Liderazgo resonante

CEIG: Grupo de Innovadores en Gestión
Cierta persona dijo una vez que "el liderazgo era el fenómeno más estudiado pero menos comprendido" sobre la faz de la tierra. Esta afirmación, que un principio puede resultar chocante, puede entenderse si se tiene en cuenta que, a lo largo de la historia, el ser humano ha brindado continuamente alas a la razón, ya desde la ilustración, dejando las emociones como algo secundario.
En el momento que esta cita salió a la luz, todavía nos encontrábamos inmersos en una cultura laboral dónde las emociones había que dejarlas en casa antes de ir al trabajo. Los líderes no podían mostrar sus emociones, concebidas estas como signos de debilidad.
Sin embargo, el liderazgo no puede ser comprendido bajo una perspectiva únicamente racional y por suerte, haciendo honor a la frase de que lo único constante en la vida es el cambio, me enorgullece pensar que las cosas en la actualidad pueden ser diferentes. Simplemente basta con mirar muchas organizaciones de nuestro entramado empresarial para cerciorarnos de que hay empresas que están desarrollando un modelo diferente de gestión.
La semana pasada todos los miembros del CEIG tuvimos el placer de escuchar a Lorenzo Mendieta director general de Alcorta, en una ponencia en la que nos explicó el modelo actual de gestión que se está llevando a cabo en su organización y el proceso de cambio que habían vivido. A pesar de que no sean buenos tiempos para el sector de la automoción, Lorenzo cree en el liderazgo emocional para lograr conseguir sus objetivos.
Debemos darnos cuenta de que el éxito de un líder no depende tanto de lo que hace como del modo en que lo hace. Es precisamente ahí donde reside la tremenda importancia de las emociones en el liderazgo empresarial. Esto puede ser observado en acciones tan dispares como pueden ser la movilización de un grupo de personas, en los procesos de planificación o en la toma de decisiones.
Para liderar un grupo de personas, es necesario poder influir en las emociones de los demás. El funcionamiento de un grupo puede alcanzar cotas muy elevadas cuando las emociones de los miembros del grupo se orientan hacia una dirección positiva, con ilusión, entusiasmo, alegría, optimismo y empatía. De esta manera, los líderes pueden movilizar lo mejor de las personas, logrando la tan ansiada resonancia, que no es otra cosa que el cultivo de las emociones positivas dentro del equipo.
Esta es la premisa fundamental del liderazgo resonante que Richard Boyatzis y Annie Mckee se esfuerzan por divulgar en varias de sus obras, explicando la importancia de combinar los diferentes estilos de liderazgo en cada momento para generar esa conexión con sus colaboradores y evitar caer en la disonancia, que tanto daño puede hacer en un equipo de trabajo.
Para ello, no solamente deberemos aprender a cultivar las emociones positivas en nuestro lugar de trabajo, sino que deberemos aprender a desaprender ciertos hábitos, costumbres o conductas que nos alejen de lograr esa resonancia que nos permita que todo vaya viento en popa a toda vela.
¿Usted qué opina al respecto?
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Sindicación

2009-09-26 a las 7.17 am
Soy una entusiasta del “aprender a desaprender”, creo que es clave para el cambio, para el desarrollo y, por supuesto, también para el liderazgo.