Innovación Empresarial e Inteligencia Emocional

Hay un pensamiento de Unamuno en el libro "Ecología emocional" que me ha gustado. Dice que cada vez desconfía más de la cuestión social, política… y que cada día está más convencido de que la única cuestión realmente importante es la cuestión humana y que, el resto de cuestiones nos hacen desviarnos de esta cuestión crucial; por lo que, mientras no se encare la cuestión humana, no resolveremos los problemas.
Parafraseando a Unamuno, podríamos decir que, en el campo de la innovación empresarial, aun siendo decisivos aspectos como la innovación en la tecnología, modos de producción, productos, procesos, sistemas de organización… la clave está en incidir en la cuestión humana, incidir en las personas.
Innovar es un problema en el buen sentido de la palabra, es decir, una situación que, si la resuelvo adecuadamente, me ayuda a mejorar, a cambiar, a adaptarme con éxito.
Para resolver el problema de la innovación es necesaria la creatividad, el pensamiento lateral: ver las cosas de otra manera y con otros ojos, superar constantemente los modelos estables (creencias, prejuicios, formas de pensar, hacer y actuar, sistemas, productos…). Así pues, hay que despertar el potencial creativo de todas las personas de una empresa u organización y aprovechar los conocimientos explícitos o implícitos (experiencia acumulada, ideas, ocurrencias, sugerencias… ) y ofrecer cauces de participación.
Pero la base de la inteligencia lateral o creatividad es la inteligencia emocional, ya que la predisposición emocional ante un problema condiciona (o determina) su resolución. Sólo desarrollando la autoconfianza, la autonomía, la curiosidad, la ilusión por aprender y cambiar, el pensamiento positivo, la autoestima, la automotivación, el comportamiento prosocial y colaborador… de las personas que trabajan en la empresa, podemos desarrollar la creatividad. El desarrollo de las competencias y habilidades emocionales son el trampolín de la creatividad y la innovación.
Pero esas competencias emocionales, además de facilitar a las personas para que sean más creativas e innovadoras, también las hacen mejores en el sentido humano y ético del término, ya que la innovación y la creatividad deben satisfacer las necesidades empresariales, pero en sintonía con las necesidades cada vez más globales y apremiantes de la especie humana: paz, salud, justicia, igualdad, libertad, equilibrio ecológico. Y sólo desde las emociones positivas como el respeto, el amor, la solidaridad… podemos hacer compatibles el desarrollo económico y empresarial y el desarrollo ético y humano.
Aunque, paradójicamente, esas emociones positivas no son nada innovadoras, son como agua nueva de una fuente ya muy vieja….
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