Reflexión sobre la económica mundial

La reciente crisis financiera ha generado -como era de esperarse- reacciones de toda índole. Unas más ácidas que otras, frenéticamente han buscado inusitados culpables de tan nefasta suerte. Como siempre la progresía internacional, amparada por esa falsa superioridad moral, ha condenado en su afásico sanedrín a todos aquellos que en algún momento desenmascararon la naturaleza parasitaria del colectivismo político. Por otra parte, en vez de proponer soluciones para atacar la raíz de este complejo problema económico, como siempre, lo utiliza para encontrar aliento y lanzarse a la conquista de algunos gobiernos e imponer esa visión burocrática de la sociedad con su gran gobierno. Entre los más sonados en estos días, cuales criminales nazis, sobresalen Milton Friedman y su liberalismo remozado como sistema viable y moderno. Injustamente analistas y toda suerte de personajes públicos le increpan a Friedman ser el Mr. Hyde de estos tiempos, cuando décadas atrás, era elogiado como el Dr. Jekyll y su milagrosa cura para economías destruidas por excesivo estatismo proteccionista (vgr. Caso chileno).
Asociar a Friedman a la suerte del oscuro personaje de la novela de Robert Louis Stevenson, como artificialmente increpa algunas corrientes políticas, es contribuir con los verdaderos responsables de la catástrofe económica. El crash actual tiene sus orígenes en patologías que escapan del sistema económico liberal, es decir, no forman parte ni de su filosofía ni mucho menos con el postulado teórico de Friedman.
La desregulación, para la filosofía liberal contemporánea, no es la omisión progresiva del Estado, sino, su presencia racional como un árbitro necesario que hace cumplir las reglas económicas. El Estado para el liberalismo -y para todo ciudadano sensato- no puede ser un actor económico ni siquiera un personaje de reparto. Es el árbitro con su potestad para sancionar a quienes sí deben jugar. En el caso que nos ocupa, el Gobierno norteamericano interpretó mal ese concepto de arbitraje, haciéndose invisible cuando otros jugadores gritaban "falta".
Es totalmente cierto que el mercado sólo es el único competente para corregir sus desviaciones siempre que, esos factores de perturbación sean ocasionados por el mismísimo mercado en su funcionamiento normal. En el caso que nos ocupa, las turbulencias provienen de actores económicos que irresponsablemente intentaron manipular anómalamente al mercado, ocasionando una reacción en cadena de rastrera especulación y nerviosismo. Jugaron a "la ruleta rusa" cuando el capitalismo juzga severamente todo lo que sea aleatoriedad y desenfreno. Y en ese fervor el árbitro se escondió, cometiéndose fraudes para que luego, cuando ya el daño carcomía a todos, el árbitro se pusiera la camiseta de jugador estrella y asumir un papel inmoral de intervencionismo. ¿Y los responsables verdaderos? Mientras, Milton Friedman y el capitalismo le tocan ser el Mr. Hyde de estos tiempos turbulentos.
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