La deflación: Económica social y política

La deflación es la caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios que lleva la paralización económica, social y política. Es el movimiento contrario a la inflación. Esta situación económica en que los precios disminuyen, es producida por una falta de demanda y es mucho más maligna y temida por los empresarios que la inflación. La deflación puede desencadenar un círculo vicioso: los comerciantes tienen que vender sus productos para cubrir al menos sus costes fijos (entendiendo que el precio ya no alcanza para pagar los costes variables), por lo que bajan los precios.
Con precios bajando de forma generalizada, la demanda disminuye más, porque los consumidores entienden que no merece la pena comprar si mañana todo será todavía más barato. En la inflación, sin embargo, ocurre todo lo contrario, dado que los consumidores prefieren comprar antes los bienes de larga duración, para anticiparse a subidas de precios.
Dado este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto, de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que la industria no encuentra salida a sus productos y sólo consigue pérdidas. La inflación conlleva una cierta euforia social y política. La deflación por el contrario arrastra a la una paralización total de la vida ciudadana.
El desplome de los precios al 0.8 % reaviva la entrada en la deflación. En el 2007 por el encarecimiento de las materias primas, las tasas de inflación se situaron en máximo histórico hasta llegar al 5,3 %. Un año después las materias primas especialmente el petróleo ha descendido a menos de la mitad. Este fuerte descenso de la tasa de inflación, de los precios de los productos y del euríbor puede desembocar en una caída generalizada de los precios lo que supondría la deflación.
La deflación económica no está abocada necesariamente a la deflación social y política. Pero los palos de ciego de fuerzas políticas y judiciales están incrementando el desánimo y la paralización, que es compañera de la deflación.
Los Gobiernos, los medios de comunicación y, sobre todo, la sociedad en general debe buscar mecanismos tanto políticos como económicos que puedan hacer frente a la posible situación económica planteada. El producirse una deflación económica, podemos encontrarnos con una sociedad contaminada que no dejaría paso a soluciones, sino a problemas muy serios.
Hay una limitación jurídica que aleja a partes muy significativas la sociedad a desinteresarse de la política y por lo tanto a hacer crecer la deflación social y política y reducirse a subsistir de puertas adentro de su casa.
¿Quiénes serían los responsables de esta deflación si llegara a ocurrir? La desconfianza que ahora reina y el descrédito que empieza a surgir el la justicia, la falta de gobernabilidad y gobernanza , la politización de la justicia suprema y ahora la tardanza de acciones contundentes que no vemos para detener la crisis, arrastran consigo el descrédito y el desinterés social de las instituciones y de la sociedad en general.
Nadie asume la responsabilidad pública ante la crisis que actualmente estamos viviendo. En la recesión de 1927 los responsables aparecieron y se purgaron. Ahora en cambio reclaman un aumento de sus primas o el blindaje de sus sueldos. ¿Cómo construir un mundo más social ante la deflación de los salarios que ha sido aceptada por las elites políticas?
Decía el guipuzcoano Ignacio de Loyola que en tiempo de desolación no se debe hacer mudanza, pero sí el replanteamiento de la reforma. Los entornos globalizados está reaccionando tímidamente a la crisis en el ámbito industrial pero ha entrado en una deflación social y política. Y el replanteamiento de confrontación debe ser multilateral.
La crisis nos ha enseñado a que hay que renovar no sólo las estructuras económica actual, sino también las políticas, las judiciales y las intelectuales. Se debe asumir una conciencia de rechazo a lo negativo, que se definen atacando a los demás.
"Es triste que los poetas actuales se canten a sí mismos" dice Paco Ibáñez. Y continúa diciendo que "si te bajas del tren de la lucha social querrá decir que ya no tienes ilusión y que se te han apagado las luces interiores porque la palabra tuvo valor, lo tiene y lo tendrá".
Hay que llegar de nuevo a reaccionar hacia un liderazgo compartido fruto de la colaboración entre lo público y lo privado. Hay que volver al humanismo que sostiene que me hago más hombre haciendo hombres a los demás y que afirma que un pueblo se hace, haciendo pueblo a los demás.
¿Usted qué opina?
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