La innovación en la gestión del Capital Humano y la empresa emocionalmente inteligente

Las personas en las organizaciones vuelcan sus conocimientos, habilidades, motivaciones y emociones. Conformando así el capital humano, fundamental para el éxito de la organización. Y, lo que es más interesante, consiguiendo desarrollos y crecimientos personales.
Desde hace ya un tiempo, sabemos que podemos y debemos gestionar esos recursos que las personas tenemos, como no puede ser de otra manera, llevamos con nosotros a nuestros puestos de trabajo. La cuestión es si sabemos "cómo" gestionarlos, si tenemos la "herramienta" y sabemos utilizarla eficientemente.
Parece que algunos de esos recursos ya se están gestionando como práctica habitual en nuestras empresas, con mayor o menor éxito, pero siempre con prudencia de manera organizada y estratégica de mejora. Así, por ejemplo, mediante planes de capacitación desarrollamos los conocimientos y habilidades de las personas que conforman las organizaciones.
Sin embargo, en lo que se refiere a motivaciones y especialmente, a emociones, parece que queda mucho camino por recorrer. Ahí se sitúa la innovación en la gestión de las personas, ahí debemos situar la inteligencia emocional como instrumento de mejora en la gestión de personas en las organizaciones. Pienso que para innovar no tenemos que desarrollar técnicas o instrumentos nuevos, bastara con reconocer, movilizar y optimizar el conocimiento creativo que ya existe en los trabajadores y en las empresas, me refiero a la inteligencia emocional.
Ahora bien, capacidad de innovar requiere cambios importantes, cambios de mentalidades, de hábitos y costumbres, de estructuras, de acciones, en definitiva. La aventura se me antoja, cuanto menos, laboriosa, ya que ante la necesidad y/o posibilidad de realizar cambios se suelen generar emociones que pueden llevar a la equivocación, como es el miedo. Es necesario afrontar esos miedos y no dejarnos llevar por ellos, podemos hacerlo entendiendo esta transformación como una tarea ilusionante y apasionante. Este es el reto que tenemos y que yo asumo empezando por afrontar mis propios miedos.
¿Usted qué opina?
Tags: capital humano, conocimiento, desarrollo, empresa, empresas, gestión, Innovación, inteligencia, inteligencia emocional, organizaciones, persona, personas, prudencia










Sindicación

2008-02-02 a las 3.46 am
El planteamiento es atractivo, eso es indudable. A todos nos gustaría pensar en equipos autogestionados, polivalentes, que tengan capacidad de trabajar las emociones propias y ajenas en provecho de una misión común. Pero me da la sensación de que la realidad nos aboca a una realidad bastante más desilusionante. Me explico,
lo atractivo del desarrollo de la inteligencia emocional es que es potencialmente interesantísimo, pero en la realidad acaba por no funcionar en la mayoría de los casos, porque al final, cada uno de nosotros es de su padre y de su madre y nos cuesta enormemente cambiar nuestras formas de pensar, actuar o sentir. Si a ello le añadimos la intención de no desarrollar herramientas o instrumentos específicos para su implantación, me parecería un milagro que algo surgiera de forma casi autónoma. No digo que no sea posible, pero conozco muchos casos en donde se incumplen hasta las más elementales planificaciones, como para abordar un proyecto de este calado.
Como bien dices, es necesario un cambio en la mentalidad individual y colectiva, (no sólo del grupo, hasta la cultura de un país es capaz de poner frenos o apoyar con palancas proyectos de este tipo, cualquiera de nosotros se imagina que en un país nórdico es aparentemente más fácil manejar un proyecto así que en uno mediterráneo, obviemos nombres, más individualista, pendiente de aparentar, celoso de su conocimiento y receloso del ajeno) para abordar un proyecto de esta envergadura.
Y es que la realidad es muy tozuda y por cada persona que es capaz de pensar por sí sola (y cuando hablo de pensar me quiero referir a inteligencia emocional en su acepción más amplia) hay una parte bastante mayor, que no sabría cuantificar, que se obstina con indudable empeño en demostrar que se pueden hacer las cosas de cualquier manera, a poder ser la más rápida o la que menos trabajo conlleve, independientemente del resultado que ello vaya a proporcionar a medio o largo plazo y así nos va.
Y si lo expuesto parece miedo a afrontar los cambios que supondría. confirmo que para nada. Estaré totalmente abierto a este tipo de experiencias tan interesantes a nivel teórico, por el sólo hecho de superar el reto, a sabiendas de que la realidad es muy, pero que muy testadura.
2008-02-02 a las 11.43 am
Uf, acabo de leerlo y creo que ando un poco negativo, no?
2008-02-02 a las 12.39 pm
Ritxi, desde ese espiritu crítico, que no negativo, desde mi punto de vista, esta hecha mi reflexión. Esa ‘realidad tozuda’ que tu dibujas es desgraciadamente la que nos encontramos, experimentamos, escuchamos, vemos, en cuanto nos acercamos un poquito a la ‘realidad organizacional’, de acuerdo. ¿Podemos modificar de alguna manera esa ‘realidad’?, SI, cada uno desde nuestra parcela de contribución, sin excusas, y sí con todo el poderio que tenemos como seres humanos ‘emocionalmente inteligentes’. Enhorabuena, Ritxi, por subirte al carro de este reto que no nos defraudara, seguro.
2008-02-04 a las 6.32 pm
En este punto estoy de acuerdo con Ritxi, siendo algo bien intencionado y un logro a perseguir, no creo que alcanzar esa meta en este pais sea algo sencillo en un futuro a medio plazo. Esos cambios que Mari Luz propone, sobretodo los referidos a costumbres y hábitos de trabajo, me parecen muy lejanos, ya que a la mayoria de los trabajadores nos/les va bien haciendo su trabajo sin más, es decir haciendo lo justito sin involucrarse emocionalmente y sin dar ese paso ‘ilusionante y apasionante’ que propugna Mari Luz.
De todas formas dejemos abierta una puerta a la esperanza.