Para una sociedad emprendedora, capital creativo
Cuando la palabra innovación parece estar ya bastante quemada por el uso que ha recibido en la actual Sociedad basada en el conocimiento y las tecnologías, surgen nuevos planteamientos de la misma que intentan reincorporar antiguos elementos que fueron reemplazados hace siglos por la economía. Me refiero a la cultura y el arte.
Hace poco escuché a un amigo mío muy inquieto (por no llamarle innovador) hablar sobre el concepto de capital creativo, cuya idea toma en consideración los elementos de cultura y arte. Concretamente, el capital creativo constituye un triángulo de unión entre el mundo tecnológico, empresarial y cultural/artístico como medio para generar riqueza. La idea básica es que, mediante la activación de estas líneas de actuación, las personas, las empresas y la Sociedad en general puedan desplegar todo su potencial creativo básicamente en dos direcciones. Por un lado, hacia la generación de un desarrollo interno para mantener los niveles de calidad de vida y mejorar el bienestar social; y por otro lado, hacia la generación de un desarrollo externo, mediante la creación de redes de colaboración a nivel internacional para el intercambio de talento y el fomento de la competitividad.

Curiosamente, hasta hace unas décadas la creatividad era vista como una actividad vinculada a los menos ocupados o, mejor dicho, los más ociosos (ej. hippies, artistas, desempleados, etc.). Sin embargo, hoy en día las economías avanzadas necesitan de la innovación y la creatividad para mantener sus niveles de bienestar y su competitividad. En este sentido, la cultura y el arte constituyen el motor de creatividad más antiguo que existe. Un ejemplo palpable de ello fue Florencia, que, gracias a los artistas que atraía, llegó a ser la ciudad más rica de Europa occidental durante el renacimiento.
Desde mi punto de vista, el capital creativo viene a representar una evolución en el entendimiento del valor añadido de las personas, las empresas y las instituciones dentro de la Sociedad hoy en día. Si desarrollamos la creatividad dentro de la Sociedad será más fácil atraer nuevos talentos que contribuyan también a ese fin. De ahí, que la atracción de talento sea una virtud del capital creativo.
Para desarrollar la creatividad debe haber alguien dispuesto a hacerlo. Es aquí donde entra a participar el emprendedor con su papel de innovador y creador. En otras palabras, la creatividad es una de las características que define al emprendedor y, consecuentemente, el capital creativo debe ser considerado un aspecto fundamental para el fomento y desarrollo de una sociedad emprendedora, donde las personas, los proyectos y las ideas clave puedan ser activados y capitalizados naturalmente.
La creatividad puede ser desarrollada por cualquier persona; de hecho, debería estar presente en la vida de todas las personas. Sin embargo, uno de las requisitos que exige la creatividad es el cambio. Se supone que para ser innovadores debemos cambiar constantemente, redefiniendo nuestros objetivos y planteamientos. Dado que por naturaleza los seres humanos ponemos resistencia al cambio, ¿hasta qué punto llegaremos a frenar nosotros mismos el capital creativo? La respuesta dependerá del papel de los líderes, pues fomentar la creatividad es una de sus principales tareas tanto en el ámbito empresarial, como en el institucional.
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