Economía social de mercado

Los períodos económicos que ha tocado vivir a nuestra generación están encuadrados en el Socialismo comunista y el Capitalismo neoliberal que propugna una libertad extrema de mercado. El neoliberalismo instaurado por la dama de hierro Margaret Thatcher alentaba la iniciativa privada, la privatización de los bienes estatales y la demolición de las cuotas fiscales. El ideólogo del neoliberalismo Milton Friedman abogaba por las desgravaciones fiscales, los incentivos monetarios y la relajación de los controles. La aplicación de estas normas ha llevado al capitalismo a la desregularización y a los abusos financieros. Y con estos elementos en marcha se ha arribado a la profunda recesión y a la crisis económica en el que nos encontramos.
La solución ante el desastre al que nos ha llevado el neoliberalismo está clara, no es volver de nuevo al socialismo ni a un capitalismo neoliberal remozado.
Sin embargo las medidas tomadas hasta el momento para afrontar la crisis financiera y económica van en una disimulada renovación del neoliberalismo. Algunas de estas medidas son las siguientes: el lavado de cara de los bancos, la elevación de las cuotas fiscales, la profusión del papel moneda y las nacionalizaciones. John M. Scott apunta en la línea de una renovación del neoliberalismo con la vuelta a las bases del negocio bancario, el reconocimiento de las pérdidas, la introducción de los diversos plantes de rescate, la consolidación del sector y la configuración de un nuevo marco regulatorio. En esta vía de renovación del neoliberalismo en la que coinciden muchos actores políticos, vemos lo que está pasando en Europa ahora mismo: Las medidas tomadas hasta ahora como la rebaja de los tipos de interés, el aumento del gasto público, las ayudas a los bancos, la impresión de un dinero fresco en cantidades industriales, la rebaja de los precios hasta llegar a la deflación, la normalización del sistema bancario, la estabilidad crediticia, la compra de cédulas hipotecarias hasta el monto de los 60.000 millones de Euros por parte del B.C.E., la mejora de la financiación de los bancos, las medidas puntuales de apoyo a la burbuja de la construcción y del automóvil para reactivar sus respectivas economías y la reducción del pluriempleo de los consejeros de las grandes compañías.
Se cree que con estas medidas se puede disminuir el aspecto social de la crisis, es decir, la caída de afiliaciones a la Seguridad Social, el aumento del paro, la exigencia de la movilidad social y cambio de residencia, el abaratamiento del despido y los contratos temporales.
Más aún, esta renovación globalizada pretende justificar la conservación de la misma ética social global que ha circulado hasta el momento de la crisis, la cual potencia la faceta consumidora de los ciudadanos buscando como norte de la vida únicamente el placer y el vivir el momento, es decir, el clásico "carpe diem".
Esta búsqueda y recambio de estructuras económicas implica una renovación de los líderes. El nacimiento de nuevos líderes sociales tras una transformación interna personal y que en lo exterior exige un nuevo equilibrio ético y moral entre la producción y el consumo.
Estos nuevos líderes plantearán estructuralmente la implantación de una economía social de mercado que sea sostenible con la ecología y con la pobreza mundial. Es decir, una economía de libre mercado pero con un firme cuadro legal no nacional, no europeo, sino global y mundial de gobernanza, que regule la empresa privada, la cual deberá contar con un liderazgo social en el que confluyan para el corto y medio plazo los intereses de los accionistas y los afectados y la sostenibilidad ecológica y ética ante la pobreza mundial.
Para eso se necesitará establecer reglas claras de control a los bancos, a las recalificaciones de los entornos por parte de los entes públicos y al endeudamiento de los particulares. Tendrán que organizar la empresa en vista al beneficio compartido, al estilo de las buenas cooperativas, de modo que los trabajadores vean la empresa como cosa suya porque genera riqueza material, trabajo y valores. El objetivo de estos nuevos líderes será crear y desarrollar empresas en las que sus valores meta sean la responsabilidad social, la transparencia y la confianza.
Algunas empresas vienen presentado un balance de Responsabilidad Social Empresarial en sus memorias anuales que no basta para el recambio de estructuras. Es necesaria una transformación social ciudadana. En este plano, cada ciudadano tendrá que aprender de la crisis sufrida y en consecuencia reequilibrar la doble vida como productor y como consumidor. Max Weber en su ya conocido trabajo sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo exigía que los ciudadanos se rigiesen por valores como el esfuerzo, la puntualidad, la disciplina y la voluntad de aceptar una gratificación aplazada. A este esfuerzo de regeneración, la ética personal de la economía social de mercado exige que no sea ideal cotidiano el lema del "carpe diem" sin una visión ecológica, de que los bienes son escasos y de que una gran parte de la población mundial vive sumida en la pobreza absoluta material, cultural y ahora virtual.
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Sindicación

2009-05-26 a las 10.48 am
Suscribo completamente tu opinión. Hace falta volver a la ética, primero desde el punto de vista personal, y después desde el social. Mientras socialmente estén no sé si bien vistas pero si asumidas actitudes individualistas que primen el beneficio a cualquier precio no podremos salir ni de esta crisis ni de las que vengan después.