivencia de viejos y nuevos modelos. Esos nuevos modelos, una vez situados en su contexto sociocultural y escapándonos, o intentando escapar, de la fascinación que la técnica a menudo nos produce, tienen que ser valorados bajo una perspectiva marcada por la transdisciplinariedad. Me explico, el arte, desde hace décadas, se sumerge en terrenos que “tradicionalmente” no le pertenecerían –la performance, la música, la cocina, la electrónica, y otras muchas disciplinas. Pero parece que ponemos el grito en el cielo cuando desde otra disciplina se hacen incursiones en el arte, como puede haber sucedido en el caso de Ferran Adrià o de Armani en el Guggenheim.

¿Miedo? ¿A qué? ¿A que el arte cambie? ¿Pero no lo ha hecho siempre? La fotografía cambió la pintura, el vídeo cambio el cine, ahora la tecnología digital, e Internet, cambian el cine, el vídeo, la televisión, la música y la literatura y, evidentemente, el arte.

Las prácticas artísticas de mediados del siglo XX nos llevaron a entender la obra de arte como información; y sentaron las bases para observar que la práctica artística es comunicación, y esto tiene mucho que ver con unos planteamientos que, realmente, siempre han estado presentes en la práctica artística: la voluntad de acercarse al espectador, que ahora se ha acentuado al poner en estrecha relación arte, ciencia y tecnología, pero que como vemos no es la única vía. Entender la obra como un acto comunicativo nos permite observar de qué manera se producen importantes cambios conceptuales y formales en ésta con la aparición de nuevos medios, concretamente con la aparición y popularización de Internet.

Por ello consideramos que el arte, como fenómeno capaz de aportarnos conocimiento, está ligado a la realidad del espectador. Lo que experimentamos como realidad es un conocimiento compartido con los demás, ya que esta construcción se realiza a partir de la interrelación con otras personas, del dialogo, por la lengua y la cultura. De manera que el arte, se constituye a partir del consenso, de la cooperación y de la red entre individuos integrantes en cada contexto, independientemente de cómo se haga.

Es decir, el vínculo que se establece entre arte y tecnología, se puede entender como una aceptación de la necesidad de utilizar diferentes campos del saber para la comprensión de la obra de arte y esta necesidad de utilización de diferentes campos de saber puede ser extendida. El conocimiento artístico evoluciona con los cambios del contexto en el que vivimos. Cuando el modo de relacionarse, de dialogar, cambia, cambia la obra de arte. Por ello se evidencia la necesidad de un pensamiento que atienda a las múltiples relaciones y a los procesos interconectados.

Consideramos que la función de la obra de arte es la transformación de la realidad, una transformación entendida como dilatación de nuestra/s realidad/es, y por ello de nuestros conocimientos y experiencias. Esta transformación se da a partir de interacciones que dependen del contexto.

A partir de aquí, juzguen (o no) ustedes si esto o aquello es arte. Yo no me atrevo.

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Wikimedia Commons

11 Abril, 2007, por

wikimedia.jpgSi hace cosa de un mes les hablábamos de diez casos de éxito en cuestión de recursos abiertos para la educación, hoy recuperamos esa misma línea con un recurso de gran potencial y que se nos había escapado en aquel momento.

Se trata de Wikimedia Commons, una gran biblioteca multimedia asociada a Wikipedia que cuenta con más de 1.300.000 archivos en su haber. Todavía le queda mucho camino por delante para alcanzar la utilidad y la popularidad de su hermana textual, pero con la colaboración de todos los usuarios puede llegar a convertirse en el gran archivo multimedia de la Red. Su capacidad de libre distribución y modificación convierte a Wikimedia en un recurso de enorme utilidad, tanto para el mundo de la educación (en todos sus niveles) como para el de la empresa o el ámbito público.

Conviene recordar algunas cosas sobre el sistema de libre acceso y edición que representan tanto Wikipedia como Wikipedia. Herederas del pensamiento de que la sabiduría colectiva tiene mucho más valor que la de cualquier individuo y con la intención de establecer una fuente de información sobre la humanidad de mayor importancia que la legendaria Biblioteca de Alejandría, constituyen es la Larga Cola de las enciclopedias.

Si la Enciclopedia Británica cuenta con todo el respeto entre la comunidad intelectual, este nuevo modelo presenta una serie de ventajas competitivas frente al modelo de enciclopedia que representa la británica:

  • Cualquier enciclopedia comienza a morir en el momento en que es impresa. Wikipedia, en cambio, se mantiene en actualización constante.
  • La autoría es colectiva. En la confección de Wikipedia participan expertos (en cualquier tema) de todo el mundo que aportan libremente su conocimiento al proyecto.
  • Cualquier entrada puede ser editada por un lector que tiene información que aportar.
  • Sólo se requiere una conexión a Internet para formar parte de ella
  • La filosofía de Wikipedia se resume en que si no existe una entrada explicando un
    concepto, cualquiera puede crearla y empezar así la cadena de transmisión de
    conocimiento.

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