19 Febrero, 2008, por Luis Martinez Cerna
Muy relacionado con la economía de la empresa, está el tema de la ética empresarial y parte de este debate es cómo las empresas deberían comportarse socialmente. Este debate nos muestra la amplia brecha que existe actualmente entre las empresas y los intereses morales y éticos.
Muchas veces se ha visto en la práctica, que la ética empresarial está separada de la ética personal. Esta situación puede tensionar la relación produciendo un estrés psicológico innecesario en los empleados de las empresas. Hay autores que plantean que no es posible disociar la ética empresarial con la personal, que deben estar necesariamente alineadas; sin embargo, esto no siempre es así. Armonizar los valores personales y los de la empresa es fundamental para superar este conflicto.
Los códigos de conductas son un intento por armonizar los intereses organizaciones y constituyen un importante esfuerzo e iniciativa por avanzar en temas de responsabilidad social; sin embargo, este esfuerzo no puede sustituir la esencia de la ética de las personas a través de una normativa. Es la esencia ética de las personas las que debe mantenerse por sobretodo.
A mi parecer, un código de conducta es necesario, pero no es suficiente por sí sólo, sino que debe ser un complemento importante para la autorregulación organizacional y personal, avanzando, de esta forma en la alineación de la ética empresarial y personal.
¿Usted qué opina?
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15 Enero, 2008, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
Me gustaría utilizar estas líneas no tanto para presentar respuestas como para proponer preguntas. Me gustaría que quienes se acerquen a este blog no busquen tanto soluciones como compartir interrogantes, búsquedas, experiencias… generando entre todos nuevos conocimientos y aprendizajes vitales. Quizá de esta manera puedo sentirme justificado para escribir periódicamente aquí.
Antes de navidades discutía con un amigo acerca de qué significa hoy en día ser "experto en". Mi posición era la de afirmar que experto es aquel que conoce en profundidad todo lo dicho y hecho acerca de una materia o área de conocimiento concreta, aquel que tras muchas horas de biblioteca y lectura creo dominar un saber. Por su parte, mi amigo, si no le entendí mal, afirmaba que eso está bien, pero que queda antiguo, que actualmente un experto es aquel que es capaz de exponer un conocimiento propio acerca de un saber adquirido de la experiencia, de lecturas variadas, de la realidad que le rodea… y de su visión particular del mundo y del saber sobre el que quiera hablar.
El primer ‘experto' lleva a afirmar con Sócrates "sólo sé que no sé nada", especialmente hoy en día donde lo que otra cosa no, pero la información a veces nos desborda.
El segundo ‘experto' creo que se trataría de un filósofo. En muchos campos del pensamiento, todos esos grandes expertos en los que nos podemos basar, se han convertido en expertos por hacer una lectura personal de la realidad, del mundo, del ser humano, por reflexionar, en definitiva por ejercitar la materia gris, que diría el personaje de Agatha Christie. Eso supone dos cualidades fundamentales: capacidad de interrogarse y humildad.
La primera cualidad es imprescindible si no siento que hay una pregunta, nunca buscaré una respuesta. Humildad para reconocer que otros pueden tener también su respuesta y que la mía es imperfecta y que en la dialéctica con los demás, en el intercambio franco y honesto de opiniones, conocimientos, ideas… puedo ir avanzando en mejorar mi reflexión.Personalmente, no me siento identificado con el primer tipo de experto, me faltan muchas horas de despacho para poder hacerlo. En cuanto al segundo tipo de experto me parecería muy soberbio autocalifarme así, sin embargo si me gustaría que este espacio fuera una pequeña ágora filosófica donde poder compartir mis respuestas con las vuestras. Pero para ello necesitaría que entre todos planteásemos interrogantes acerca de los temas de este blog, responsabilidad social, ciudadanía corporativa, ética empresarial, valores, cultura empresarial, transformación social…
¿Alguien me ayuda?
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25 Octubre, 2007, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
En 1996 salía publicado en castellano un libro titulado "Credibilidad". Sus autores, Kouzes y Posner, presentaban en él las conclusiones a una larga investigación en la que habían preguntado a ‘seguidores' de líderes de empresa cuales eran las cualidades que más valoraban en un líder. Como habrán podido deducir la cualidad que destacaba por encima de todas era la ‘Credibilidad', es decir, que el líder fuera honesto, actuase de una manera moral, que generase confianza…
Traigo esto a colación porque creo que lo mismo puede decirse de la RSC y de todos aquellos a los que se nos llena la boca, tanto a nivel individual como a niveles organizativos, de la RSC o la ética empresarial. Un experto o experta en ética o en RSC ¿tiene que comportarse moralmente bien? ¿Tiene que actuar dentro de los parámetros de la RSC? Hoy en día, han salido un montón de expertos, conferenciantes, empresas que se postulan como modelos, investigaciones e investigadores… pero ¿tienen ellos integrada la RSC en sus organizaciones? ¿Actúan desde unos principios éticos que les llevan a comportamientos moralmente correctos? Con esto no pretendo proponer una desconfianza en todos los que hablamos de RSC. Mi intención con el post de esta semana el que examinemos de vez en cuando si en nuestras acciones, en nuestros compromisos, somos creíbles para aquellos a los que queremos convencer de que la RSC merece la pena y es un valor añadido de competitividad para las organizaciones. Por que al final aquellos mensajes que más nos mueven y que más valoramos son los que se transmiten con mayor coherencia.
¿Usted qué opina al respecto?
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27 Septiembre, 2007, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
El año pasado asistí a unas jornadas sobre RSC que resultarón muy interesantes y de donde quiero extraer una serie sugerencias para debatir. Allí se presentaron las siguientes ideas que tomé nota y que aquí expongo par ver si de ellas podemos generar un debate interesante que nos ayude a profundizar en el sentido, la necesidad, el concepto, las implicaciónes… de la RSC:
- La responsabilidad social de la empresa amplia los límites de la organización y la entiende como algo mucho más amplio que la mera pertenencia del capital.
- La responsabilidad social de la empresa no es una función de un departamento concreto, sino que afecta de manera transversal a todas las operaciones de la organización.
- La responsabilidad social de la empresa está asociada a mejoras de la competitividad.
- Se está dando un cambio de paradigma empresarial: el mero cumplimiento de las reglas de juego, o una gestión ética, no es suficiente, y cada vez se exige una mayor responsabilidad a las organizaciones.
- Por otra parte, una buena gestión de la responsabilidad social de una empresa no garantiza una gestión ética de la misma.
- Por tanto, responsabilidad social y ética empresarial no son sinónimos.
- La responsabilidad social puede ser el vehículo que transporte a la ética dentro de la organización, y la ayude a integrar en su modus vivendi.
¿Alguien se anima a comentar algo?
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31 Agosto, 2007, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
El prof. Carroll, A. B. en un artículo titulado "Corporate Social Responsability: evolution of a definitional construct.", expone la evolución del concepto y la investigación acerca de la RSE. El periodo que abarca en su revisión es la segunda mitad del siglo XX, desde la década de los 50, como inicio del uso del concepto de RSE, hasta los 90. Esta delimitación en el tiempo no quiere decir que las preocupaciones sociales dentro del mundo empresarial hayan surgido en este siglo. Lo que si parece cierto es que la aplicación del término RSE aplicada a esas preocupaciones sociales, así como el posterior desarrollo de que es lo que implica y su debate se inician en la década de los 50.
La primera definición que recoge Carroll en su artículo es la de Bowen, el cual afirma que la RSE "se refiere a la obligación del gestor para proponer esas políticas, realizar esas acciones o seguir esas líneas de acción que son deseables en términos de objetivos y valores de nuestra sociedad" (Carroll, 1999, pág. 270) . A juicio de Carroll ésta es la primera definición y la ‘fundante' del concepto de RSE. De esta definición son destacables tres aspectos:
1) La obligatoriedad. No se refiere a una obligación legal, sino más bien a una obligación asociada a la función de gestión. Es importante observar que no es una opción más del gestor, y también que en cuanto obligación puede ser exigida.
2) El Gestor. En esta definición la responsabilidad y la obligación no recaen sobre la organización como tal. Esto no es algo sin importancia, ya que el reconocimiento o no de la ‘personalidad' moral de las organizaciones, supone para algunos, la justificación o no de que podamos hablar tanto de una ética empresarial como de una RSE.
3) Los objetivos y valores de nuestra sociedad. La RSE no es un simple altruismo que se olvida de la necesidad de toda empresa de alcanzar unos objetivos. Lo que intenta y propone es unir los objetivos empresariales con los valores de su sociedad. El uso que se hace en la definición del posesivo ‘nuestra' indica que el gestor es también miembro de esa sociedad, no es algo ajeno a él.
En los 60 el debate se generalizó y se da un número mayor de propuestas acerca de que es la RSE. Aunque siguen hablando de la responsabilidad del gestor, empiezan también algunos a usar a la organización como sujeto de la RSE. En general todas inciden en el binomio organización-sociedad y en la superación de las obligaciones legales y económicas.
En la década de los 70 se pretende explicitar y precisar más la definición de RSE. Poco a poco se empieza a mostrar la complejidad de la RSE. Comienzan a distinguirse distintos tipos de responsabilidades, y distintos tipos de interlocutores (empleados, proveedores, accionistas, comunidades locales...) En esta década, es especialmente significativa la declaración del ‘Comité para el Desarrollo Económico' (CED), de los Estados Unidos. Este comité hace un reconocimiento público de la petición que hace la sociedad a las organizaciones para que asuman una mayor responsabilidad en relación al desarrollo social a todos los niveles, más allá de los meramente económicos.
Para terminar nos centraremos en la definición de Carroll: "La RSE abarca las expectativas económica, legal, ética y discrecional, que la sociedad tiene de las organizaciones en un momento dado" (pág. 283). Posteriormente, en los 90, Carroll sustituye el término discrecional por altruista o filantrópica. Así mismo, el término RSE vendría a ser sustituido por el de Ciudadanía Corporativa. Pero eso considero que es una discusión abierta, en la que de momento no creo oportuno meterme.
En cuanto a las décadas de los 80 y 90 la mayoría de trabajos, según Carroll en su artículo, se centran más en el cómo aplicar la RSE, en cuanto a indicadores, buenas prácticas… y se tratan más bien de investigaciones empíricas. Por otra parte, en los 90 también surgen temas relacionados con la RSE, como la teoría de los stakeholders, el concepto de ciudadanía corporativa, marketing con causa… En un artículo anterior, de 1991, ‘The pyramid of Corporate Social Reponsability: Toward the moral management of oraganizational stakeholders', Carroll presenta su propuesta de Responsabilidad Social Empresarial, y define cada una de las responsabilidades en ella incluidas.
A. Responsabilidad económica: una empresa no puede exisitir sin más, es necesaria la generación de beneficios económicos que hagan viable un negocio. Por tanto, una de las responsabilidades de las empresas es generar los beneficios suficientes para poder subsistir y seguir ofreciendo sus bienes y servicios. Esta responsabilidad es no sólo exigible, sobretodo por los accionistas, si no necesaria, no es algo opcional.
B. Responsabilidad legal: si la responsabilidad económica es esencial para que la empresa exista, la responsabilidad legar nos recuerda que no una empresa no puede existir de cualquier modo. Debe cumplir unos mínimos legales, que son lo que la sociedad considera que es mínimamente exigible y a lo que se le puede obligar a toda empresa. Son las primeras reglas de juego de una empresa.
C. Responsabilidad ética: sin embargo, muchas veces sabemos que no todo lo que es legal tiene porque ser ético; o que lo que aquí es ilegal, en otros países puede ser legal. Por tanto, la ética es la búsqueda por parte de las empresas de lo que es correcto, justo… y aquello que da legitimidad a la empresa de cara a la sociedad. Evidentemente, no siempre hay una ley que obligue a cumplir con aquello que humanamente podemos considerar éticamente correcto, pero por ello, no creo que tenga que ser menos exigible que lo que es legalmente obligatorio.
D. Altruismo-Filantropía: igual que las personas, las organizaciones puede quedarse satisfechas, con cumplir con sus obligaciones, incluyendo las éticas o morales.
Sin embargo, también pueden dar un paso más de compromiso con la sociedad en la que viven. Apostar por la transformación y mejora de esa sociedad que también es la suya. Sin embargo, así como las anteriores responsabilidades las entiendo como exigibles, está es deseable, pero no exigible. Lo mismo que no podemos pedir a todo el mundo que se comprometa con sus asociaciones de vecinos, o que practique el voluntariado… y eso queda en el plano personal del compromiso de cada uno, en este caso, creo que pasa lo mismo. Es deseable el compromiso de las empresas en la comunidad, por la influencia que tienen, y creo que así como no deben ser penalizadas aquellas que no se comprometan, si que deben ser premiadas aquellas que lo hagan.
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9 Julio, 2007, por Emilio Urbina Mendoza

Hemos insistido, a lo largo de estos meses, que el principal problema que rodea a la RSE no radica en su desconocimiento. Salvo algún sector del pensamiento económico, ligado a los pocos vestigios del liberalismo extremo, los tratadistas abordan con la seriedad del caso el tema de la RSE ya no sólo como un curso obligatorio en las carreras empresariales, sino, como un punto de encuentro. A la RSE le falta todavía espacios para discutir sus contenidos; tiempo para reflexionar las experiencias; y paciencia para ordenar sistemáticamente lo publicado y debatido que para esta primera década del siglo XXI pronta a su fin, resulta siendo escaso. En fin, a la RSE le corresponde verificar sus fronteras estrictas frente a la territorialidad académica de otros conceptos como la ética empresarial o la moral económica, a menudo, confundidos o malamente ensamblados.El mundo económico contemporáneo huye ante cualquier tentación gubernamental de imponerle riendas y someterlo a reglas temporales de juego que sólo coartan la capacidad para generar riqueza y sacar de la pobreza a las sociedades. Es por ello que uno de los debates actuales sea la inviabilidad de los Estados del Bienestar en nuestros días, pues, en aquellos países donde le han dado acogida, los requerimientos de recapitalización son mayores ante el temor de empobrecerse. Esta realidad de dinamicidad debe influir sobre la RSE para hacerla lo más flexible posible, sin que ello sea menoscabo de su efectividad. Como bien lo decía hace algunos años un prestigioso catedrático español, el profesor Sebastián Martín-Retortillo, el hecho de ser más "gordo, no significa que se es más fuerte", en clara alusión a que lo más importante para hacer cumplir el Estado Social y Democrático de Derecho no estriba en las magnitudes del Estado, sino, en su eficiencia para saber dispensar las medidas necesarias y hacer valer su responsabilidad o la del ciudadano. De la misma manera, la RSE debe comportar el mismo principio: no abarcar todo, sino aquello donde ella es posible hacerla efectiva.
Este corolario del desaparecido catedrático de la Universidad Complutense, perfectamente puede aplicarse a la RSE. Según arqueo a la literatura existente, en buena medida se confunde con otros conceptos, como la ética empresarial y sus diferentes cometidos, o la categoría más general de la moral económica. Primero, la ética empresarial tiene un objeto claro de estudio, como es el comportamiento moral del empresario en su quehacer propio de innovaciones, conjugando el trabajo con el capital. Segundo, la moral económica, está relacionada más a los códigos de conducta que deben cumplir todos los actores que conforman el mundo económico, es decir, que tanto el Estado como los particulares son estudiados bajo la óptica de los valores en su actuación generadora de riqueza. Así, tenemos que la RSE si bien está conectada con la ética empresarial y la moral económica, es una consecuencia directa de la puesta en práctica de los conceptos anteriores, es decir, que sin la existencia de una ética empresarial previa, enmarcada bajo los cánones morales aplicados a la economía, poco o nada podría hablarse de la RSE. De allí las razones por las cuales sea posible que la RSE enfrente cara a cara a la ética empresarial o a la moral económica, cuando la RSE, se manifieste como una respuesta desproporcionada ante violaciones de la ética, sea mínima o extrema.
¿Tu opinión cuál es?
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14 Mayo, 2007, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
La Asociación Española de Ética de la Economía y de las Organizaciones es la rama española de la European Business Ethics Network (EBEN). Bajo el tema "El buen gobierno de las organizaciones" el XV Congreso Nacional de Ética de la Economía y de las Organizaciones se planteará qué significa y cómo se lleva a cabo el buen gobierno, cuál son sus condiciones, sus implicaciones y sus consecuencias.
El congreso abordará cuestiones relativas a modelos, códigos de conducta, mejores prácticas, estructura de responsabilidades, relación con los grupos de interés y otros aspectos relacionados con el buen gobierno de las organizaciones. El congreso pretende ser un punto de encuentro abierto a todos los interesados en la ética empresarial: los profesionales vinculados a la empresa, la economía o el ámbito académico, sean o no miembros de la Asociación.
La dirección de las organizaciones es un saber político. En la civilización griega, cuna de la democracia, se entendía la política como la ciencia más alta, porque era aquella que buscaba el bien humano y la felicidad. El mundo romano acuñó la distinción entre "autoridad" y "poder" que tiene tantas connotaciones respecto a cómo se entiende la actuación de quienes ejercen el gobierno en las organizaciones. En las épocas contemporáneas, la política se ha convertido en la gestión eficiente de las cosas y ha perdido su engarce con la ética. Recuperar el sentido político del buen gobierno significa que las organizaciones estén dirigidas por personas no sólo técnicamente bien preparadas, sino éticamente atrayentes.
Las cosas, se gestionan; las personas, se gobiernan. El gobierno de las organizaciones tiene relación sobre todo con las personas, y por eso es, en su raíz, una cuestión ética. El gobierno de las organizaciones está dirigido a buscar el bien de la sociedad a la que sirven y el bien de quienes participan en sus actividades. Es un arte que requiere poner en juego muchas cualidades.
Quienes tienen tareas de dirección son los primeros responsables en gobernar bien sus organizaciones. Pero un aspecto importante de su responsabilidad es que este sentido de buen gobierno impregne todos los niveles y todas las actividades de la organización. Sólo así las organizaciones contribuirán a la mejora de las sociedades en las que operan.
Si están interesados en participar pueden visitar la página web del XV Congreso Nacional de Ética de la Economía y de las Organizaciones
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15 Marzo, 2007, por Emilio Urbina Mendoza
En 1970 el economista Milton Friedman publicó un extenso y polémico artículo en el New York Times cuyo título era “The Social Responsability of Business is to increase its profits” [La responsabilidad social de los negocios es incrementar las ganancias] bajo calidad de respuesta a lo que meses atrás se habían formulado altos ejecutivos de la General Motors, en especial, el entonces Chairman de la gigante automovilística James Roche. El texto en ciernes fue objeto del análisis académico durante los años 70 y 80 del siglo XX, justo en el momento de las lacerantes amonestaciones formuladas por la naciente e incipiente ética empresarial, que ante los desafíos causados a gran escala por la contaminación y el modelo de desarrollo industrial desigual, requerían de elementos para la discusión de lo que comenzaba a llevar por nombre “Social responsabilities of business in a free-enterprises system”.
El trabajo de Friedman no sólo despertó la disputa entre los altos jerarcas empresariales del momento que veían la desintegración del esquema capitalista industrial tradicional, sino, que abrió el compás para desarrollar lo que hoy se impone como una necesidad en el mundo de los negocios bajo contextos de globalización y nueva economía: el compromiso social con el entorno que rodea a la empresa y su interacción con los problemas que van más allá del ámbito negocial. Un tópico que a simple vista luce como de fácil asimilación entre los empresarios y aquellos actores conexos, pero, que en la práctica podría resultar un obstáculo a la iniciativa privada que ha impulsado la historia económica de los dos últimos siglos. Dificultad que pudiera trasmutarse en estorbo para el empresario, capaz de llevarlo a la quiebra sólo por un mero capricho, a veces, avalado por imposiciones gubernamentales.
¿La responsabilidad social de la empresa es una necesidad, es una realidad, un concepto vacío o una necedad?
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