21 Abril, 2008, por Carmen Cecilia Ochoa Arellano
En un post anterior me refería a uno de los grandes problemas que están afectando la economía de muchos países y principalmente a España: "la piratería y/o falsificación".Existen dos modalidades para enfocar este problema:
La primera de ellas es la piratería, en la cual se hacen copias de los productos, generalmente de una calidad inferior. En este caso, los consumidores que los adquieren son concientes de que están comprando un producto de inferior calidad, pero su decisión de compra se produce con base en el precio.
La segunda consiste en la falsificación. En este caso, los consumidores, en algunas ocasiones, están concientes que el producto adquirido no es el original, pero en otras no.
En el caso de la falsificación, se ha considerado que la presentación, empaque y embalaje del producto es uno de los medios más importantes para frenar este tipo de actividad. A continuación presentaré algunas de las nuevas tendencias y tecnologías de seguridad presentes en el embalaje, empaque y presentación de un producto:
- Sistema de verificación de la identidad externa (Lomax PH): Se trata de un sistema diseñado para la industria farmacéutica, pero se adapta perfectamente a otros tipos de productos. Este sistema verifica la legitimidad de características protectoras externas como: la presencia y precisión de los códigos de lote de fabricación, fecha de fabricación o manufactura, fecha de vencimiento, reseñas de la mercancía, entre otros, presentes en el etiquetado del producto. Consiste en la utilización de múltiples cámaras para leer la información contenida en el etiquetado en varios niveles.
- Sistema de protección visible del empaque, embalaje o presentación: este sistema consiste en imprimir de una manera nítida y visible la información referente a la identificación del producto, que pueden combinar texto, logotipos y códigos de barra en una misma impresión. Utilizando diferentes tipos de tinta para la impresión en películas de polietileno y polipropileno, botellas y botes, entre otras.
- Sistema de protección secreta: consiste en la impresión de códigos secretos en los embalajes, empaques o presentaciones de los productos que sólo los minoristas y los inspectores pueden leer, utilizando lectores portátiles diseñados para tal fin, es decir, que el consumidor o el falsificador no los pueden identificar ni visualizarlos fácilmente.
Como podemos observar, el empaque, embalaje o la presentación de un producto puede utilizarse como medio de protección contra la piratería y/o falsificación teniendo en cuenta que los productos se adquieren en establecimientos confiables.
Por otra parte, este tipo de protección en todos los casos requiere de una inversión, por lo que cabe preguntarse ¿Se justifica la inversión por parte del fabricante en estos sistemas? y ¿Será realmente un freno a la actividad de la piratería y falsificación?
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15 Febrero, 2008, por Ainara Atutxa Zalduegi
Soy nueva en estos derroteros… no en mi autopercepción como ser emocional (siempre presente y evidente en mi carácter), sino en cuanto a escribir en este blog lo que desde mi humilde opinión creo y siento como ser emocional.
Si me permitís en esta primera ocasión, voy a hablaros de mi momento actual, pero aprovechando eso sí, mi historia para hablar de las emociones, que es de lo que se trata y pretendiendo haceros llegar el por qué de mis palabras… "hoy me siento… artista".
Hace tan solo unas semanas he cambiado de trabajo y he iniciado algo nuevo y diferente, que apenas guarda relación en lo técnico con mis 8 años de trayectoria anterior, pero impulsada por algo que en mi interior me decía que era el momento de probar y de hacerlo además por iniciativa propia, montando mi propia empresa junto a otras dos personas, experiencia también nueva para mí.
Inicio este camino llena de ilusión, de proyectos, ideas… pero también de dudas lógicas ante una situación de cambio… ¿seré capaz?, ¿podré?, ¿me gustará?… pero en cualquier caso, con el convencimiento de haber empezado a andar mi propio camino… a definir mi propia senda en cuanto a dónde y a qué quiero destinar mis esfuerzos y energías…
Ser emocionalmente inteligente en el trabajo, este es el tema del que quiero escribiros, pero no desde la perspectiva de la que en otras ocasiones he leído y comparto (aquella basada en que el resultado de mi trabajo en cuanto PERSONA, es el resultado de mis habilidades o competencias racionales y cognitivas, junto a las emocionales), sino desde un estadio anterior o previo: la perspectiva de la razón y emoción a la hora de elegir a qué trabajo voy a dedicar mis habilidades o competencias racionales y emocionales, a qué me voy a dedicar, en qué quiero trabajar…
Sin tener una vocación clara en la vida, estudié una carrera, derecho económico, que amplia posibilidades, abre puertas… una vez terminada la carrera me dediqué durante muchos años a la consultoría, un trabajo que igualmente amplia posibilidades, abre puertas, …
Hoy tengo la sensación de que a medida que cumplo años, tengo más claro lo que quiero en la vida a todos los niveles, entre ellos el laboral y sobre todo lo que no deseo, y siento una necesidad: la de hacer que mi trabajo se asemeje lo máximo posible a mi ser, a mi identidad, a mis potencialidades, a aquello que me "diferencia" de los demás, a aquello con lo que disfruto… y que en definitiva, al permitirme ejercitarlo, me hará feliz.
Me apetece experimentar y trazar un camino que tenga que ver más conmigo, que yo misma diseñe y modele… como si tuviera un trozo de arcilla ante mis manos que pudiera modelar a mi gusto…, como el artista…, buscando la realización de la visión, la misión y el objetivo emprendido.
Hay quien dice que el trabajo es solo eso, trabajo… pero estando de acuerdo con que tan solo representa uno de los pilares de mi felicidad, lo cierto es que paso 8 horas al día, 40 horas a la semana, 320 horas al mes y alrededor de 1800 horas al año en el trabajo… Que no dejan de ser 1800 horas de MI VIDA!
Y llegados a ese punto, quiero que el trabajo se asemeje lo máximo posible a lo que quiero que sea mi vida.
Quiero construir mi vida y construir mi trabajo, al menos en la parte en la que no dependa del azar o de la fortuna, sino de mí.
Quiero que se trate de mi camino, al margen de lo que socialmente o para otros, sea más o menos "normal", más o menos comprendido, compartido o aceptado.
Quiero que la "escultura" que yo modele sea mi obra de arte, y refleje parte de mi ser y de mi sentir, que sea reflejo de mi personalidad, de mi identidad… y sentirme identificada con ella al verla.
Y es que… voy proporcionándome respuestas… y todas me levan a un mismo punto: mi felicidad la encuentro más por la senda del SER que por la senda del DEBER SER… por la senda del VIVIR MIS SUEÑOS, MÁS QUE POR LA DE SOÑAR MI VIDA… implica riesgos, dudas, inseguridades… pero conlleva autenticidad…
¿Qué es el trabajo? ¿Qué es soñar? ¿Qué es vivir?…Todo esto es, ¿ser emprendedora?
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7 Noviembre, 2007, por Luis Martinez Cerna
Hace unos días tuve la oportunidad de participar en un evento en Venezuela, presentando una conferencia sobre temas responsabilidad social corporativa en las PYME agrícolas.Al conversar luego con los participantes, me encontré con un sector empresarial que vive en un ambiente de mucha incertidumbre. Como sabemos, la incertidumbre no es buena acompañante en los negocios.
Ahora, para generar condiciones de mayor equidad para la población, es necesario hacer más eficiente el sistema productivo y de desarrollo; pero, para que esto sea posible deben necesariamente disminuirse los grados de incertidumbre para generar condiciones de desarrollo empresarial óptimos.
Una adecuada articulación de redes de capital social, propuesta a través de la responsabilidad social, hace necesaria la participación del sector empresarial, de la ciudadanía (consumidores) y del Gobierno. Esta trilogía y con las respectivas responsabilidades que les compete a cada uno, constituye la base para construir las condiciones mínimas para generar confianza y credibilidad.
Según Dabas (1998) "la noción de red social implica un proceso de construcción permanente, tanto individual como colectivo. Es un sistema abierto, multicéntrico, que a través de un intercambio dinámico entre los integrantes de un colectivo y con integrantes de otros colectivos, posibilita la potencialización de los recursos que poseen y la creación de alternativas novedosas para la resolución de problemas o la satisfacción de necesidades. Cada miembro del colectivo se enriquece a través de las múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla, optimizando los aprendizajes al ser éstos socialmente compartidos".
Capital social, en un sentido amplio, es visto como un mecanismo básico de articulación de la sociedad. Desde esta perspectiva, se configura una estructura/sociedad cuyas funciones fundamentales son articular a la sociedad; convertirse en mecanismo de creación de identidad y de valores; ser mecanismo básico para la acción individual y la acción colectiva; y ser la vía fundamental de acceso diferencial a bienes y servicios.
Ahora, la articulación de redes sociales es un gran desafío, máxime si esta articulación configura ámbitos de responsabilidad compartidos. Por una parte, un gobierno con políticas públicas claras que apunten a un adecuado desarrollo empresarial, con seguridad jurídica y política y, por otra parte, una ciudadanía (consumidores) capaces de discriminar productos y/o servicios socialmente responsables. En la medida que existan esas condiciones mínimas, se habrá avanzado un paso hacia escenarios de certidumbre, ámbito propicio para los negocios.
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26 Octubre, 2007, por José Luis Orella Unzué
Hay en los ciudadanos una verdadera alergia tanto a definirse como a señalar su propia identidad. Cuando se habla con los de la cuadrilla pocos se atreven a decir abiertamente a qué partido político votan, si son miembros de una iglesia y aun si son socios de un equipo de fútbol. La gente dice pasar olímpicamente de todo, a no ser del cobro de la nómina mensual (sin decir nunca el monto de la misma) o de los proyectos de viajes, ya sean de verano o de los distintos puentes del año.
Por el contrario lo más común es afirmar que uno es apolítico, que pasa olímpicamente de las disputas entre partidos, que no le interesan los temas sindicales o sociales, que él no opina sobre el tema de emigración, de ética social o de corrupción política.Es decir, a los ciudadanos no les importa dejar en ridículo a los filósofos clásicos cuando decían que todos somos políticos. Y el caso es que nadie deja de ser político en el sentido sano y clásico de la palabra. E igualmente que cada uno de nosotros pertenece a una o varias identidades superpuestas. Y finalmente que nuestro nivel de xenofobia se hará visible en los impedimentos que ponemos a que los inmigrantes entren a formar parte de nuestras identidades.
Porque el tema de la Identidad no sólo interesa a los autóctonos, sino también a los inmigrantes recién llegados a una sociedad y considerados como miembros de ésta a raíz del mismo contrato de trabajo.
Se entiende por Identidad al conjunto de elementos, caracteres y circunstancias propias de un grupo de personas que lo constituyen y lo hacen distinto de los otros grupos. Es decir, es el conjunto de repertorios culturales compartidos por la comunidad, a partir de los cuales se define a sí misma, orienta sus acciones y otorga sentido a sus prácticas cotidianas. O en otras palabras es el conjunto de circunstancias que determinan el que una persona pertenezca a este grupo y que valore con detalle quién se adecua a las exigencias del mismo conjunto.
Cuando hablamos de grupo, el sentido es muy amplio y puede referirse tanto a un estado, una nación, una entidad bancaria, una cooperativa, una asociación de vecinos, un partido político, una institución deportiva o universitaria.
Para formar parte de una identidad no basta con ser un miembro contratado de esa empresa de trabajo o pagar la cuota establecida, sino que se trata de un proceso social de asimilación y de integración, por el que se conocen y se comparten los valores, la historia, las tradiciones, los símbolos, las aspiraciones, las prácticas cotidianas y los compromisos sociales de la misma empresa, sociedad, partido o grupo social.
Se trata de conocer y de reconocer, de asimilar y de colaborar en la conformación de aquello que les identifica y les distingue de los otros grupos o conjuntos. Por ejemplo la pertenencia a una nación, a una sociedad gastronómica o a un club.
Hay tres niveles de identidad:
- El simbólico, externo o folclórico: que lo forman aquellos símbolos institucionales heredados que se asumen como propios, ya sean edificios, himnos, escudos, lemas, monumentos y aun fechas notables de celebración de la vida del conjunto.
- El de conciencia o asunción voluntaria del significado de los símbolos, de los fines y de los compromisos sociales.
- El de la acogida social que los otros miembros del conjunto proporcionan a los nuevos miembros en un proceso de interacción.
Se trata de un proceso psíco-social bifronte por el que uno se vincula y asimila activamente en las características y especificidades propias del grupo y por otra parte por la recepción activa por la que el recién llegado se ve acogido en el mismo grupo. Durante este proceso se tiene plena conciencia de ser miembro integrante de esa comunidad porque se sienten, se participan y se está vinculado activamente a las acciones y valores comunes.
El fruto de estos tres niveles de identidad da como resultado la lealtad a los valores compartidos del grupo, el respeto, agradecimiento, orgullo y responsabilidad de su pertenencia. De estas premisas se deriva una contribución activa al crecimiento institucional del mismo grupo al que se siente uno mismo perteneciente. Y esta pertenencia conlleva el realizar acciones que promuevan los valores de la institución o grupo y el compromiso de cumplimiento de la ética institucional de esa agrupación.
La identidad una vez asumida por sus miembros puede ser desarrollada por medio del conocimiento de sus postulados, principios y creencias. Un medio de crecimiento es la promoción y rescate de los hechos históricos, las tradiciones y el anecdotario de la misma institución. Otro medio es la preservación, el rescate y la divulgación de los valores, la filosofía y los postulados que comportan la vida de esa entidad. En tercer lugar un medio de desarrollo del conjunto social es el estudio de la presencia de la Institución en el entorno social y político. Del mismo modo se desarrolla la identidad de la institución respetando los anteriores y aun generando nuevos símbolos del propio conjunto. También se desarrolla la Institución promoviendo el reencuentro de los actuales miembros con sus antiguos y de este modo insertando a dicha institución en el ámbito social y político del entorno. Por último también se desarrolla la institución dialogando con las entidades, instituciones y conjuntos afines, valorando y viendo la necesidad del respeto a cada uno de ellos, porque todos conforman la sociedad ciudadana.
Los valores de toda identidad que se precie son la ciencia o búsqueda de la verdad, el humanismo o el desarrollo integral del ser ciudadano de cada uno de sus miembros, la promoción preeminente de la cultura, de la igualdad, de la democracia y de la justicia y la inserción en un mundo mayor que la propia institución o identidad.
Como fundamento de todas estas acciones es valor primordial el ejercicio de la libertad individual y de la autonomía colectiva. Libertad y autonomía basadas en la calidad de vida, en la innovación y en la corresponsabilidad como juego equilibrado entre la competitividad y la colaboración y entre la apertura a otros valores y la integración de los mismos en la propia institución. En una palabra se trata de la promoción de la tolerancia, del respeto, de la pluralidad, de la traspariencia y de la honestidad, valores todos ellos que deben conformar la identidad de cada una de las Instituciones, Empresas, Partidos Políticos o Conjuntos sociales.
Ante la dinámica general de los políticos que buscan el borreguismo social, que niegan la existencia de identidades y que sólo nos quieren considerar como números que votamos en un período determinado de elecciones, la mayoría de edad cívica invita a que se asuman con naturalidad las identidades ciudadanas, folklóricas, religiosas y políticas desde las sociedades de barrio hasta las nacionalidades, sabiendo que es más maduro el ciudadano que sabe compaginar activamente el mayor número de participaciones en diferentes identidades.
¿Usted qué opina al respecto?
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29 Agosto, 2007, por Carmen Cecilia Ochoa Arellano
A medida que el fenómeno de la globalización se ha extendido, la velocidad de los cambios en la vida del ser humano se ha incrementado de una manera asombrosa. Cada día disponemos de más cantidad de información y de menos tiempo para procesarla. Observando este situación podemos afirmar que todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, familiar y el desarrollo organizacional dentro de la empresa se han visto afectados.
Cada día que pasa, tenemos que realizar nuestras actividades con mayor rapidez y facilidad, la cultura de los entornos nos refleja aparentemente que "tomar decisiones más rápido es mejor". Esta "aceleración", ha causado problemas, tanto personales como la salud, las relaciones familiares, entre otras; y empresariales que ven reflejados en la rapidez con que se debe agilizar la gestión del conocimiento, así como por ejemplo: la transformación de la cultura organizacional, el liderazgo y la estrategia de competitividad.
También se puede percibir como la empresa reciente el peso de la velocidad con que se están produciendo estos cambios. Nos hemos convertido en personas que creemos ser extremadamente competitivas, que no descansamos adecuadamente por el exceso de trabajo al que estamos sometidas, no tenemos tiempo para comprendernos y de esta manera, las competencias laborales disminuyen la condición de productividad.
Sin embargo, desde hace años se vienen analizando los cambios culturales que se están produciendo en algunos países como Suecia, Alemania, Austria, Japón, España, Italia, Francia, Noruega, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Brasil, México, Líbano, Colombia. En ellos se está desarrollando una nueva cultura denominada slow down.
Esta nuevo estilo de vida propone desacelerar las actividades diarias de las personas, disfrutar cada minuto que viven, trabajar para vivir y no vivir para trabajar, creando un empleo socialmente inteligente, apoyado en las nuevas tecnologías, la biodiversidad, la reivindicación de las culturas locales y la identidad entre otros.
El slow down esta orientado a la maduración de las ideas, a la reflexión obligadas en grupo, a converger en la capacidad de gestión participativa, a practicar de manera normal la movilidad, logrando subir sus estándares de productividad y competitividad. Esto no significa lentitud, al contrario, significa disponer del tiempo necesario para ejecutar una accion con tranquilidad. También significa el respeto entre los demás y por los demás.
El slow down se está poniendo en práctica en muchos entornos económicos globalizados y en casi todos los aspectos personales de la vida diaria, observándose resultados positivos en la salud, las relaciones afectivas, la alimentación, la educación, la religión, la recreación y también en el aspecto laboral.
En la empresa, este desacelerar en la vida laboral no significa menor productividad, por el contrario, significa mayor calidad y perfección en los niveles de productividad, más atención a los detalles de gestión en la toma de decisiones y compartir realmente un ambiente de trabajo más flexible y estimulante.
Podemos ver algunos ejemplos, como Suecia donde la jornada laboral no supera las 32 horas semanales y en Francia es de 35 horas semanales, en Alemania en la mayoría de las empresas no supera las 28,8 horas semanales. Sin embargo, la calidad del trabajo realizado y la productividad es mayor, ya que han comprendido que la cantidad no hace la calidad. Es decir, que con la jornada laboral de menor tiempo, el trabajador obtiene mayor concentración y creatividad para desarrollar sus funciones, siendo más eficaz y eficiente
Ante la velocidad que amerita la competencia empresarial, creo que debemos estar bien preparados para afrontar los desafios que nos impone la sapiencia del slow down, asumiendo con tranquilidad las estrategias necesarias cuando la situación lo amerite.
Después de reflexionar un poco sobre este tema, es interesante plantearnos las siguientes preguntas:
¿Sería factible introducir el slow down en todas nuestras actividades diarias?
¿Podemos realmente equilibrara la economía globalizada con el slow down para obtener resultados competitivos?
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26 Julio, 2007, por Carmen Cecilia Ochoa Arellano
El fenómeno de la globalización ha estado envolviendo desde hace muchos años las actividades de los países en todos los ámbitos. En la actualidad, la realidad es que queriendo o no seguimos siendo muy influenciados por este fenómeno.Las TIC han sido un factor clave influyente en la celeridad de la globalización, los cambios alcanzan rápidamente efectos positivos y negativos, promoviendo mercados económicos donde la oferta y la demanda generan transacciones comerciales cada vez más rápidas, seguras y hasta menos riesgosas, gracias a la presencia y utilización de las nuevas tecnologías, tanto en el ámbito interno de los países como en el externo de una región o continente o del mundo.
Este cambio que saboreamos en el aspecto económico ha impulsado a su vez, un cambio de identidad y es posible que cultural, en la mayoría de los países, siendo favorecidos evidentemente aquellos entornos más organizados y con un alto desarrollo tecnológico e industrial simultáneamente. Estos cambios, han generado un grado de competencias consensuadas entre los países, dando origen a grandes diferencias comerciales, industriales, de inversión y financieras, entre otras.
En este contexto, algunos países y organizaciones han sentido la necesidad de unirse o asociarse entre ellos, para aprovechar las fortalezas y oportunidades en grupo y disminuir sus debilidades y amenazas que genera la globalización a los que no la asuman como tal o estén pensado logra imposibilitar su consecuencia por medio de Acuerdos o Tratados entre países, creando bloques comerciales rígidos por reglas fijadas sin considera la movilidad y el aislamiento de la realidad mundial.
Cuando se genera un Acuerdo o Tratado de colaboración, generalmente se da una "solidaridad" entre los países que entran en la alianza. Por lo tanto, se establecen condiciones que favorecen a los países que en la mayoría de los casos tienen necesidad de asistencia organizacional, técnica y financiera para mejorar su capacidad de emprender y administrar las políticas requeridas por los nuevos compromisos comerciales y también para adelantar nuevos proyectos de infraestructura.
Otro punto de vista importante de analizar, son los beneficios que reciben simultáneamente tanto los países desarrollados como los menos desarrollados cuando se hacen acuerdos de colaboración generando "ventajas competitivas" como por ejemplo el bajo coste de mano de obra. Pero por otro lado, es incoherente pensar que estas fuentes de trabajo se desarrollan en condiciones precarias. También los países desarrollados están transfiriendo tecnología, conocimientos, en muchos casos han establecido escuelas, centros de formación técnica para ello, lo que ha permitido mejorar en muchos países el nivel de vida.
Si bien es cierto que no todos los negocios están exentos de aspectos negativos, las negociaciones generalmente se deben plantear con una visión de ganar - ganar. Lo importante es que cada una de las partes tenga una razón de responsabilidad social.
Toda esta situación me lleva a plantear las siguientes interrogantes: ¿Cómo se vislumbra el futuro cercano de los acuerdos y tratados internacionales en Europa? ¿Qué pasará en un futuro cercano con los acuerdos y tratados internacionales en América?¿A quién han favorecido más, a los países desarrollados, a los países poco desarrollados o a ambos?¿Se han llevado bajo una visión de responsabilidad social?
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17 Julio, 2007, por José Luis Orella Unzué
En el anterior post publicado hace algunos días, dejé unos ejemplos de identidades y dentro de la globalización se presenta como una alternativa que les obligará a optar en un corto espacio de tiempo. Y la alternativa es clara o dejarse arrastrar a un cosmopolitismo pluricultural alineante o por el contrario dentro de una mundualización de los factores económicos (mercancías, moneda, bolsas, etc.) fortalecer las señas centrípetas de la propia identidad. Muchas identidades y miles de lenguas y culturas desaparecen diariamente ante la globalización. Pero por el contrario otras identidades están dispuestas a no desaparecer y pretenden utilizar las fuerzas de la globalización para reinventarse como identidad.
Ante esta alternativa traumática nos encontramos con la emergente y aun no consolidada identidad de Europa. Europa no es una nación, pero sí que debe ser una identidad, una referencia, un lugar mental que tenga fronteras geográficas pero sobre todo valores precisos. Europa será una identidad no al uso de las identidades acostumbradas hasta el momento que basaban su centripetismo en una lengua, una cultura o una religión.
Europa como identidad estará abierta a estructuras comunes de soberanía entre Estados, a la confluencia de proyectos identitarios de los pueblos que la conforman, a la polarización de valores que la señalan como heredera de un empaste de civilizaciones entre las que sobresalen la grecolatina, la semítica, la cristiana, la germánica y la eslava.
Pero el problema de la globalización y la supervivencia de las identidades, también afecta a Europa. La identidad de la Europa pluricultural, plurilingüística y multireligiosa, la Europa de los estados y de los pueblos que la conforman tiene una guerra latente que soportar ante la mundualización. Y la primera afirmación que hay que poner por delante es la de que los europeos quieren salvaguardar su identidad ante la globalización porque creen que la identidad y la globalización no son dos vectores encontrados ni dos valores excluyentes.
Y esto porque Europa no ha nacido como proyecto en el siglo XX, sino que se ha ido gestando en una historia multisecular, ya que capitaliza unos mitos clásicos, convive con la pluralidad de lenguas y de culturas, se acrece dinámicamente con los distintos intentos de configuración unitaria que ha vivido a lo largo del tiempo desde Carlomagno a los Otones, desde Carlos V de la dinastía de los Habsburgo hasta Bismarck, pasando por todos los filósofos e ideólogos que la han imaginado hasta llegar al convenio de Roma de hace medio siglo.
La identidad europea debe convertirse en motor de creación y coordinación de los valores y bienes mundiales que puedan servir de acicate y desarrollo de todas las identidades sin exclusiones. Y estos valores y derechos comúnmente ofrecidos y que serán aprovechados por todos los pueblos son entre otros el respeto a la persona humana y a los derechos del hombre, la democracia, la libertad, el pluralismo, la justicia, la igualdad y la solidaridad, la libertad de los mares, la posibilidad del intercambio de mercancías en un comercio internacional consolidado, la instalación, como valor opcionable, de una libertad de movimiento de mercancías, de capitales y de personas ya sea por razones laborales, de ocio o de asentamiento permanente, la adopción de un sistema monetario internacional estable, la adopción de medios de gestión común para afrontar el cambio climático, para promover fuentes energéticas no contaminantes o para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Del mismo modo son valores de una globalización compartida por la identidad europea, la ayuda a los países en vías de desarrollo, el alivio de la pobreza mundial o la promoción y ayuda para que cada uno de los pueblos y comunidades llegue a consolidar su propia identidad. No en último lugar son objetivos de la identidad europea dentro de la globalización la prevención, la gestión y la resolución dialogada de los conflictos, la participación activa en la actuación de las Organizaciones no gubernamentales o en las misiones de paz promovidas por la ONU.
Sin embargo la tardía consolidación de la identidad europea es la clave de la escasa participación en la globalización. En otras palabras, la indefinición que Europa tiene de sus propios valores fundacionales, le ha restado protagonismo en la globalización.
El "minitratado" o tratado básico que han acordado en la última reunión de jefes de estado y de gobierno en Bruselas bajo la dirección de Ángela Merkel tiene (al igual que el anterior proyecto de Constitución europea) el pecado original de contar única y exclusivamente con el voto y el parecer de los estados nacionales. En el tratado simplificado ahora y en vías de aprobación, se ha dejado aparcada la Unión política ni la participación democrática.
Ni se ha contado ni se va a contar con los pueblos de Europa como se intentó en la anterior Constitución. Esto significa que se ha evitado, no incidentalmente sino por resolución expresa, el contar con las fuerzas ciudadanas europeas. Ha quedado claro que Europa no es un proyecto político, sino un acuerdo económico entre los Estados, en el que ni los ciudadanos ni los pueblos europeos tienen nada que decir. Por esto queda fuera la carta de Derechos fundamentales de la Unión. Igualmente se suprime el título de ministro de Asuntos exteriores, de modo que el representante de la Unión para Asuntos exteriores y política de seguridad, será el representante en política exterior, fiscal, social y de recursos financieros. Igualmente se ha huido de la palabra constitución y se han burlado los símbolos de la Unión tales como la bandera o el himno que colocarían a Europa en una fórmula jurídica de Estado.
Los actuales dirigentes estatales europeos se han encerrado en la superestructura burocrática de las elites gobernantes que ellos han creado y que controlan, por lo que han secuestrado la posibilidad de que se manifiesten las tendencias que constituyen el parecer democrático de los europeos.
Y el parecer de los europeos en un momento tan espectacular de desarrollo de sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnologías era muy fácil de reclamar y de valorar. Ya sea en la consulta directa por referendum informatizado, ya sea utilizando los instrumentos democráticos que toda sociedad tiene para detectar las opiniones de las instancias naturales que conforman la sociedad como son la familia, los pueblos, las identidades y las sociedades que toda comunidad articulada organiza.
Se ha pretendido nuevamente evitar la consulta ciudadana, es decir, se ha buscado ladinamente retirar la palabra a las instancias naturales que constituyen el entramado social, laboral y democrático de los ciudadanos que constituyen Europa.
Pero los algunos economistas, historiadores, filósofos e ideólogos de Europa saben que la fuerza y el patrimonio de la misma idea de Europa es la razón crítica, por lo que negar la palabra a la ciudadanía es negar la misma idiosincrasia europea.
La dificultad objetiva que conlleva el parto de Europa no justifica el desasosiego que los gobernantes tienen a la ciudadanía europea. A la larga los propios ciudadanos serán los que marquen los horizontes de Europa tanto geográficos como ideológicos o culturales.
De lo que no cabe duda alguna es que la identidad de Europea no será al estilo de las identidades al uso de los estados nacionales o de los pueblos que viven en el espacio europeo. Los estados y los pueblos que integran Europa deben estar dispuestos a ceder poder y factores identitarios que hasta ahora se habían considerado como exclusivos. Europa debe ser una unidad de identidades marcadas por la pluralidad de historias, lenguas y culturas. La pluralidad humanística, cultural, lingüística o religiosa tendrá su clave de bóveda que cerrará el edificio, en la idiosincrasia de Europa.
¿….Ustedes qué opinan al respecto…?
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11 Julio, 2007, por José Luis Orella Unzué
En un mundo globalizado en el que nos encontramos el tema de la identidad sigue interesando en muy distintos niveles. Veamos un primer ejemplo desde un estado nacional como Francia, desde una nación sin estado como Navarra y desde una comunidad como Orania (Volkstaat) incrustada en un estado como Suráfrica. Luego personalmente sacaremos las consecuencias sobre la identidad europea dentro de la globalización.
Cuando el 18 de mayo del 2007 el Presidente de la República francesa Nicolás Sarkozy destiuía a ocho historiadores e investigadores miembros del comité directivo del Museo de la historia de la Inmigración calificándolos de "intelectuales de segunda" juzgando que su misión era incompatible con la voluntad de tener un "Ministerio de Inmigración, Integración, Identidad nacional y Codesarrollo" no sabía que a estos profesores dimitidos se les iban a sumar otros doscientos intelectuales franceses repartidos por centros universitarios de Harvard, Cambridge, Berlín, Sidney, Río de Janeiro, Nueva York, Tokio, Pekín o Toronto que se opusieron a que "la identidad nacional sea un problema causado por la inmigración" e igualmente negaron que "la identidad nacional sea una responsabilidad del Estado". La postura de Sarkozy según estos intelectuales franceses abre la puerta a "un nacionalismo de Estado y a una xenofobia de Gobierno". Para el nuevo gabinete francés "todos estos intelectuales deberían ayudar con su competencia a establecer una definición de la identidad nacional". Eso es precisamente lo que la mayoría de los intelectuales franceses le niegan a Sarkozy que "el estado pueda definir la identidad nacional que no puede tener una significación única y definitiva".
Un segundo ejemplo lo escribía Juan José Solozabal sobre la identidad de la Navarra constitucional. Volvía a incidir en el tema de la identidad navarra vinculada a consideraciones de carácter español, aludiendo al necesario respeto que esta provincia debe al marco constitucional que reconoció sus derechos históricos. Y afirmaba que esa identidad navarra y sus derechos históricos han orientado a Navarra hacia una autonomía a través del régimen foral. Con esta fórmula, seguía afirmando el profesor madrileño, la Constitución se hacía foral y los fueros constitucionales, es decir, se incorporaba una legitimidad histórica en un texto constitucional. Además, proseguía el mismo autor, en el texto constitucional se valora la identidad navarra con la compatibilidad de lealtades políticas que el régimen foral supone, al superponer el vínculo español, no sólo jurídico o de ciudadanía, sino espiritual y emotivo, a la idiosincrasia navarra concebida en su verdadera complejidad y a la que se le reconoce la facultad de una posible integración navarra en la Comunidad Autónoma País Vasco. Con esto marcaba el dicho autor como seña de identidad propia navarra su especial relación con la comunidad vasca, no en términos políticos sino culturales, espirituales o identitarios. Como vemos ésta es una forma "parcial", "histórica" y "imparcial" de presentar la identidad navarra.
El tercer ejemplo lo encontramos en Suráfrica donde un conjunto de familias se han constituido en comunidad, frente a una sociedad cosmopolita y multiracial y ha abogado por constituirse en identidad propia a la que han denominado Orania. La comunidad la constituyen los miembros que tienen como lazo de unidad la existencia de una lengua, una historia y una religión, lo mismo que una cultura, pero que a la vez rechazan que sean ingredientes de esa nueva identidad ni el color de la piel ni el ADN. Estos elementos de su identidad vienen específicamente pormenorizados. Así cuando la comunidad afirma la existencia de una religión no está señalando una confesión religiosa concreta, sino el sentirse más cercano a un católico que a un budista o por ejemplo más afín a un anglicano que a un hindú. Con estas precisiones la comunidad de Orania no pretende ser sino una identidad, pero no aspira a definirse precisamente como un estado. La comunidad de Orania quiere invertir todas sus energías en el crecimiento de la renta "per cápita" y en los gastos de defensa de las señas de su identidad.
Con estos ejemplos presentados se puede concluir que estas identidades al encontrarse con la globalización reaccionan, utilizándola y dominándola en su propio beneficio, de modo que no se vean ante los avatares y maremotos que la misma globalización genera como un barco a la deriva.
¿Vosotros que opináis al respecto?
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20 Junio, 2007, por José Luis Orella Unzué
Identidad, territorialidad y sociedad de la Información
El tema de la globalización no sólo afecta a las mercancías y a su manipulación en las empresas, también atañe a la mano de obra y a las formas de su socialización.
La globalización propugna el libre movimiento de mercancías, de manufacturas y de capitales lo mismo que de modas o de medios de comunicación. Sin embargo, se opone decididamente al libre movimiento de las personas (a no ser que sea por ocio, por turismo o por deporte).
Por esto, de entre los muchos temas que se interfieren en la globalización, quiero ahora tratar de la libertad de comercio, de la deslocalización tanto de empresas como de grupos sociales, de la identidad y de la territorialidad.
La libertad de comercio: El periódico "The Sunday Times" daba unos ejemplos de libertad en el movimiento de las mercancías que llega a términos incomprensibles. Las gambas pescadas en aguas de Escocia se transportan a China para que allí sean peladas a mano y después sean de nuevo transportadas al Reino Unido para ser rebozadas y comercializadas. El mismo periódico señala otros productos del mar que hace recorridos semejantes. Por ejemplo la empresa Van Smirren Seafoods envía los berberechos desde Gales a Holanda para que allí sean enlatados, y las sardinas pescadas en Cornualles se destinan a Francia para su manipulación, para luego volver a los supermercados ingleses. Ejemplos semejantes se podrían aducir otros sin número de productos como que el café de África se lleva a empaquetar a la India, las gambas de Canadá son procesadas en Islandia o las nueces bolivianas son preparadas en Italia.
La deslocalización es una herramienta de la globalización principal y casi exclusivamente manipulada por el capital por la que las empresas multinacionales trasladan sus centros de trabajo desde los países desarrollados a los del Tercer mundo, buscando una mano de obra más barata o un acceso más sencillo a las materias primas. Con la deslocalización se busca el amparo de legislaciones más laxas o menos estrictas con respecto a los derechos de los trabajadores, menos conscientes de la protección del medio ambiente y menos garantes de la contaminación. Las empresas deslocalizadas buscan una mayor rentabilidad a costa de los derechos de los trabajadores, del desarrollo sostenible y de la salvaguarda del medio ambiental. La deslocalización genera paro, empleo de baja calidad, contaminación, competencia desleal y reducción de calidad en el producto final.
Sin embargo, la amenaza de deslocalización lleva a la economia del primer mundo a un doble movimiento ofensivo y defensivo. Por una parte a una importación masiva de materias primas precisamente arrancadas de los países en desarrollo. Y en segundo lugar a una economia defensiva a través de las primas dadas a los productos nacionales o a través de la prohibición de las importaciones.
La deslocalización genera crecimiento económico rápido en el país de nuevo asentamiento, con la amenaza siempre latente de que ese crecimiento puede ser conyuntural porque la actual localización no se promete sea un asentamiento definitivo.
La deslocalización crea empleo en el país de destino, genera empleo especializado por competitividad en el país abandonado, produce los mismos productos a precios menores y reparte mejor la riqueza en un mundo globalizado.
Como conclusión debemos afirmar que tanto el beneficio empresarial como la competitividad no son dos objetivos absolutos e incondicionables de la economía sino que deben ser tasados dentro de un marco mayor que no es necesaria ni exclusivamente económico.
La identidad: La globalización no podrá destruir las identidades personales y sociales. Dentro de lo personal no impondrá una identidad tallada con el mismo modelo de vestido o peinado, alimentada con los mismos productos manufacturados en una cocina universal, ni amasado desde la cuna con los mismos textos e idénticas filosofías. No impondrá los mismos cánones de arte, equivalentes símbolos y signos, ni el desarrollo de un pensamiento uniforme.
Igualmente y dentro de las identidades sociales no prescindirá de la familia, de la parentela, del matrimonio, del grupo social que habla la misma lengua y goza de una propia literatura, que desarrolla su propio folklore y que se gloria de conformar una misma identidad nacional.
La globalización no suprimirá ni destruirá las identidades personales, sociales, familiares, nacionales ni las que nazcan de la libre asociación de afinidades humanas. Tendrá que regular el ámbito de actuación y el círculo de desarrollo y expansión de cada una de ellas, de modo que no haya ni un solapamiento ni se genere el peligro de que una identidad suplante, absorba o destruya a otra. La globalización deberá asegurar el ámbito de actuación de cada una de estas identidades personales y sociales.
La territorialidad. El reconocimiento de la existencia y la dificultad de la convivencia de las distintas identidades estriba en la territorialidad. Es decir, en la ocupación de un espacio físico, urbano, mental, literario, religioso, de los medios de comunicación, etc. donde cada identidad pueda desarrollar su vitalidad sin cortapisas ni imposiciones y pueda expansionarse en razón del crecimiento de sus miembros.
El asentamiento de una identidad en una territorialidad le da derecho a controlar la producción agrícola de la tierra, pero ¿También le da derecho a la implantación de técnicas de producción contaminantes, a la deforestación, a la transformación del paisaje y a atribuirse los productos que pueda extraer del subsuelo?
Por otra parte ¿Quién señala y con qué criterios la territorialidad, el espacio de ocupación cultural, lingüístico, folklórico y aun estrictamente físico de la identidad gitana o de la identidad marroquí que ha llegado como emigrante al primer mundo?. ¿Cuál es la territorialidad de la identidad gibraltareña, ceutí o melillense, andorrana o monaguense?. ¿Cuáles son los criterios que han dado en la historia legitimidad internacional a las conquistas fenicias, romanas o púnicas, a las portuguesas, españolas, inglesas, francesas u holandesas en tierras denominadas sus colonias?. ¿Qué nuevas mayorías o identidades en una globalización mundial podrán controlar la producción de materias primas, normalizar los mercados, ordenar los flujos de población y aun alterar las fronteras territoriales que las identidades sociales y nacionales se han ido atribuyendo durante siglos?.
En la historia de la independencia de las colonias americanas, africanas o asiáticas con respecto a las metrópolis europeas hemos visto que sólo la fuerza de las armas ha logrado que las nuevas identidades fueran admitidas en el consorcio mundial.
En la experiencia de hoy en día cuando hablamos de sociedad de la información nos encontramos con que la identidad española no admite la identidad gibraltareña y por eso le niega la territorialidad en el Peñón, si bien no puede imponer por la fuerza de las armas su expulsión. Igualmente afirma la identidad de Ceuta y Melilla y exige por la fuerza de las armas la territorialidad de las mismas en suelo norteafricano.
¿Acaso podríamos concebir un mundo globalizado en el que todos fuéramos ciudadanos uniformados hablando una única lengua, leyendo una misma literatura, oyendo la misma música, alimentándonos de los mismos productos, vistiendo pret a porter como funcionarios universales, teniendo una misma cultura y folklore, gozando de la misma filosofía, religión y derecho, es decir, desarrollando idéntica idiosincrasia?.
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7 Junio, 2007, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
Hablamos muchas veces de la RSE desde el punto de vista de la acción: hay que hacer esto o aquello, hay que promover tal política o tal otra… Evidentemente todo eso es muy loable, y entre hacer algo bueno o no hacer nada, lo mejor es hacer.
Sin embargo, esto me recuerda a una idea que un maestro de novicios jesuita solía transmitir a estos: "no por hacer muchas cosas de las que se supone que hacen los jesuitas vais a ser jesuitas. Para ser jesuita hay que vivirse como tal centrado en Cristo y en Dios" Lo importante, no es el hacer, sino el cómo se hace y desde donde lo hacemos.
Esto es aplicable a la RSE. Estará muy bien todo lo que hagamos a favor de una empresa más responsable y toda la buena imagen que podamos transmitir, pero como ésta no esté arraigada en el ser e identidad de la organización, todo el esfuerzo será en balde a la larga. Si la RSE no forma parte de la identidad y de la ética de una organización al final generará desconfianza, será una responsabilidad motivada por el momento, por los intereses y no por una conciencia ética. Es necesario que la RSE se entronque en la ética de la organización en aquello que de una manera u otra da identidad a la empresa.
Aún así, al igual que en la Compañía de Jesús, un jesuita necesita unos 10 años o más para completar su formación y su integración en la Congregación, la integración de la RSE en la identidad y en la ética de la empresa tampoco se va a lograr de hoy para ayer. Será necesario tiempo, el asentar bien las bases y el ir avanzando sin miedo a retroceder un paso atrás para dar dos adelante.
¿Y ustedes qué opináis al respecto?
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