Paradigma diferente en la empresa y la inteligencia emocional

30 Octubre, 2007, por ROGELIO FERNÁNDEZ ORTEA
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Atendiendo a lo que Eduardo Bueno nos comenta en su obra Organización de empresas: Estructura, procesos y modelos, vemos que dentro del estudio de las organizaciones, una de las tareas fundamentales ha sido la de conocer la evolución del pensamiento doctrinal de la Teoría de la Organización. Las líneas de pensamiento organizativo han sido numerosas, diversas y ricas y se han ido ordenando en cuerpos doctrinales llamados Escuelas que han sido un claro reflejo del sistema científico interdisciplinar en el que se fundamenta la organización de empresas.
Estas escuelas, o enfoques, han estado guiadas desde sus inicios por los paradigmas científicos imperantes en su momento y por los avances de otras disciplinas científicas que podían aportar algo de luz a la consecución de mayores cotas de competitividad empresarial.Dentro del modelo que expone el profesor Bueno en su libro, y siguiendo las clasificaciones de Koontz (1961), Lussato (1976), Robbins (1987), Chiavenato (1987) y Koontz y Weihrich (1988), podemos ver la evolución de las diferentes escuelas del pensamiento organizativo, todas ellas guiadas por el principio de racionalidad.

Este principio se ve reflejado especialmente en la Teoría Clásica que engloba los enfoques Administrativo y del Comportamiento humano, tanto individual como grupal. Especialmente, dentro de la Teoría Clásica, en la que destacan como principales atores F. W. Taylor, H. Fayol y M. Weber, la razón se convierte incluso en el medio de legitimación del poder de la organización burocrática amparada en el método científico que indicaba la "única y mejor manera" de gestionar una organización regida por la división de tareas y la especialización. Además, bajo esta teoría subyacen una serie de presunciones sobre los trabajadores que sugieren que "los miembros de la organización, y en particular los empleados, son primordialmente instrumentos pasivos, capaces de realizar un trabajo y aceptar órdenes, pero no de ejercer influencia […]"
Esta idea de los trabajadores se ha ido ampliando (aunque no se si realmente ha cambiado demasiado) a lo largo de los años y de la incorporación de nuevas perspectivas. La Teoría del Comportamiento o Relaciones Humanas con Münsterber y E. Mayo ponían énfasis en el comportamiento tanto individual como grupal introduciendo así la Psicología Industrial. Más adelante, C. I. Barnard y H. A. Simon establecían el concepto de sistemas sociales siendo antecedentes de la Escuela de Sistemas, no sin que antes P. Durker, Koontz y otros reavivaran la orientación clásica mediante el estudio de casos.

Sin embargo, todas estas teorías seguían guiándose con el paradigma cultural de occidente: la racionalidad del hombre, la razón como única forma de entender la organización de empresas. Razón que seguía imperando incluso en las escuelas que se orientaban al estudio de la persona dentro de la organización como medio de incrementar la eficacia y eficiencia organizativa. Razón que incrementaba su fuerza dentro de las teorías Cuantitativa y Decisional que orientaban su estudio al análisis matemático de los procesos de toma de decisiones de las que H. A. Simon, premio Novel de Economía (1978), fue uno de los principales autores y que ya utilizó el concepto de racionalidad limitada. Un gran avance en el estudio de la organización que, sin embargo, no desbancó el paradigma racionalista.

Paradigma éste que siguieron los autores que introdujeron la Teoría General de Sistemas de Bertalanffy y que fue un método científico novedoso y de gran validez para el estudio pragmático de los complejos que superaba el concepto tradicional de las ciencias físicas. La Teoría Situacional junto con la Teoría de Contingencias supusieron un nuevo enfoque para el estudio de las ciencias sociales pero el paradigma seguía siendo el mismo: la racionalidad.

Dentro de los enfoques actuales nos encontramos, siguiendo todavía a Bueno, con los Estilos Directivos de Mintzberg, las Siete Eses de McKinsey el modelo Operacional, ecléctico donde los haya, y que marcan la nueva forma de entender a la organización… ¿o no es tan nueva?

En mi opinión no lo es. Necesitamos de nuevas formas de entender la organización de empresas, a las personas que trabajan en ellas, a sus grupos de interés, en definitiva a las personas. En estos momentos de caos, de cambio constante, necesitamos un nuevo paradigma que nos permita solucionar nuestras inquietudes y necesidades empresariales y vitales. Necesitamos una nueva forma de entendernos para que podamos andar el camino de la cultura innovadora en nuestras organizaciones siendo en este caso es la Neurociencia el corpus teórico que lo está permitiendo.

Este nuevo paradigma es la unión de razón y emoción a la hora de entender a las personas y los grupos y sus procesos: es la Inteligencia Emocional como nueva teoría de la organización. Las personas somos razón y emoción y desde esta comprensión integral del hombre es donde podremos innovar en la gestión empresarial e innovar también en la gestión política y social.

¿Considera que la Inteligencia Emocional puede cambiar la forma de entender a las personas en la empresa y de esa forma aumentar nuestra competitividad y felicidad?

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Invertir en “Economía del Conocimiento”

29 Marzo, 2007, por David Bartolomé Sedano
Hoy quería hablar sobre un interesante artículo sobre Economía del Conocimiento que se publicó el pasado domingo en El País pero mi amigo Iñigo, que está muy aplicado en su blog, hace un resumen muy bueno sobre el artículo. Os animo a que le echéis un vistazo ;-)

Los principales puntos de mejora que se comentan en el artículo y que también son mencionados por Iñigo son:
1. Gasto en educación e I+D: No estamos en una buena posición en Europa si nos comparamos con los países nórdicos, Francia, Alemania o Reino Unido. Es importante tener en cuenta que no sólo es necesaria la “apertura de cartera” por parte de las AA.PP., sino que se debe estudiar dónde meter el dinero y qué plan de acción debemos poner en marcha para que sea una auténtica inversión y no un “derroche” que no aporte un fruto para el futuro.
2. Universidades de alto nivel: Una de las mayores labores que podemos intentar mejorar es ampliar la cooperación entre las universidades, y no me refiero sólo al entorno dentro de un territorio en concreto. Necesitamos mayor colaboración con universidades europeas, americanas y asiáticas, fomentando el intercambio de profesorado y metodologías para aplicarlas en nuestro sistema educativo.
3. Número de licenciados en ciencia y tecnología: Creo que este punto es consecuencia del anterior. El alumnado tiene que estar motivado en sus años de estudios. Si impulsamos el sistema educativo con lo planteado anteriormente y con una implicación por parte de las empresas por participar en la generación de nuevos profesionales en ciencia y tecnología lograremos aumentar el porcentaje de nuevos trabajadores del conocimiento.

4. Atracción de estudiantes y profesionales extranjeros: No cabe duda que tenemos un entorno muy atractivo para que cualquier alumno o profesional quiera venir a estudiar aquí. Poco a poco, iniciativas como el Programa Erasmus o entidades como Ikerbasque, por ejemplo, intentan lograr ese objetivo. Quizá el mayor esfuerzo que podemos realizar es ofrecer a los potenciales profesionales un entorno competitivo para poder desarrollar todo su potencial.

El artículo da para generar mucho debate y seguro que hablaremos sobre él en el futuro, con la esperanza de que algunas ideas lanzadas entre tod@s puedan dar algún fruto interesante.

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¿Hay relación entre innovación y productividad?

13 Noviembre, 2006, por Montaña Merchán Arribas

Para empezar, aclarar que “innovación” e “invención” son términos diferentes. La invención supone “crear algo nuevo” avanzar en el conocimiento, en el sentido científico, innovar es más bien, transformar el conocimiento ya disponible, en nuevas soluciones. Aunque la innovación siempre se entiende en el ámbito tecnológico, también se puede darse en los procesos, en la estructura organizativa o en nuevas formas de establecer relaciones.

En este momento se considera que las TIC o más concretamente la Internet ha supuesto una de las mayores innovaciones del siglo XX. Y es así, La Internet ha modificado la forma de relacionarse y los procesos tanto internos como externos. Hasta ahora las TIC se habían contemplado como medio de aumentar la producción, ahora se habla de modernizar, de transformar, de innovar.

Un informe de la OCDE confirma la importancia de la innovación y adopción de las TIC en el incremento de la productividad. El informe muestra que hasta un 40% de las mejoras de productividad en los últimos años en EE.UU., tienen su origen en la producción y difusión del uso de las TIC. En la UE, se calcula que del 1,4% del crecimiento anual de la productividad entre 1995 y 2000, alrededor del 0,7% se debió a las TIC.

También es conocido que España, tanto en el ámbito Europeo como en el mundial, lleva retraso cuando se compara con los 4 grandes países europeos, con Japón y con EE.UU. En el ranking de competitividad mundial, ocupa puestos más bajos que lo que le corresponde por el nivel de renta y pierde puestos cada año (en el 2004 ocupaba el puesto 31 en competitividad y el 22 en nivel de renta per capita).

Que incrementar el nivel de competitividad es importante, es algo que se viene oyendo a todos los expertos en economía. La solución también parece un punto común: la Administración debe al menos, estimular 4 puntos: la colaboración entre los agentes implicados, crear el marco para la innovación, el incentivo del uso de la tecnología y la difusión de esas innovaciones. ¿qué podemos hacer en cada uno de estos puntos?

Para empezar, la colaboración fomenta la innovación. Es una obligación entre las administraciones, una necesidad entre universidad-empresa y un requisito entre administración y empresas. ¿Cómo cooperar? compartiendo las infraestructuras, ofreciendo servicios ASP, compartiendo servicios y soporte, intercambiando soluciones, normalizando datos y conocimiento, etc. Al igual que sucede con otras infraestructura (eléctrica, gas, carreteras, etc), el gasto se reduce cuando se comparte el uso. Los nuevos tiempos exigen la cooperación.

En segundo lugar, hay que hacer de la educación la prioridad estratégica básica para consolidar la Innovación y hay que implicar en la educación a todos los agentes del mercado: Universidad, empresas, administración y personas compartiendo el conocimiento. Además, la innovación debe ser liderada por las personas, con una constante actitud investigadora abierta, capaz de rectificar, capaces de desmarcarse del encorsetamiento administrativo, capaz de crear el marco adecuado.

En tercer lugar, la I+D y la innovación no son suficientes sin la inversión. Hay que invertir en el uso de las tecnologías.

Las actividades tecnológicas en España presentan un importante retraso en materia de innovación y uso de las TI, con respecto a la UE y al resto de las economías más avanzadas. Conjuntamente, el sector privado invierte poco y, particularmente, en lo que respecta al gasto en TIC, las PYMES tienen poca formación en TIC y una vocación local con poca visibilidad en el mercado internacional. Se nota la falta de capital-riesgo para la creación de nuevas empresas o capital-semilla para la creación de empresas de base tecnológica.

A la vez, la productividad española se ve condicionada por actividades como la construcción y el turismo que, representando un importante peso sobre la economía, ni innovan ni la incorporación de nuevas tecnologías en sus procesos productivos incrementada su productividad. Tampoco hay que evitarlos, lo mejor es pensar cómo innovar en estos sectores.

Las subvenciones desde la administración son una medida pero no debe ser la única: hay que realizar cambios de políticas del mercado de trabajo. Las iniciativas, en el empleo, deben enfocarse a 4 aspectos concretos; elevar la participación de la mano de obra femenina, reintegrar a los desempleados y ayudar a los jóvenes a incorporarse al mercado laboral.

Por último, no hay que olvidar la importancia que supone la difusión de la innovación.
La capacidad tecnología, por sí sola no es suficiente para conseguir mejores resultados económicos. El factor principal a la hora de explicar las recientes diferencias en el rendimiento de la productividad entre la UE y EE.UU. es la capacidad, primero de desarrollar y, segundo de propagar, la investigación y la innovación.

La innovación es un trabajo no sólo de la administración, ni sólo de la empresa. Es de la SOCIEDAD. Y si la sociedad es la clave para la adaptación a los cambios, debe ser informada y formada en la innovación.

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