Liderazgo resonante

21 September, 2009, por Eduardo Jubete Díez
http://www.deguate.com/gestion/images/liderr.jpg

 CEIG: Grupo de Innovadores en Gestión

Cierta persona dijo una vez que "el liderazgo era el fenómeno más estudiado pero menos comprendido" sobre la faz de la tierra. Esta afirmación, que un principio puede resultar chocante, puede entenderse si se tiene en cuenta que, a lo largo de la historia, el ser humano ha brindado continuamente alas a la razón, ya desde la ilustración, dejando las emociones como algo secundario.

En el momento que esta cita salió a la luz, todavía nos encontrábamos inmersos en una cultura laboral dónde las emociones había que dejarlas en casa antes de ir al trabajo. Los líderes no podían mostrar sus emociones, concebidas estas como signos de debilidad. 

Sin embargo, el liderazgo no puede ser comprendido bajo una perspectiva únicamente racional y por suerte, haciendo honor a la frase de que lo único constante en la vida es el cambio, me enorgullece pensar que las cosas en la actualidad pueden ser diferentes. Simplemente basta con mirar muchas organizaciones de nuestro entramado empresarial para cerciorarnos de que  hay empresas que están desarrollando un modelo diferente de gestión.

La semana pasada todos los miembros del CEIG tuvimos el placer de escuchar a  Lorenzo Mendieta director general de Alcorta, en una ponencia en la que nos explicó el modelo actual de gestión que se está llevando a cabo en su organización y el proceso de cambio que habían vivido. A pesar de que no sean buenos tiempos para el sector de la automoción, Lorenzo cree en el liderazgo emocional para lograr  conseguir sus objetivos.

Debemos darnos cuenta de que el éxito de un líder no depende tanto de lo que hace como del modo en que lo hace. Es precisamente ahí donde reside la tremenda importancia de las emociones en el liderazgo empresarial.  Esto puede ser observado en acciones tan dispares como pueden ser la movilización de un grupo de personas, en los procesos de planificación o en la toma de decisiones. 

Para liderar un grupo de personas, es necesario poder influir  en las emociones de los demás. El funcionamiento de un grupo puede alcanzar cotas muy elevadas cuando las emociones de los miembros del grupo se orientan hacia una dirección positiva, con ilusión, entusiasmo, alegría, optimismo y empatía.  De esta manera, los líderes pueden movilizar lo mejor de las personas, logrando  la tan ansiada resonancia, que no es otra cosa que el cultivo de las emociones positivas dentro del equipo.

Esta es la premisa fundamental del liderazgo resonante que Richard Boyatzis y Annie Mckee se esfuerzan por divulgar en varias de sus obras, explicando la importancia de combinar los diferentes estilos de liderazgo en cada momento para generar esa conexión con sus colaboradores y evitar caer en la disonancia, que tanto daño puede hacer en un equipo de trabajo.

Para ello, no solamente deberemos aprender a cultivar las emociones positivas en nuestro lugar de trabajo, sino que deberemos aprender a desaprender ciertos hábitos, costumbres o conductas que nos alejen de lograr esa resonancia que nos permita que todo vaya viento en popa a toda vela.

¿Usted qué opina al respecto?

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¿Toda la iniciativa de la RSC para las empresas? No.

26 January, 2007, por

Sabemos que las empresas están para ganar dinero, por eso me parece demasiado ingenuo pensar que algo como la filosofía de hacer negocios con un cierto “tinte” de RSC pueda tener para ellas el mismo significado que para el ciudadano de a pie pero interesado en saber cómo funciona el mundo que le rodea. Para la mayoría (seré indulgente y creeré que pueda haber alguna excepción), la RSC es un elemento extraño más al que tienen que adaptarse poniendo en el menor riesgo posible su negocio o, incluso, aprovechándolo para aumentar aquél.

Es conocida en esta plataforma de debate mi pesimismo sobre el poder de los consumidores, pero además hoy estoy especialmente irritado con el comportamiento de los políticos, europeos en este caso.

Hace unas semanas Europa se conjuraba para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y al mismo tiempo pararle los pies a Rusia para que no nos tenga cogidos por… ahí. Se habló de aumentar la eficiencia (aunque no he leído ni oído mencionar ningún plan para mejorar las redes de distribución de la energía, por ejemplo), de diversificar las fuentes de la energía que consumimos (para alborozo del lobby pro-nuclear) y de reducir el consumo (algo que sólo podremos hacer los particulares -que en eso sí que tenemos algo de parte- porque las empresas tienen que seguir produciendo y saben que como no se las va a condenar a ninguna multa, tienen vía libre para seguir como hasta ahora). Cuando uno oye tanta palabra así de golpe, con unos porcentajes la mar de optmistas y rimbombantes con los años para los que se prevén, pues casi hasta se alegra.

Hasta que uno lee una noticia como ésta, en elpais.com. Para ahorrarle al lector con prisas el viaje hasta otra página, resumiré diciendo que Europa da vía libre a las empresas automovilísticas que venden coches aquí a seguir sin reducir las emisiones de carbono de éstos hasta los niveles que las casas habían firmado con la Unión Europea.

Segunda en los morros de los que pensamos que no se le pude dejar a sus anchas a la empresa para que siga haciendo lo que le venga en gana (la primera fue el levantamiento de la prohibición a las químicas de usar componentes peligrosos en sus procesos de producción si el beneficio monetario era suficiente).

¿Por qué traigo esa noticia y mi airada protesta aquí? Porque en una primera fase las empresas se habían comprometido, dentro de su “apuesta” social por reducir voluntariamente las emisiones de los vehículos que fabricaban. Y sí, las han reducido, en cifras auténticamente ridículas, y en todo caso muy alejadas de sus promesas iniciales.
Uno de los motivos, entre otros, está en el aumento de ventas enorme que están experimentando sus vehículos todo-terreno, auténticas “bestias” que consumen a ritmo de superdeportivo, y mueven mucho más peso que un turismo, por ejemplo. Se me podrá aducir que aquí intervienen los clientes que son los que demandan ese tipo de coches, pero yo pienso que son las propias compañías las que han hecho aparecer esa demanda, con una muy agresiva publicidad de dichos automóviles.

¿Y qué hace el político bruselense? Pues acatar las recomendaciones del lobby automovilístico, que tiene miles de ofertas de aldeas del mundo empobrecido para que empleen allí a sus ciudadanos con sueldos irrisorios y sin apenas derechos laborales, y que sólo están esperando un gesto mal hecho en Europa para llevarse todas sus fábricas.

¿Dónde queda la apuesta de esas empresas por la responsabilidad social, en un tema tan importante como la contaminación del planeta donde vivimos?¿Y dónde las muestras de Europa por reducir sus emisiones a la atmósfera como ejemplo al mundo de que es posible un desarrollo (más) sostenible?

Esta noticia no hace más que reafirmarme en algo que ya expresé en algún comentario o artículo anterior, y es que la apuesta de la empresa por la RSC será tanto más fiable cuanta mayor presión política reciba al respecto. Y como mejor se presiona desde la política es con leyes.

Tags: , , , , , , , , , ,