Interpretando a Milton Friedman y el “Triunfo” de la Nueva Economía

15 Marzo, 2007, por Emilio Urbina Mendoza
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En 1970 el economista Milton Friedman publicó un extenso y polémico artículo en el New York Times cuyo título era “The Social Responsability of Business is to increase its profits” [La responsabilidad social de los negocios es incrementar las ganancias] bajo calidad de respuesta a lo que meses atrás se habían formulado altos ejecutivos de la General Motors, en especial, el entonces Chairman de la gigante automovilística James Roche. El texto en ciernes fue objeto del análisis académico durante los años 70 y 80 del siglo XX, justo en el momento de las lacerantes amonestaciones formuladas por la naciente e incipiente ética empresarial, que ante los desafíos causados a gran escala por la contaminación y el modelo de desarrollo industrial desigual, requerían de elementos para la discusión de lo que comenzaba a llevar por nombre “Social responsabilities of business in a free-enterprises system”.

El trabajo de Friedman no sólo despertó la disputa entre los altos jerarcas empresariales del momento que veían la desintegración del esquema capitalista industrial tradicional, sino, que abrió el compás para desarrollar lo que hoy se impone como una necesidad en el mundo de los negocios bajo contextos de globalización y nueva economía: el compromiso social con el entorno que rodea a la empresa y su interacción con los problemas que van más allá del ámbito negocial. Un tópico que a simple vista luce como de fácil asimilación entre los empresarios y aquellos actores conexos, pero, que en la práctica podría resultar un obstáculo a la iniciativa privada que ha impulsado la historia económica de los dos últimos siglos. Dificultad que pudiera trasmutarse en estorbo para el empresario, capaz de llevarlo a la quiebra sólo por un mero capricho, a veces, avalado por imposiciones gubernamentales.

¿La responsabilidad social de la empresa es una necesidad, es una realidad, un concepto vacío o una necedad?

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La RSE y Milton Friedman

14 Noviembre, 2006, por Alfonso Ernesto Benito Fraile
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En uno de los comentarios al artículo de Luis Martínez, La (IR)responsabilidad social empresarial como (DES)ventaja competitiva, se recordaba la opinión de Milton Friedman, según la cual la única responsabilidad social de las empresas consiste en generar beneficios. Es cierto, cuando se habla de la Responsabilidad Social de las Empresas, uno de los autores que se toman para poder rechazarla, suele ser a Friedman, quien afirma que la única responsabilidad social de las empresas consiste en la maximización de beneficios para los accionistas, pero teniendo en cuenta “las reglas básicas de la sociedad, encarnadas en la ley y en las costumbres éticas”.

Ciertamente, las teorías de Friedman pueden ser, y han sido, discutidas desde diversos puntos de vista. Sin embargo, no creo que se deban utilizar, hoy en día, para desacreditar la Responsabilidad Social de las Empresas. En mi opinión, cuando Friedman habla de la RSE se refiere a lo que hoy en día llamamos acción social. Este autor escribe a finales de los 60, una década donde el concepto de RSE es reciente y donde se les exige a las empresas y a sus gestores que contribuyan a solucionar problemas sociales del momento. Sin embargo, en mi opinión, la acción social es una parte de la Responsabilidad Social, es quizá la parte más visible, la que muchas empresas más publicitan, pero que no tiene que hacernos olvidar otros elementos de la RSE como son los tipos de contratos, el tratamiento que se da a los empleados, todos las acciones relacionadas con los DD.HH. y del trabajador… junto con otros aspectos relacionados con el resto de grupos de interés o stakeholders. Creo que la asunción de esas responsabilidades no quedan anuladas en la afirmación de Friedman, el cual a mi entender considera que la mejor aportación que una empresa puede hacer a la sociedad es generar empleo y beneficios que permitan continuar invirtiendo económicamente en esa misma sociedad, generando de ese modo bienestar y riqueza para las personas que viven en ella. ¿Eso quiere decir que hay que someter todo a la maximización del beneficio? Creo que Friedman marca dos límites: la ley y las costumbres éticas. Límites que en la actualidad, en ciertos aspectos, pueden ser el medioambiente, las deslocalizaciones, la inserción de la mujer en el mundo laboral, la conciliación entre la vida laboral y personal son distintos a los desafíos éticos con los que se encontraba Friedman hace 30-40 años.

En ésta misma línea, pueden leer el artículo, recogido por la asociación ‘Ética, Economía y Dirección’, del prof. Antonio Argandoña, de IESE de Barcelona.

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