¿Cómo hacer valer la RSE en ambientes de hostilidad ideológica estatal?
29 Mayo, 2008, por Emilio Urbina Mendoza

Cuando la RSE es abordada como concepto o esquema de acción, sea para defenderle o atacarle, siempre se concibe bajo un ambiente económico y social casi diríamos de laboratorio. Es decir, se aplican los elementos clásicos que la distinguen de otra forma de pensar y accionar ético en el mundo de los negocios. Por lo general, la RSE pasa preferiblemente en los espacios donde una economía equilibrada de libre mercado es lo suficientemente miope para satisfacer las demandas sociales. También es visible la RSE en las sociedades cinceladas por el Welfare State, en la cual, se arguye para saltar los escollos de una legislación impositiva asfixiante al aparato productivo. En ambos casos la RSE pareciera funcionar tan diligentemente como si de un silogismo categórico se aplicara.
Pero, más allá de las consideraciones teóricas acerca de la RSE en las naciones pertenecientes a la ODCE. Más allá de su categorización como nueva rama de la ética en los negocios. Y más allá de su creciente aceptación cultural en los predios empresariales; la RSE tiene un potencial enorme en aquellos países donde todo conspira contra sus propios elementos. En este caso nos referimos a su aplicación y defensa en las sociedades donde el cerco ideológico estatal es moneda de curso y cambio cotidiano. ¿Qué hacer con la RSE en dichos Estados? ¿Anularla? ¿Crearle otras condiciones? ¿Mutarla?
La cuestión acá planteada se torna relevante, incluso a tono de desafío, para aquellos arquitectos intelectuales de la actual RSE. Es muy fácil debatir el concepto en países donde las variables económicas y sociales son prácticamente predecibles bajo patrones de racionalidad económica. Pero, en otras latitudes, donde precisamente lo más cierto es la incertidumbre, la RSE no puede cerrar sus puertas por "falta de ambiente", sino, que se potencializa como instrumento de justicia social generalmente silenciada por los excesos ideológicos. Ahora bien, en este contexto, no hacemos sólo alusión a los países donde quedan vestigios de materialismo dialéctico, ya que, también se puede hablar de hostilidad ideológica en los lugares donde un liberalismo feroz erige altares ideológicos a la mano todopoderosa del mercado y la propiedad privada.
En estas situaciones de hostilidad ideológica contra la RSE, vale destacar dos cometidos. Primero, quienes cultiven el concepto deben cuidar de la contaminación ideológica a la RSE, evitando que a ésta se le anexen elementos que la desnaturalicen. La RSE no puede tornarse en propaganda de un sector de la sociedad, sea estatal o privado. Segundo, la RSE debe evitar transformarse en arma contra la ideología imperante, es decir, como un concepto retador al status quo ideológico. La RSE no puede competir con las políticas sociales de un Estado ideologizado, ya que, termina siendo manipulada para otros intereses contrarios al bienestar integral que debe general la empresa en los lugares donde funciona.
¿Qué opinan ustedes?

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