¿Cómo me afecta a mí la crisis?

La crisis se ha convertido en conversación habitual de café, reuniones e incluso de ascensor. Todos hablamos sobre la crisis pero, en mi opinión, lo importante es que cada uno reflexione sobre cómo le afecta y qué puede hacer ante la misma. Todos debemos aprender de esta crisis, y algunos más que otros.Muchos jóvenes no han vivido ninguna crisis importante, son los jóvenes de la opulencia, los que han crecido sin ninguna necesidad y con muchos deseos y caprichos que hasta ahora han visto satisfechos sin mayor problema, o al menos eso parecía. Mis hijos (8 y 10 años), y creo que los de muchos, han crecido pensando que las tarjetas de crédito eran una especie de artilugio mágico que no tenía límite y cuyo origen era misterioso. Y no sirve de mucho hablarles de la importancia del trabajo, de lo que cuesta ganar honradamente el dinero, y de lo importante que es administrarlo bien. No les ha faltado de nada. No han vivido en sus carnes la estrechez y la carencia, aunque se les haya intentado educar de forma austera.
Además, se empiezan a oír historias que a mí me sobrecogen. Padres y madres que se han pasado toda su vida trabajando, sacrificándose y ahorrando para que sus hijos e hijas tengan una vida mejor que la suya, ahora se ven ahogados porque tienen que ayudarles a hacer frente a deudas insostenibles, hipotecas o créditos personales que no pueden pagar. Parece que hemos olvidado un principio que ha sido el que ha hecho posible el progreso, el que ha contribuido a que podamos vivir mejor que nuestros mayores. No vivir por encima de las propias posibilidades y guardar para el futuro, recordemos la fábula clásica de la Hormiga y la Cigarra (se puede ver la versión clásica junto con una de la España actual que podría ser un ejemplo de los despropósitos que hoy podemos encontrar en nuestra sociedad y que nos aboca a escenarios peores).
Coincido plenamente con la tesis del catedrático de la Universidad de Deusto, experto en valores, Javier Elzo (2004, "La educación del futuro y los valores", cuando señala que: "la gran mayoría de los actuales adolescentes, los que provienen de la gran clase media que conforma la mayoría de la sociedad actual, han crecido en una infancia dulce, sobreprotegida, con más recursos materiales que adolescencia y juventud alguna hayan tenido en la historia de nuestra sociedad, al mismo tiempo que nadie les ha hablado y educado en la importancia del sacrificio para la obtención de fines, en la abnegación, en el esfuerzo; en una palabra, en la autorresponsabilidad". Uno de los valores más necesarios en todos los ámbitos de la vida es la responsabilidad. Uno es responsable de lo que busca y desea, de aquello que le mueve a la acción, y más si tiene posibilidad de llevarlo a cabo. Hay una máxima que dice "a mayor poder, mayor responsabilidad". Además se es responsable de las acciones realizadas en libertad, somos responsables de lo que hacemos y en ocasiones de lo que dejamos de hacer. Y, por último, se es responsable de las consecuencias previsibles de las propias acciones. Cuidamos mucho de nuestros hijas e hijos, satisfacemos sus necesidades y deseos, pero fallamos en educarles en la responsabilidad. Y así nos va.
En el mismo artículo Javier Elzo presenta una serie de valores, unos finalistas y otros instrumentales, unos sociales y otros personales, que se deberían implementar y transmitir a través de la educación (formal, no formal e informal) y que contribuirían a desarrollar la tan necesaria responsabilidad. Paso a comentar dichos valores:
- La racionalidad, fundamental en la toma de decisiones, entendida como más diálogo, más contraste de informaciones, menos opiniones, menos declaraciones infundadas.
- La competencia personal, la permanente búsqueda de adecuación entre el perfil personal y la misión que se realiza, el saber hacerse preguntas y ser capaz de encontrar respuestas racional y éticamente defendibles.
- La tolerancia activa, la actitud de comprensión (según la RAE "2. Facultad, capacidad o perspicacia para entender y penetrar las cosas") del distinto y de lo distinto desde dentro, desde el conocimiento profundo de la posición del otro.
- La solidaridad, que es el paso siguiente a la tolerancia activa, es la superación del individualismo y el autismo social que nos hace enrocarnos en la posición de meros sujetos de derechos.
- La espiritualidad, la apertura a la gran complejidad de la vida y a las preguntas que suscita, entendiendo que las respuestas son secundarias si se acepta la pertinencia de las preguntas, el respeto a las distintas respuestas y el carácter absoluto de la dignidad de todas las personas.
- La utopía por una sociedad mejor, que es consecuencia y síntesis de los valores anteriores, y que presupone ser consciente del camino a recorrer y de los esfuerzos que hay que hacer para conseguirlo, sin por ello perder la esperanza.
Sobre estos valores se puede construir un proyecto personal a prueba de crisis y, sin duda, son la base para una sociedad mejor cimentada en la responsabilidad.
¿Y tú? ¿Eres hormiga o cigarra? ¿Eres autorresponsable? ¿Estás aprendiendo algo de la crisis?
Tags: ética, competencia, complejidad, conocimiento, crisis, decisiones, educación, España, persona, personas, RS, RSE, sociedad, toma de decisiones, Trabajo, Universidad de Deusto, valores










Sindicación

2009-04-01 a las 4.01 pm
Muy interesante y de verdad que me ha gustado
2009-06-09 a las 5.25 pm
Es curioso esto de la crisis, pues afecta de muy diversas formas.
Te invito a leer un artículo que explica porque desde que hay crisis es imposible conseguir una entrada para un concierto o sitio en un restaurante:
http://www.terceraopinion.net/2009/06/07/cuando-aun-no-habia-crisis/
Un saludo.