Nos hace falta espíritu emprendedor
Desde hace unas décadas, el número de jóvenes con acceso a la universidad en los países desarrollados ha ido en aumento, ocasionando que el mercado laboral se haya visto cada vez más desbordado por un gran número personas cualificadas que buscan trabajo. Asimismo, la incorporación de la mujer al mercado laboral ha supuesto también un aumento de la demanda de empleo, al igual que lo ha representado el fenómeno de la inmigración. Frente a este aumento de la fuerza laboral, la oferta de empleo no ha sido capaz de absorber la demanda existente y, en consecuencia, el fenómeno emprendedor ha cobrado gran importancia como una manera de enfrentar esta situación de desequilibrio, ya que la creación de empresas no sólo permite generar riqueza, sino también empleo.
Retomando un artículo anterior, la actividad emprendedora en España se encuentra en un punto inflexión en el que parecen haber dos futuros distintos: (1) podemos continuar con los actuales niveles de creación de empresas; o por el contrario, (2) podemos aumentar la actividad emprendedora a medida que aumenta nuestro poder adquisitivo. Esta segunda vía sería la más deseable, sobretodo si tenemos en cuenta que la oferta de empleo no es capaz de satisfacer la demanda.
No obstante, la motivación para emprender en la población española no parece indicar que exista un crecimiento de la actividad emprendedora. De acuerdo a un estudio descriptivo realizado en 2006 por una miembro del proyecto GEM España, a pesar de que hay elementos favorables para la creación de empresas, éstos no se traducen en el desarrollo efectivo de la actividad emprendedora. Como resultado, desde hace más de 6 años la actividad emprendedora en España no supera el 7% de la población adulta, dejando una clara evidencia de la falta de espíritu emprendedor.
Un grave problema que surge tras esta falta de espíritu emprendedor es la infrautilización del capital humano. Según el Consejo Superior de Cámaras de Comercio españolas, la mayoría de jóvenes universitarios aceptan trabajos que están por debajo de su titulación. Lo cierto es que, a causa de una insuficiente vocación emprendedora, hoy en día los jóvenes en España prefieren un trabajo mediocre, pero estable, en vez de dedicarse a actividades que conlleven la asunción riesgos, como por ejemplo, la creación de empresas.
Además de ser generadora de riqueza y empleo, la creación de empresas es también fuente de innovación. El emprendedor, a través de su actividad, introduce en el mercado nuevas combinaciones de recursos para maximizar la productividad y la eficacia, desarrollando así un proceso de innovación. En otras palabras, como Drucker y Schumpeter llegaron a señalar, el emprendedor y la innovación son dos conceptos inseparables.
Dado que la vía recomendable para sostener los actuales niveles de bienestar de los países desarrollados es la innovación, parece necesario entonces recuperar el espíritu perdido con el fin de que cada vez más personas se dediquen a iniciar sus propios proyectos empresariales. En definitiva, si queremos vivir mejor, nos hace falta espíritu emprendedor.
Tags: capital humano, creación de empresas, emprendedor, GEM, Innovación, motivación











Sindicación
