Histórico de May, 2009
Friday, May 29th, 2009, por Yovanni Castro Nieto
La celeridad con que se está moviendo el mundo actualmente muestra que la empresa cada día tiene que ser más flexible con su capital humano. Tamara Erickson, Marilyn Moats Kennedy y Stanton Smith, de Deloitte afirman que" los valores, los intereses y las actitudes diferentes conviven hoy en la empresa con cuatro generaciones". Lograr que las personas añadan sus talentos, la eficacia y aporten lo mejor de cada una, es clave para lograr sobrevivir y convivir actualmente en la organización.
Los especialistas afirman que actualmente existen cuatro grupos generacionales conviviendo al mismo tiempo en la mayoría de las organizaciones: la Generación Tradicional o "Silent", que corresponde a los mayores de 60 años, los "Baby Boomers", que tienen entre 45 y 60; los profesionales X, de 28 a 44, y la Generación Y, integrada por los menores de 28 años.
Prahalad y Krishnan sostienen que para agregar valor en un mundo horizontal, las empresas también deben desarrollar estrategias de innovación altamente flexibles que evalúen el presente y proyecten el valor apreciado que tiene el futuro. Y para ello, deben asociarse y realizar acuerdos de colaboración con verdaderas redes globales de socios, proveedores y consumidores, respetando valores y actitudes de la fuerza multigenearcional, logrando que las capacidades para crear e innovar de los cuatro grupos de generaciones sean consideradas como fortaleza estratégica de convivencia.
En la actualidad, los espacios de trabajo deben ser más comunes, donde las distintas generaciones puedan interactuar y expresar sus iniciativas y su diversidad manteniendo los tonos de discusión, el respeto mutuo y la tolerancia. Estos espacios pueden servir para que fluya la capacidad creativa e innovadora y se conjugue con las capacidades y experiencias que los ciclos de vida y crecimiento de las empresas han desarrollado en el tiempo al igual que se han desarrollado los ciclos de vida de los trabajadores.
Cada grupo de trabajo tiene sus particularidades, modos de ver la vida y expectativas, por eso no es posible que todos compartan las mismas inquietudes o necesidades. En general la armonía no se logra a través de la imposición de valores sino a partir de la aceptación de diferentes valores.
Opina Andy Freire que "El principal problema es cuando se genera un contexto de arrogancia donde cada generación cree que su manera de ver el mundo es la forma en la que el mundo es en lugar de generar la curiosidad por aprender de otra generación y buscar espacios comunes".
Una buena relación de trabajo en grupo depende de políticas, procesos de conciliación y de comunicación transparentes lo cual dependerá en gran medida del líder y su rol es dirigir y coordinar con prudencia, buscando un clima de armonía entre las personas, estimándolos a todos por igual y fundándoles confianza al haceles saber que deben convivir gran parte de sus días en relaciones laboral.
Por otra parte, cuando existen personas de distintas edades es necesario que las políticas referente al manejo del capital humano generen planes de carrera profesional, que influyan en las capacitaciones y competencias y que compensen las aptitudes y actitudes desarrolladas por los trabajadores.
Opina Sebastián Sasson que "Las generaciones mayores aportan principalmente conocimiento, experiencia, madurez y estabilidad. También son un pilar muy importante para poder afrontar los problemas que puedan surgir, pudiéndose adaptar a los cambios con rapidez. Y los jóvenes aportan creatividad, nuevas ideas, empuje y también conocimientos, dándole de esta forma dinamismo a la empresa".
El "conflicto" entre generaciones, es una situación que en ocasiones se presenta dentro de una misma familia, donde es difícil poner de acuerdo a los perfiles de cuatro generaciones, de esta manera valdría la pena hacernos la siguiente pregunta: ¿qué pasa dentro de las organizaciones?
Los presidentes y gerentes de empresas, vienen reconociendo que el café para todos a una hora determinada hace tiempo que dejó de funcionar y se pone de moda un modelo de liderazgo más flexible, con entornos laborables comunes donde cada generación pueda trabajar de forma eficiente con objetivos, metas y misiones definidos, reconocidos y compartidos como un todo. Surge una segunda interrogante: ¿Este tipo de gestión está dando mejores resultados?
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Wednesday, May 27th, 2009, por Francisco Javier Bárez Cambronero
Las personas somos animales sociales y hay quien dice haber visto algún espécimen "racional". Como personas tenemos la necesidad vital de comunicarnos, y una de las formas más utilizadas en esta era nuestra, sobremanera en el mundo laboral, es a través de las reuniones.En nuestras organizaciones la reunión no sólo se convierte, en muchas ocasiones en la mejor forma de atender algunas necesidades (comunicación, información, resolución de conflictos y problemas, fomentar el espíritu de equipo, presentar nuevos proyectos, definir criterios, etc..), ella misma es una necesidad profundamente sentida.
Existen diversas modalidades y variados motivos para llevarlas a cabo. Si no se celebrasen reuniones en los lugares de trabajo, el sentido de pertenencia de las personas a las organizaciones sería muy pequeño.
La reunión, no es sólo una importante herramienta de trabajo, es la forma física de representación del trabajo en equipo y cumple con unas funciones fundamentales; define al propio equipo, es el lugar de encuentro donde se revisan, actualizan y desarrollan los conocimientos del equipo. Sirve de ayuda para comprender los objetivos del equipo y de la organización, se genera compromiso con las decisiones que se toman en ellas, y también un momento de desarrollo de creatividad individual y de equipo. Son un entorno donde afloran, perciben y comparten, las emociones, individuales y de equipo.
Pero es aquí, en el transcurso de las reuniones donde se ve al líder que guía a un equipo. Donde queda al descubierto su estilo de liderazgo y su habilidad y capacitación en la dirección de reuniones. En muchas ocasiones de él depende que éstas sean estimulantes, entusiastas, participativas, creativas, dinámicas, asertivas. ¡Emocionantes! De él y de su habilidad emocional depende que todas las personas participen, que se trabaje con respeto y en libertad, y por tanto uno de los aspectos más importantes que deben tener muy presentes los líderes en las reuniones, es el aspecto emocional.
Ya en la convocatoria de las mismas ha de generar emoción positiva, un clima emocional que atraiga al resto a sabiendas que disfrutarán de momentos creativos.
Ahora bien, la responsabilidad de la reunión no recaerá sobre una persona, sobre el líder carismático, sino más bien éste apoyándose en su Inteligencia Emocional "guiará, facilitará" reuniones más participativas y de gran comunicación que haga que las reuniones, "momentos" de trabajo colectivo, tiendan a multiplicarse y extenderse.
Esta visión da la responsabilidad compartida entre todos los miembros de la reunión favorecerá un alto grado de participación, libertad, confianza, comunicación. Será mucho más productiva con un mayor aprovechamiento del tiempo. Desde luego, conducir una reunión productiva no sólo depende de unas normas y reglas, sino de ejercitar el conocimiento tácito.
Los nuevos modelos de gestión orientados al cambio organizacional y la innovación, asumen que las competencias socio-emocionales son la piedra angular de las organizaciones futuras, ¿y de las presentes?, ¿En qué tipos de reuniones participan?
¿Usted qué opina?
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Monday, May 25th, 2009, por José Luis Orella Unzué
Los períodos económicos que ha tocado vivir a nuestra generación están encuadrados en el Socialismo comunista y el Capitalismo neoliberal que propugna una libertad extrema de mercado. El neoliberalismo instaurado por la dama de hierro Margaret Thatcher alentaba la iniciativa privada, la privatización de los bienes estatales y la demolición de las cuotas fiscales. El ideólogo del neoliberalismo Milton Friedman abogaba por las desgravaciones fiscales, los incentivos monetarios y la relajación de los controles. La aplicación de estas normas ha llevado al capitalismo a la desregularización y a los abusos financieros. Y con estos elementos en marcha se ha arribado a la profunda recesión y a la crisis económica en el que nos encontramos.
La solución ante el desastre al que nos ha llevado el neoliberalismo está clara, no es volver de nuevo al socialismo ni a un capitalismo neoliberal remozado.
Sin embargo las medidas tomadas hasta el momento para afrontar la crisis financiera y económica van en una disimulada renovación del neoliberalismo. Algunas de estas medidas son las siguientes: el lavado de cara de los bancos, la elevación de las cuotas fiscales, la profusión del papel moneda y las nacionalizaciones. John M. Scott apunta en la línea de una renovación del neoliberalismo con la vuelta a las bases del negocio bancario, el reconocimiento de las pérdidas, la introducción de los diversos plantes de rescate, la consolidación del sector y la configuración de un nuevo marco regulatorio. En esta vía de renovación del neoliberalismo en la que coinciden muchos actores políticos, vemos lo que está pasando en Europa ahora mismo: Las medidas tomadas hasta ahora como la rebaja de los tipos de interés, el aumento del gasto público, las ayudas a los bancos, la impresión de un dinero fresco en cantidades industriales, la rebaja de los precios hasta llegar a la deflación, la normalización del sistema bancario, la estabilidad crediticia, la compra de cédulas hipotecarias hasta el monto de los 60.000 millones de Euros por parte del B.C.E., la mejora de la financiación de los bancos, las medidas puntuales de apoyo a la burbuja de la construcción y del automóvil para reactivar sus respectivas economías y la reducción del pluriempleo de los consejeros de las grandes compañías.
Se cree que con estas medidas se puede disminuir el aspecto social de la crisis, es decir, la caída de afiliaciones a la Seguridad Social, el aumento del paro, la exigencia de la movilidad social y cambio de residencia, el abaratamiento del despido y los contratos temporales.
Más aún, esta renovación globalizada pretende justificar la conservación de la misma ética social global que ha circulado hasta el momento de la crisis, la cual potencia la faceta consumidora de los ciudadanos buscando como norte de la vida únicamente el placer y el vivir el momento, es decir, el clásico "carpe diem".
Esta búsqueda y recambio de estructuras económicas implica una renovación de los líderes. El nacimiento de nuevos líderes sociales tras una transformación interna personal y que en lo exterior exige un nuevo equilibrio ético y moral entre la producción y el consumo.
Estos nuevos líderes plantearán estructuralmente la implantación de una economía social de mercado que sea sostenible con la ecología y con la pobreza mundial. Es decir, una economía de libre mercado pero con un firme cuadro legal no nacional, no europeo, sino global y mundial de gobernanza, que regule la empresa privada, la cual deberá contar con un liderazgo social en el que confluyan para el corto y medio plazo los intereses de los accionistas y los afectados y la sostenibilidad ecológica y ética ante la pobreza mundial.
Para eso se necesitará establecer reglas claras de control a los bancos, a las recalificaciones de los entornos por parte de los entes públicos y al endeudamiento de los particulares. Tendrán que organizar la empresa en vista al beneficio compartido, al estilo de las buenas cooperativas, de modo que los trabajadores vean la empresa como cosa suya porque genera riqueza material, trabajo y valores. El objetivo de estos nuevos líderes será crear y desarrollar empresas en las que sus valores meta sean la responsabilidad social, la transparencia y la confianza.
Algunas empresas vienen presentado un balance de Responsabilidad Social Empresarial en sus memorias anuales que no basta para el recambio de estructuras. Es necesaria una transformación social ciudadana. En este plano, cada ciudadano tendrá que aprender de la crisis sufrida y en consecuencia reequilibrar la doble vida como productor y como consumidor. Max Weber en su ya conocido trabajo sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo exigía que los ciudadanos se rigiesen por valores como el esfuerzo, la puntualidad, la disciplina y la voluntad de aceptar una gratificación aplazada. A este esfuerzo de regeneración, la ética personal de la economía social de mercado exige que no sea ideal cotidiano el lema del "carpe diem" sin una visión ecológica, de que los bienes son escasos y de que una gran parte de la población mundial vive sumida en la pobreza absoluta material, cultural y ahora virtual.
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Friday, May 22nd, 2009, por Arantza Echaniz Barrondo

Escribo esta líneas porque he sido testigo mudo de una situación que creo encierra una injusticia y no he hecho nada ante la misma. Situación: sábado por la tarde, 18.00, en la cola del supermercado con mi hijo de 10 años. Delante de nosotros estaban una pareja de rumanos que llevaban un paquete gigante de pipas. Cuando han ido a pagar, 87 céntimos, lo han querido hacer con monedas de 1, 2 y 5 céntimos, sobre todo las dos primeras. La cajera se ha puesto muy dura y no les ha dejado pagar con esas monedas. Ha estado dos o tres minutos repitiéndoles frases como: "Sabéis que no se puede pagar con monedas tan pequeñas", "Id al banco a que os las cambien", "Os lo hemos dicho muchas veces", "Ahora no hay cola, pero yo no puedo ponerme a contarlas", etc. Además, lo hacía en un tono muy alto. Ellos muy educados y sin alzar la voz ni perder los nervios le decían: "Es dinero, ¿no?". Al final la mujer ha sacado una moneda de un euro y ha pagado diciendo: "¿Esto sí es dinero y lo otro no? ¿No sabes contar?", a lo que la cajera ha respondido: "Y tú no sabes ir al banco". Cuando se han marchado me ha empezado a pedir disculpas, y a decir algunas cosas en alto como si quisiera que las demás cajeras y el resto de la clientela le oyeran. Yo no he dicho nada ni tampoco le he mirado porque, lejos de sentir simpatía hacia ella, lo que estaba era indignada.
Ya en casa hemos comentado la situación en familia. El hijo que había presenciado la situación decía: "Igual es una norma del supermercado…". Mi marido comentaba que era perfectamente legal, que deben aceptar el dinero que les den aunque sean monedas pequeñas, y recordaba el caso de Ruiz Mateos cuando pagó una multa de forma similar. Al intentar buscar esa noticia me he encontrado con una parecida y más cercana en el tiempo (julio de 2008). Un ciudadano belga decidió pagar su factura de la luz con 215 kilos de monedas de un céntimo para protestar por la subida de los precios de la energía en los países europeos. Noticias como estas despiertan la solidaridad y la simpatía y aparecen en numerosos medios. Sin embargo, nadie hemos hecho ni dicho nada en el supermercado.
A mí me venían pensamientos y sentimientos contradictorios. Por un lado me ponía en el lugar de la cajera, trabajando un sábado por la tarde, encontrándose con numerosas situaciones desagradables y teniendo que, supuestamente, cumplir una norma que su superior le había dado. Por otro lado veía completamente injustificado el tono y la actitud que tenía. Hubiera tardado menos en contar las monedas que lo que ha tardado en cobrarles. Me surgía la duda de si, en parte, la actitud se debería a que eran extranjeros ¿Si mi hijo o yo le hubiéramos dado monedas pequeñas se habría comportado igual? Además era a todas luces ilegal e injusto lo que estaba haciendo, pero sabía que esas personas nunca llamarían a los municipales porque podría ser perjudicial para ellos ¿No es eso un abuso de poder? He estado dudando si cambiarle yo algunas monedas o decir algo, pero ha podido el argumento de: "¿Para qué meterte en líos? Tienes que volver muchas veces a este supermercado".
Sin embargo, he decidido que la próxima vez, de forma educada diré que legalmente deben aceptar ese dinero. Lo haré porque no me gusta colaborar, aunque sea con mi silencio, ante una injusticia y porque quiero educar a mis hijos en la responsabilidad y la sensibilidad. Y lo haré también por solidaridad con la parte más débil.
¿Y usted qué haría?
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Wednesday, May 20th, 2009, por Arantza Zubiaurre Goena
A pesar de que Ben Bernanke ve "brotes verdes" y el presidente Barack Obama ve "rayos de esperanza", un determinado número de analistas se muestras todavía cautos y algunos incluso nos alertan a cerca de que aún está por llegar lo peor. Y en este contexto de obligada austeridad para la sociedad, las empresas afrontan la situación con medidas de recorte de gasto y los presupuestos para innovación no son una excepción. Sin embargo, la lucha por mantenerse en los mercados hace que ahora más que nunca tome fuerza la máxima de Gary Hamel "no trates de ser mejor que tu competidor, trata de ser diferente".Las empresas, a pesar de las presiones del día a día provocadas por las caídas de la demanda, deberían intentar pensar más allá del presente y explorar las posibilidades que abren las nuevas tecnologías o tal vez inventar nuevas maneras de hacer las mismas cosas para afianzarse en la lucha por mantener e incrementar sus ventajas competitivas.
En estos tiempos en que tanto se valoran las buenas ideas ¿por qué hay tantas empresas que se olvidan de la capacidad creativa de sus empleados?. Algunas organizaciones, muchas veces construidas en función de las jerarquías de poder, relegan la innovación a los departamentos de I+D o desarrollo de producto y se olvidan de desarrollar el músculo más imaginativo y esa fuerza, que porque no, tal vez sea capaz de ver la solución a sus problemas sin necesidad de invertir grandes presupuestos. Muchas veces bastaría con invitar a los empleados, no sólo la dirección, se comprometiera en los procesos de búsqueda de vías de crecimiento. En otras palabras, los ejecutivos siguen buscando en las fuentes tradicionales, pero bastantes casos de éxito sugieren que la génesis de nuevas soluciones hay que buscarlas en recursos fácilmente accesibles como el "brain storming".
Un empresario cooperativista de éxito del sector del "packaging" nos describía no hace mucho tiempo como habían creado un foro en el que además de expertos externos provenientes del mundo de la tecnología y la universidad se daba voz a sus propios empleados con el fin de identificar proyectos rupturistas en el mercado que más tarde eran valorados por votación en función de la oportunidad innovadora, del riesgo y el costo.
Pero si la evidencia incide en la ventaja competitiva que puede significar un empleado comprometido en su rol de dinamizador del proceso innovador, del mismo modo la evidencia nos manda señales claras de la necesidad de mantener la motivación en el empleado. Si se quiere recoger, primero hay que sembrar y la cultura organizacional ha de activar todas las palancas de gestión para explotar las capacidades individuales y colectivas. Los procesos de participación no pueden improvisarse. Un empleado desmotivado, ajeno a los proyectos a futuro o desenfocado de las necesidades de resultados raramente entrará en el juego de compartir conocimiento o del esfuerzo por seguir con ilusión los procesos de formación en competencias que se adelanten a las exigencias del mercado.
Pensemos en las forma en que interactuamos en nuestras organizaciones: ¿nos sentimos motivados para compartir nuestras ideas? ¿tenemos miedo al qué pensarán de nosotros?
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Monday, May 18th, 2009, por Carmen Cecilia Ochoa Arellano
Con la primera revolución industrial (año 1.750 al 1.840) hubo una gran influencia en la transferencia de información. Este período se caracterizó por el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a los medios de producción, contó con un amplio uso de la información, aplicando y desarrollando el conocimiento ya existente.
Luego, la época contemporánea (desde el año 1.789 al 2.009) ha estado enmarcada también en momentos críticos, sucesos que han tenido una gran influencia en la comunicación de la información.
Entre estos sucesos se encuentra la segunda revolución industrial (año 1.980 al 1.914) que a partir del año 1.850 marcó el comienzo del desarrollo de las tecnologías de la comunicación, con la difusión del telégrafo y la invención del teléfono.
La tercera revolución industrial (año 1.945 hasta 2009) constituyó una verdadera revolución de la inteligencia, generando como consecuencia que la tasa de cambio científico y tecnológico sea más rápida cada día.
También la revolución de la tecnología de la información (año 1.950 AL 2.009) es el período definido como el de convergencia de tecnologías de la microeléctrica, la informática (ordenadores y software), las telecomunicaciones, la optoeléctrica y la ingeniería genética.
Hacia el año 1.957 se creó en los Estados Unidos la Agencia para Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA) con el objetivo de liderar el área de la ciencia y la tecnología en el área de las fuerzas armadas. Esta agencia a través de Oficina para las Tecnologías de Procesado de la Información (IPTO) se dedicaba a buscar mejores maneras de utilización de los ordenadores o computadores.
Cabe destacar que para la época, la utilización de un ordenador era algo muy restringido o inaccesible debido a su gran tamaño y alto costo.
A partir de 1.966 surge la idea en Bob Taylor (director de IPTO) de construir una serie de enlaces electrónicos entre diferentes máquinas, con el fin de que sus investigadores en diferentes lugares del país, pudiesen compartir recursos y resultados de una manera rápida y fácil.
En ese momento, los ordenadores eran comprados a varios fabricantes lo que significaba que cada uno utilizaba su propio conjunto de normas y procedimientos, por lo que Taylor se planteó la necesidad de estandarizarlas. La utilización de la red, eliminaría los problemas ocasionados por la diferencia entre el conjunto de normas y procedimientos. Bajo un proyecto, denominado ARPAnet, que fue finalizado en 1969, se dio origen inicialmente a la conexión de los centros de el Stanford Research Institute, La Universidad de Los Ángeles en California, la Universidad de Santa Bárbara en California y la Universidad de Utah y luego a otras universidades e investigadores.
En 1.974 se presentó un protocolo (TCP/IP) que permitió un sistema independiente de intercambio de datos entre ordenadores y redes locales de diferente origen.
En 1.983 se forma MILNET para uso exclusivamente militar al separarse la parte de la red perteneciente al Departamento de defensa de la ARPAnet. De la misma manera en Europa se crea la red Minet, como extensión de Milnet.
A los nodos de la red, estaban conectados una gran cantidad de organismos que poseían redes de área local (RAL), lo que dio origen a una red llamada ARPA Internet conformada por miles de ordenadores. Hecho que se toma como el origen de la Internet.
La red ARPA Internet se convirtió luego en Federal Research Internet, TCP/IP Internet hasta llamarse finalmente Internet.
La Internet es una asociación de miles de redes conectadas entre sí, por lo que se denomina "RED DE REDES".
Hoy en día, la Internet ofrece los siguientes servicios básicos:
- Correo electrónico
- Transferencia de archivos
- Grupos de discusión o news
- Word Wide Web
La aparición del Internet ha sido un factor determinante en el proceso de la comunicación de la información. Esta tecnología ha derribado todas las barreras y ha hecho que la información llegue a todos los espacios geográficos del mundo con un muy bajo coste, penetrando todas las actividades humanas.
En otras palabras, la Internet ha facilitado la obtención e intercambio de información de una manera práctica, fácil, rápida, económica. Convirtiéndose a su vez en un gran medio para los negocios.
Sin embargo, después de casi 40 años desde su disponibilidad, todavía existen en el mundo una gran cantidad de personas que no tienen acceso a la Internet, lo que ha significado mayores márgenes de atraso y una brecha cada vez más grande entre las dos partes, los individuos que tienen acceso y los que no.
Queda preguntarse, ¿Por qué razón existen todavía en el mundo tantas personas que no pueden tener acceso a las ventajas que nos brinda la Internet? ¿De qué manera los ciudadanos de a pie podemos colaborar para disminuir esta brecha?
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Friday, May 15th, 2009, por Iñaki Beti sáez

El arte, en sus distintas manifestaciones (música, pintura, arquitectura, literatura, danza, teatro, cine, etc.), desde tiempos inmemoriales ha sido vehículo de comunicación y por tanto de expresión emocional. Lo mismo para los creadores - artistas que para los receptores, el arte ha supuesto y supone un instrumento que nos permite experimentar con el potencial de nuestras reacciones emocionales con la finalidad de lograr una mejor adaptación a la vida diaria. Los lenguajes simbólicos, por su apertura semántica, por su potencia connotativa, ensanchan los horizontes de percepción y conocimiento de lo real y lo posible haciéndonos más sensibles hacia el mundo que nos rodea y hacia nuestros movimientos internos de conciencia. La arquitectura, por ejemplo, trabajando las formas y los espacios, los materiales y estructuras, es capaz de transmitirnos emociones de exaltación, orden o desorden, equilibrio o desequilibrio, tranquilidad o desasosiego. La pintura, a través del color, la textura o el trazo, o la música, mediante el sonido, el ritmo o la melodía, nos pueden sugerir emociones de placidez, inquietud, armonía, tristeza o alegría. ¿Quién no ha reído o llorado, sentido melancolía, miedo o angustia leyendo poesía o viendo una buena película? Las manifestaciones estéticas nos ayudan, sin duda, a discriminar las emociones avanzando en el auto-conocimiento, nos ayudan a empatizar, a identificarnos con las demás y a afrontar nuestra relación con el mundo desde diversas perspectivas, desde distintas miradas.
Recientes investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Groningen (Holanda) han demostrado que la imaginación es un proceso tan material que difícilmente se puede hablar de él como algo opuesto a la realidad. La lectura de una novela, por ejemplo, hace que experimentemos las emociones que se describen como si las estuviésemos viviendo en primera persona. Aquellos que infravaloran la literatura considerando que mientras se lee no se vive y que, por lo tanto, no podemos perder el tiempo con un libro de poemas entre las manos, se están perdiendo un mundo de experiencias y emociones tan "reales" e "intensas" que al menos pueden ser complementarias a las que se obtienen haciendo paracaidismo o puenting.
El arte, como antídoto contra el adormecimiento de mente y espíritu, siempre ha jugado un papel preponderante en las sociedades dinámicas, abiertas, creativas e innovadoras. Por ello, cuando se ha querido restringir libertades y dominar voluntades, los poderes de turno se han preocupado por controlarlo o minimizar su impacto e influencia. El arte supone - ya lo dijo Aristóteles en su Poética - catarsis, liberación, purga cognitiva y convulsión emocional. Además, abre mentes y sintoniza corazones, proyectándonos hacia el juego, la exploración y el conocimiento. Y esto, claro está, para algunos siempre ha resultado impertinente o demasiado provocador.
Nadie que obvie el arte podrá adentrarse en los recovecos de la experiencia emocional.
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Wednesday, May 13th, 2009, por Rogelio Fernández Ortea
Hoy quiero escribir en éste post, acerca el Conocimiento sobre todo de un gran "bluf" que es la llamada Sociedad del Conocimiento.
Digo esto por dos motivos: el conocimiento no se paga y el conocimiento no se reconoce. Cada vez está aumentando más el número de personas más que suficientemente preparadas a las que las empresas están explotando con contratos basura, con contratos de becarios y que forman este colectivo llamado "mileuristas". Además, no solo están generando conocimiento nuevo sino que están manteniendo a bajo coste la especulación que muchas empresas están creando con sus horas de trabajo. Creo que este colectivo, o gran parte de él, están generando parte del beneficio que se está creando en nuestras organizaciones. Y hablo de organizaciones de todo tipo.
Por otro lado, el conocimiento no se reconoce. Existe un gran número de personas, de docentes, catedráticos, titulares, doctores e investigadores que llevan toda su vida dedicada a generar nuevo conocimiento y a trasmitirlo a otras personas, que han perdido por completo su estatus social. Ya no es socialmente relevante ser un sabio… solo es socialmente relevante tener dinero. El tener el título de doctor, el pertenecer a la Academia ha perdido, en cierta manera, el respeto social. Como también lo ha perdido el conocimiento generado por la experiencia y que atesoran gran número de las personas que trabajan en nuestras industrias y a los que se considera fácilmente reemplazable en aras de una jubilación anticipada. Las relaciones maestro - aprendiz o la de maestro - alumno han perdido su valor por la obcecación de un utilitarismo desmedido.
Sé que estas palabras que estoy escribiendo tienen un buen contenido populista. Y más cuando las he leído después de que la ira inicial hubiera desaparecido debido al lapsus de tiempo que ha habido entre el comienzo del post y el momento de programarlo y publicarlo . Sin embargo, he decidido continuar y dejar claro lo que mis sentimientos me decían en aquellos momentos. Cuando hablamos de inteligencia emocional, en concreto a la regulación, podría parecer que siempre debemos apaciguarlas, "reprimirlas", y lo que yo creo es que se trata de poder utilizarlas correctamente. La fuerza que me dio una ira no muy intensa para decidirme tratar el asunto de la Sociedad del Conocimiento. Me gusta que quede reflejada en este escrito y que sea esta la que genere el debate.
No obstante, tengo que decir que creo firmemente en los significados que actualmente subyacen al concepto de Sociedad del Conocimiento sólo podrá desarrollarse cuando el valor persona prevalezca en el mismo. Creo que este concepto debe centrarse en el avance de la sociedad y no solo en el avance de la economía. Eso es lo que intuyo y también que algunos de los caminos que se están siguiendo para conseguirlo no son los más adecuados…
Como ven todo lo escrito es un cúmulo de cosas, a veces inconexas, de pensamientos y emociones que ha pretendido fundamentalmente dos cosas. La primera ha sido expresar simplemente mis pensamientos en un momento dado y sobre un asunto determinado, sin un análisis profundo, pero con un fuerte sentimiento de urgencia por decirlo. En segundo lugar, ha sido el llamar la atención sobre un tema acerca del cual me gustaría saber su opinión.
¿Puede existir una gestión emocional y éticamente inteligente para la Sociedad del Conocimiento?
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Monday, May 11th, 2009, por Arantza Echaniz Barrondo
Artículo 23 (Declaración Universal de los Derechos Humanos )
- Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
- Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
- Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
- Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
"Una ocupación que sólo genera dinero es una ocupación pobre" Henry Ford 1863 - 1947, industrial norteamericano
En mi opinión el trabajo es un derecho, tal y como indica la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23, pero también es un deber. Todo ciudadano debe contribuir a la sociedad con su trabajo, remunerado o no. Además, es una aspiración legítima que el trabajo contribuya a nuestra autorrealización, a nuestro proyecto personal de vida buena (para ahondar en el tema de la vida buena consultar el Manual Educación para Ser de Antonio Sastre). Por esta razón en el trabajo no buscamos únicamente dinero, lo que no quiere decir que la remuneración no sea importante, ya que es un indicador del reconocimiento de nuestro trabajo.
En el ámbito de las organizaciones son clásicas algunas teorías sobre motivación como las de: Maslow y la jerarquía de necesidades (que van desde las fisiológicas hasta las de autorrealización); McGregor y sus teorías X (el hombre es vago por naturaleza, trabaja básicamente por dinero, etc.) e Y (el hombre busca en el trabajo gratificaciones de orden superior, es ambicioso, etc); Herzberg y sus factores higiénicos (que evitan la insatisfacción pero no producen satisfacción: salario, condiciones laborales, etc) y factores motivadores (reconocimiento, responsabilidad, etc.); McClelland y su teoría de las tres necesidades (afiliación - mantener relaciones cercanas y agradables; logro - superación, consecución de objetivos; poder - influir sobre otras personas para que hagan cosas).
Entiendo que un sistema de remuneración debe contribuir a tres objetivos:
- Controlar/Gestionar los costes salariales: es lógico que una empresa intente racionalizar uno de sus principales costes.
- Motivación y compromiso del personal: a través de un sistema de remuneración adecuado se puede conseguir que el personal esté satisfecho y dé lo mejor de sí mismo.
- Captar y mantener a buenos profesionales y evitar la rotación: es muy importante para una organización dotarse de un personal eficaz y eficiente y conseguir que dicho personal permanezca en la misma. Las personas son las que tienen el conocimiento y ahí radica la principal ventaja competitiva. Los productos y los servicios se pueden ‘copiar' pero la clave está en las personas.
Para que los objetivos anteriores se cumplan es necesaria la credibilidad del sistema de remuneración. Y dicha credibilidad entiendo que no es posible si no se dan las siguientes condiciones:
- Sistema justo: adaptado o adaptable a las distintas situaciones, justo interna (entre los miembros de la organización, discriminando la aportación de cada uno, justicia distributiva) y externamente (comparado con las empresas del sector). Cabría aquí la pregunta sobre la transparencia (¿la remuneración debe ser abierta o confidencial?)
- Confianza en quien va a evaluar. Si no se confía en la imparcialidad o la capacidad de quien nos va a evaluar cabrán dudas sobre el sistema.
- Implantación adecuada: Un cambio en el sistema de remuneración tiene un impacto importante, que puede ser bueno o todo lo contrario. Habrá que valorar el momento, la forma, los criterios de medición… y todo ello dependerá, a su vez, de la comunicación.
- Un sistema de remuneración variable no debe utilizarse para ahorrar costes.
- No debe ofrecerse como variable aquello que es debido por justicia (por ejemplo- la subida del IPC es un mínimo que debe asegurarse ya que de otra manera el salario real disminuye porque pierde capacidad adquisitiva).
Quiero terminar presentando y dejando para la reflexión la máxima de Reinhard K. Sprenger, autor de El mito de la motivación, "Todo motivar es desmotivar" y una cita literal del mencionado libro: "El origen de toda acción motivadora es un déficit, supuesto u observado, entre el rendimiento posible y el rendimiento real. (…) El sistema de la acción motivadora es la desconfianza hecha método" (pp.39-40).
¿Qué opina usted? ¿Puede motivar el sistema de remuneración? ¿"Todo motivar es desmotivar"?
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Friday, May 8th, 2009, por José Luis Orella Unzué
La deflación es la caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios que lleva la paralización económica, social y política. Es el movimiento contrario a la inflación. Esta situación económica en que los precios disminuyen, es producida por una falta de demanda y es mucho más maligna y temida por los empresarios que la inflación. La deflación puede desencadenar un círculo vicioso: los comerciantes tienen que vender sus productos para cubrir al menos sus costes fijos (entendiendo que el precio ya no alcanza para pagar los costes variables), por lo que bajan los precios.
Con precios bajando de forma generalizada, la demanda disminuye más, porque los consumidores entienden que no merece la pena comprar si mañana todo será todavía más barato. En la inflación, sin embargo, ocurre todo lo contrario, dado que los consumidores prefieren comprar antes los bienes de larga duración, para anticiparse a subidas de precios.
Dado este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto, de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que la industria no encuentra salida a sus productos y sólo consigue pérdidas. La inflación conlleva una cierta euforia social y política. La deflación por el contrario arrastra a la una paralización total de la vida ciudadana.
El desplome de los precios al 0.8 % reaviva la entrada en la deflación. En el 2007 por el encarecimiento de las materias primas, las tasas de inflación se situaron en máximo histórico hasta llegar al 5,3 %. Un año después las materias primas especialmente el petróleo ha descendido a menos de la mitad. Este fuerte descenso de la tasa de inflación, de los precios de los productos y del euríbor puede desembocar en una caída generalizada de los precios lo que supondría la deflación.
La deflación económica no está abocada necesariamente a la deflación social y política. Pero los palos de ciego de fuerzas políticas y judiciales están incrementando el desánimo y la paralización, que es compañera de la deflación.
Los Gobiernos, los medios de comunicación y, sobre todo, la sociedad en general debe buscar mecanismos tanto políticos como económicos que puedan hacer frente a la posible situación económica planteada. El producirse una deflación económica, podemos encontrarnos con una sociedad contaminada que no dejaría paso a soluciones, sino a problemas muy serios.
Hay una limitación jurídica que aleja a partes muy significativas la sociedad a desinteresarse de la política y por lo tanto a hacer crecer la deflación social y política y reducirse a subsistir de puertas adentro de su casa.
¿Quiénes serían los responsables de esta deflación si llegara a ocurrir? La desconfianza que ahora reina y el descrédito que empieza a surgir el la justicia, la falta de gobernabilidad y gobernanza , la politización de la justicia suprema y ahora la tardanza de acciones contundentes que no vemos para detener la crisis, arrastran consigo el descrédito y el desinterés social de las instituciones y de la sociedad en general.
Nadie asume la responsabilidad pública ante la crisis que actualmente estamos viviendo. En la recesión de 1927 los responsables aparecieron y se purgaron. Ahora en cambio reclaman un aumento de sus primas o el blindaje de sus sueldos. ¿Cómo construir un mundo más social ante la deflación de los salarios que ha sido aceptada por las elites políticas?
Decía el guipuzcoano Ignacio de Loyola que en tiempo de desolación no se debe hacer mudanza, pero sí el replanteamiento de la reforma. Los entornos globalizados está reaccionando tímidamente a la crisis en el ámbito industrial pero ha entrado en una deflación social y política. Y el replanteamiento de confrontación debe ser multilateral.
La crisis nos ha enseñado a que hay que renovar no sólo las estructuras económica actual, sino también las políticas, las judiciales y las intelectuales. Se debe asumir una conciencia de rechazo a lo negativo, que se definen atacando a los demás.
"Es triste que los poetas actuales se canten a sí mismos" dice Paco Ibáñez. Y continúa diciendo que "si te bajas del tren de la lucha social querrá decir que ya no tienes ilusión y que se te han apagado las luces interiores porque la palabra tuvo valor, lo tiene y lo tendrá".
Hay que llegar de nuevo a reaccionar hacia un liderazgo compartido fruto de la colaboración entre lo público y lo privado. Hay que volver al humanismo que sostiene que me hago más hombre haciendo hombres a los demás y que afirma que un pueblo se hace, haciendo pueblo a los demás.
¿Usted qué opina?
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