El comportamiento de las personas y el riesgo de PSICOLOGIZAR las empresas

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Advertencia: las líneas que siguen a continuación nacen del pensamiento y del procesador de textos de un estudioso/aprendiz de la psicología convencido de las bondades -y debilidades- de la ciencia del comportamiento humano. Soy consciente de la contradicción. Pero es que estoy convencido de que el comportamiento humano, muchas veces, es impracticable.

"¿Ya han dejado de chillar los corderos?" es la frase con la que Hannibal Lecter inicia la última conversación de la película "El silencio de los corderos", mi película favorita. Y, en su parte final, nos impresiona, "emociona", con una entrevista modelo en entre Hannibal y Clarice que tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa.

Clarice pretende recoger el conocimiento sobre los asesinos múltiples de un Hannibal Lecter enjaulado. Y como método de investigación, le propone

"… Primeros principios, Clarice. Simplicidad. Lea a Marco Aurelio. De cada cosa pregúntese qué es en sí misma, cuál es su naturaleza. ¿Qué es lo que hace el hombre al que están buscando?"

Por un lado, en esta entrevista modélica, Hannibal nos alecciona sobre la investigación, sobre los criterios de pertinencia y parsimonia que deben regirla.

Por otro lado, nos propone un interesante axioma"Simplicidad, simplicidad, simplicidad" del que tenemos mucho que aprender en el ámbito de la IE. También en el discurso: porque tenemos la manía de complicar el lenguaje, de "psicologizar" los acontecimientos en el sentido de "utilizar el lenguaje de la ciencia del comportamiento" para describir hechos cotidianos a personas que desconocen estas claves…, a trasladar a las empresas "nuestras reflexiones, nuestros debates" en definitiva, nuestras obsesiones, convencidos de que interesan a todo el mundo. De modo y manera que conseguimos "despistar" y que nadie entienda lo que decimos.

Con esta actitud lejos de atraer el interés, lejos de granjearnos el respeto, lejos de convencer de las oportunidades de la IE, acabamos apuntalando muros, construyendo diques, reforzando obstáculos a su extensión. Tanto en las personas como en las empresas.

Pretendemos introducir a la gente en la espiral del "constructo", en su interpretación, en el conocimiento de las neurociencias, en la importancia de la amígdala para las emociones, de las neuronas espejo para desarrollar la empatía,… Discurso que sólo nos entienden quienes ya conocen y están convencidos de la utilidad de la IE. En definitiva, sólo convencemos a los creyentes, con nuestra erudición.

¿Y qué ocurre? Pues que de la misma manera que entender el mensaje es clave para cumplir con las prescripciones médicas, no entender el mensaje es un factor de primer orden para crear resistencias, prejuicios y "estereotipos".

Y, en el ámbito empresarial, estoy convencido de que las posibilidades de implantar la inteligencia emocional, serán inversamente proporcionales al uso de este discurso.

O dicho de otra manera: cuanto más suene a "psicología" cuanto más a "lenguaje académico y a disciplina universitaria" suene nuestro discurso, mayor número de obstáculos nos encontraremos en la sensibilización, mayores resistencias a su implantación, mayores dificultades en su desarrollo.

Por esta -entre otras razones- estoy convencido de la necesidad de traducir el constructo y de la necesidad de dedicar gran parte de nuestro esfuerzos a la didáctica, a la agitación y propaganda, a informar y sensibilizar de otra manera, con una clara orientación al cliente, adaptando nuestro discurso y nuestro método a sus necesidades e intereses, también a su lenguaje.

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