¿Importa el tamaño a la hora de innovar?

Innovación

Al menos en lo que respecta a las nuevas empresas, el tamaño ha dejado de ser una cuestión fundamental para innovar. Básicamente, cada vez más encontramos un mayor número de pequeñas nuevas empresas con un comportamiento innovador que antes sólo estaba reservado para las grandes empresas consolidadas.

La innovación surge del cambio tecnológico, que a su vez depende del esfuerzo en I+D. Por lo tanto, éste ha sido, desde siempre, uno de los principales medios utilizados por las empresas para generar resultados de innovación. Sin embargo, para poder desarrollar actividades de I+D, las empresas normalmente necesitan conseguir cierto volumen, con el fin de lograr economías de escala que permitan amortizar las grandes inversiones que requieren dichas actividades. Aún así, las nuevas (y casi siempre pequeñas) empresas también innovan. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Estamos en una época en la que las empresas cada vez más se centran en sus actividades principales (core activities), es decir, aquellas actividades en las que son capaces de proporcionar más valor. Es precisamente esto lo que hacen las nuevas empresas innovadoras: centrarse en la comercialización de la innovación, pero no en la inversión en I+D. No quiero decir con esto que el esfuerzo en I+D no sea una actividad primordial, pero, sin duda alguna, existen medios y proveedores de tecnología capaces de cubrir las necesidades de desarrollo tecnológico que tienen las nuevas empresas, sin que éstas tengan que realizar ninguna inversión en I+D.

En vez de tener sus propio laboratorios de I+D, las nuevas empresas en general, y el emprendedor en particular, pueden aprovechar el I+D de otros. Me refiero a las universidades y centros de investigación, cuyo principal objetivo no consiste en explotar comercialmente el conocimiento generado (cosa que ya hacen los emprendedores a la hora de crear un negocio), sino en crear tecnología. En este sentido, la relación Universidad-Empresa no sólo es fundamental para las grandes empresas consolidadas, sino también para la creación de nuevas empresas innovadoras. De hecho, en éste último caso existe un enorme potencial, puesto que la actividad emprendedora facilita la comercialización de innovaciones radicales que de otra manera no se comercializarían.

Las innovaciones radicales de producto generadas a partir del gasto en I+D realizado por universidades y centros de investigación, no tienen asegurado un mercado lo suficientemente grande para que las empresas de cierta envergadura apuesten por ellas. En realidad, las grandes empresas aprovechan su volumen para desarrollar economías de escala; por lo tanto, su mayor interés a la hora de invertir en I+D está centrado en la innovación de procesos. Este tipo de innovación mejora la eficiencia logrando que las grandes empresas reduzcan sus costes, o lo que es igual, consigan más beneficio por unidad producida.

Por el contrario, los emprendedores, con sus pequeñas empresas recien creadas, tienen flexibilidad para introducir en el mercado nuevos productos que pueden llegar a sustituir otros ya existentes. Esto es, sin necesidad de alcanzar grandes cuotas de mercado, son capaces de comercializar innovaciones radicales. De ahí que Schumpeter hablara de destrucción creativa cuando se refería a ellos.

Por tanto, la limitación actual a la que se enfrentan las nuevas empresas innovadoras no tiene que ver con la capacidad para desarrollar innovaciones tecnológicas, sino más bien con la transferencia tecnológica. Falta mejorar los programas de transferencia tecnológica para que los emprendedores puedan transformar el conocimiento en innovaciones comercialmente aplicables. Sin embargo, si Mahoma no va a la montaña (si los programas de transferencia tecnológica no llegan hasta los emprendedores), la montaña va a Mahoma (los emprendedores deberían interesarse más por los dichos programas). De ahí que mi intención hoy sea animar a las pequeñas nuevas empresas y sus emprendedores a que busquen oportunidades de innovación, u oportunidades de negocio, a partir el conocimiento existente en centros de investigación y universidades.

En definitiva, ¿aún hay alguien que crea que el tamaño de la empresa importa a la hora de innovar?. Obviamente, una vez que la empresa empieza a ser innovadora, lo más natural es que ésta crezca como consecuencia de su rendimiento y éxito. No obstante, para empezar a innovar basta con ser pequeño y aprovechar el esfuerzo I+D de otros.

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