18 January, 2010, por Rogelio Fernández Ortea
Después de llevar tiempo dedicado a profundizar en la Inteligencia Emocional y estando interviniendo en un curso de formación en Liderazgo para directivos en una importante empresa vasca, me perseguía una pregunta: ¿Cómo podemos desarrollar las competencias emocionales relacionadas con el liderazgo? Los asistentes al curso tenían ya el conocimiento suficiente sobre las diferentes teorías del Liderazgo, estaban convencidos de la necesidad de implantarlo en su organización, en toda la empresa, pero necesitaban algo más, necesitaban desarrollar las competencias emocionales del liderazgo, pero eso… ¿cómo se hace?
Está claro que hay que emplear un sistema diferente al que ha utilizado hasta ahora. La Inteligencia Emocional se asienta en circuitos neuronales que están entre los centros ejecutivos del cerebro, los lóbulos prefrontales, y el sistema límbico donde se encuentran la motivación, los impulsos y las emociones con lo que tendremos que desarrollar un sistema de formación que se dirija al sistema límbico y no al neocórtex.
La formación dirigida al neocórtex, que es la habitual, por ejemplo, en los programas de posgrado de las escuelas de negocio, es mucho más rápida para el aprendizaje ya que es asociativa, es decir, establece relaciones para incrementar su comprensión, pero se olvida de forma muy rápida a no ser que se ponga en práctica inmediatamente después de ser aprendida. Pero el desarrollo de competencias emocionales no sólo va dirigido al neocórtex, sino que está centrado en el sistema límbico. Este sistema neuronal tiene una forma de aprendizaje diferente, mucho más lento, ya que para que una competencia se dé por aprendida deben crearse nuevas conexiones neuronales.
El cerebro humano es muy plástico lo que significa que puede crear nuevo tejido y nuevas conexiones neuronales durante toda su vida. No obstante, esta idea también nos adelanta que su desarrollo será mucho más lento en personas adultas que en jóvenes debido a que en los adultos se presenta un doble trabajo: desaprender para luego volver a aprender, o lo que es lo mismo a nivel neuronal, crear una nueva conexión límbica que reemplace a la que queremos sustituir.
Con todo esto parece que el mejor periodo para desarrollar competencias de liderazgo es entre la adolescencia y los 20 años, ya que el cerebro no se ha desarrollado completamente y se asientan mejor los hábitos emocionales sobre todo el autocontrol, la motivación de logro, la colaboración y la persuasión. El aprendizaje adulto requiere mayor esfuerzo y energía: desaprender, aprender y desarrollar nuevas competencias. Sin embargo, y debido a la ya citada plasticidad cerebral, las personas adultas pueden mejorar sustancialmente sus competencias emocionales hasta el final de sus días.
Así mismo, sabemos que las personas aprenden lo que quieren aprender y cuando se obliga a alguien a modificar su conducta, esa modificación dura lo mismo que dura esa obligación, con lo que será muy importante la motivación que tienen las personas para iniciar un proceso de cambio personal y también el clima emocional existente durante el proceso de aprendizaje de los nuevos comportamientos. Por lo tanto, necesitaremos la motivación de los asistentes, la práctica de nuevos comportamientos y la retroalimentación constante de los avances que se están dando para conseguir desarrollar las competencias emocionales del liderazgo… lo que implica tiempo, mucho más tiempo que en los modelos de formación más cognitivos.
Como síntesis podríamos decir que el desarrollo del liderazgo debe ser lento, AUTODIRIGIDO y que lleve a la consolidación de lo que somos, de lo que podemos ser o de ambas cosas a la vez, lo que sería lo más adecuado: centrarnos en nuestras fortalezas para después poder centrarnos en lo que queremos modificar y desarrollar, y todo ello, con tiempo de dedicación… con mucho tiempo y en compañía ya que aunque sea autodirigido es imposible hacerlo en soledad.
Estas ideas que he plasmado aquí para poder avanzar en la enseñanza del liderazgo no son mías, ¡qué más quisiera yo!, sino que son de Goleman, Boyaztiz y McKee. Estos autores proponen, después de años de investigación, las siguientes fases por las que tiene que pasara este tipo de aprendizaje autodirigido: descubrir quién quiero ser (yo ideal) descubrir quién soy realmente (fortalezas y debilidades); diseñar mi propia agenda de aprendizaje; experimentar y practicar nuevas conductas, pensamientos y sentimientos hasta dominarlos, y crear relaciones de apoyo y confianza que faciliten todo este proceso de cambio.
Este es un sistema para desarrollar las competencias del liderazgo… pero cuál es su opinión sobre el mismo… ¿conocen un sistema mejor?
Bibliografía
GOLEMAN, Daniel; BOYATZIS, Richard y McKEE, Annie (2004). El líder resonante crea más. El poder de la inteligencia emocional. Barcelona: Plaza & Janés, pp. 127-152.
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5 January, 2010, por Rogelio Fernández Ortea

Cuando hablamos de Inteligencia Emocional (IE), de su formación, pienso que generalmente no sabemos muy bien de lo que estamos hablando, o por lo menos es lo que me pasa a mí. Ese es el motivo de este post, presentar un desarrollo lógico de este constructo hipotético que todavía es la Inteligencia Emocional y que nos permita el perfeccionamiento de las competencias socio-emocionales.El primer paso para formar en competencias socio-emocionales deberá estar encaminado a conocer los mecanismos cerebrales que subyacen a las emociones y sentimientos y que provienen de nuestra filogénesis, de la evolución de nuestra especie. "La programación evolutiva es la que pone las emociones en marcha, pero después somos nosotros los que llevamos las riendas. […] Podemos empezar por explicarnos el primer eslabón de la cadena: el desencadenamiento de reacciones emocionales predeterminadas por acción de estímulos naturales o adquiridos. […] Precisamos ir más allá de la evolución para entender las emociones, pero deberíamos hacerlo entendiendo su participación, no pasándola por alto" (LeDoux, 1996: 198).
A continuación, tendremos que utilizar un método que nos permita identificar, usar, comprender y gestionar las emociones, o lo que es lo mismo, desarrollar lo que algunos autores definen como Inteligencia Emocional, para después iniciar el desarrollo de las competencias emocionales. Para ello, es conveniente plantearnos un sistema basado en las investigaciones de Mayer, Salovey y Caruso que entienden la inteligencia emocional como un modelo puro de desarrollo de una inteligencia, sin tener en cuenta el desarrollo de competencias emocionales asociadas a otros ámbitos de la vida. Esto nos dará un marco básico competencial ligado a la IE que generará unas competencias emocionales básicas o metacompetencias como son la conciencia de uno mismo, autorregulación, automotivación, empatía y las habilidades sociales propuestas por Goleman (2004) o la conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, habilidades sociales y habilidades de vida y bienestar de Bisquerra y Pérez (2007).
Finalmente, deberemos aplicar lo aprendido, la identificación, uso, comprensión y gestión emocional para generar el desarrollo de competencias socio-emocionales asociadas a este modelo puro de inteligencia, un ejemplo son las ya citadas conciencia de uno mismo, autorregulación, automotivación, empatía y las habilidades sociales, para posteriormente entrar en modelos mixtos competenciales que dependen o parten del incremento de la Inteligencia Emocional. Entre esos modelos de competencias destacar los referidos a la educación emocional de Rafael Bisquerra y Nuria Pérez (2007), los de competencias laborales de Daniel Goleman (2004), las competencias de liderazgo de Goleman, Boyatzis y McKee (2004), o los de rasgos de personalidad de Reuben Bar-On.
Estos modelos tienen objetivos distintos pero todos parten de la misma idea: el desarrollo de la inteligencia emocional, o percepción, uso, comprensión y gestión de las emociones, como elemento principal para conseguir el desarrollo de las competencias emocionales propuestas por cada autor. Por lo tanto, en un primer estadio deberemos desarrollar la IE, para luego generar la metacompetencia emocional (conjunto de competencias que nos permitirán desarrollar mejor otras competencias) formada por conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, habilidades sociales y habilidades de vida y bienestar de Bisquerra y Pérez (2007) u otros como los de Goleman, ya citado, o los de Boyatzis y MaKee (2006). Posteriormente deberemos utilizar esa metacompetencia para adentrarnos en el avance de los modelos de competencias socioemoconales adecuados a cada entorno y objetivos, tanto los educativos como los familiares, laborales, sociales e incluso deportivos.
Con todo esto, quiero terminar exponiendo la idea ya presentada por otros autores que indica que el desarrollo de la IE debería ser transversal a todo el proceso ya que, como toda inteligencia, tiene un componente evolutivo y se va dando en diferentes pasos sucesivos como ocurre con la inteligencia lógico-matemática o la lingüística. Los planes de formación para este tipo de competencias emocionales considero que deberían seguir este marco de desarrollo, empezando siempre por el componente neurofisiológico de las emociones: conocer para entender.
Y con esta reflexión les dejo, no sin antes agradecerles su atención y pedirles, cómo no, que comenten qué es lo que les parece este escrito y contesten, si lo consideran oportuno, la siguiente pregunta.
¿Cómo desarrollarían ustedes las competencias emocionales?
Bibliografía:
- BISQUERRA, Rafael, PÉREZ, Nuria (2007). Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, 61-82.
- BOYATZIS Richard y MCKEE Aniee (2006): Liderazgo Emocional. Barcelona: Ediciones Deusto
- CARUSO, David y SALOVEY, Peter (2005). El directivo emocionalmente inteligente. Madrid: Algaba.
- GOLEMAN, Daniel (2004): La práctica de la inteligencia emocional. Decimoséptima edición (primera edición1999). Barcelona: Kairós.
- GOLEMAN, Daniel; BOYATZIS, Richard y McKEE, Annie (2004): El líder resonante crea más. El poder de la inteligencia emocional. Barcelona: Plaza & Janés.
- LEDOUX, Joseph (1999). El cerebro emocional. Barcelona: Ariel/Planeta
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10 July, 2009, por Juan Carlos Lopez Ubis
CEIG: Grupo de Innovadores en Gestión
Por mi formación y experiencia profesional desde hace tiempo manejo términos como control emocional, autoconciencia, desarrollo de habilidades sociales, empatía utilización positiva de las emociones, etc., habiéndolos utilizado personalmente y ayudando a otras personas a desarrollarlos. Sin embargo esto lo he hecho sin basarme en la Inteligencia Emocional como constructo. Y ahora es cuando veo que todo esto tiene un sentido como conjunto. Esa serie de competencias que yo había venido utilizando de manera aislada tienen su ubicación en un desarrollo más amplio que es la I. E.
Tengo la suerte de trabajar en una empresa de consultoría que se dedica básicamente a diseñar e impartir programas formativos para desarrollar la I. E. hace precisamente unos días, en una reunión, el director nos preguntó que si lo que hacíamos servía para algo. En mi turno de respuesta dije que yo enfocaría la pregunta desde otra perspectiva: los servicios que ofrecemos a nuestros clientes, ¿satisfacen alguna necesidad? Porque esta cuestión me la había hecho yo justo el día anterior.
Volvía solo en el coche tras haber finalizado un curso de "Desarrollo de competencias emocionales intra-personales para familias". El grupo había sido encantador y en la despedida todo habían sido abrazos, apretones de manos y besos. Mientras conducía pensé en lo sucedido y me pregunté: ¿Había ayudado yo a satisfacer alguna necesidad de esas personas, de mis clientes?
Esta cuestión también me la planteé hace poco después de terminar de dar un curso similar peri para directivos y mandos de una empresa industrial afectada por un ERE. Con franqueza, sin saber todavía con exactitud cómo explicarlo, la respuesta es sí, sí satisfacemos necesidades.
Yo mismo he mejorado mis competencias emocionales a través de utilizar los procesos de identificar, comprender y regular mis emociones.
Una organización, como tal, es la interacción constante y diaria de personas. Esa interacción refleja no ya la suma de capacidades, actitudes, habilidades, experiencia y conocimientos de las personas, sino que de forma exponencial dan a la organización una "nota" en Inteligencia Emocional. Por otro lado, si yo crezco en mi desarrollo emocional, si yo mejoro mis competencias, puedo ayudar a que mi organización, mi empresa mejore. Si la empresa tiene la visión de aprovechar todo el potencial de sus empleados, si quiere crecer emocionalmente, deberá proponer un marco en el que las personas que la integran puedan aportar lo mejor de sí mismas.
Si yo siento la necesidad de mejorar y lo consigo, ayudaré a que mi empresa cambie; y si esto lo hacemos como conjunto, nuestra empresa cambiará rápidamente. Una organización tóxica no es más que un sistema con una nota muy baja en I. E., donde además no es que no se potencie el desarrollo de la I. E., sino que está dominada por emociones negativas y destructivas, con efectos muy desagradables tanto para la propia organización como para las personas que trabajan en ella.
¿Usted qué opina la respecto?
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3 July, 2009, por Rogelio Fernández Ortea
Cada día tengo más claro en mi cabeza qué es lo que la Inteligencia Emocional puede aportar a las organizaciones y esto ha sido resultado fundamentalmente del Curso de Especialización para Innovadores en Gestión (CEIG) que se está dictando en la Universidad de Deusto y que está auspiciado, subvencionado, por el Departamento de Innovación y Sociedad del Conocimiento de la Diputación Foral de Gipuzkoa.La inteligencia emocional puede ayudar a transformar a las organizaciones actuales mediante la profundización en la parte más importante del nuevo paradigma empresarial: la persona, y de esa forma ir generando una nueva cultura, una nueva idea de responsabilidad social corporativa interna que ahonde en el derecho a las persona a estar bien dirigidos. Cultura y Ética que junto con las nuevas orientaciones en la gestión organizacional que ven a los trabajadores como personas y no como medios de producción permitirá, como decía antes, la transformación de la empresa, su cambio.
Y hablo de transformación empresarial a través de la transformación personal que consigue el desarrollo de las competencias emocionales para que esa transformación consiga ir calando en la cultura organizacional y se incorpore en todos los procesos empresariales en los que se debe fundamentar la transformación, como pueden el Liderazgo, la Innovación, el Emprendizaje y el Cambio Organizativo.
En el CEIG, la transformación ya se está produciendo y eso es visible en todas las personas que estamos en el curso, pero especialmente en sus participantes. Sé que no les gusta de hable de ellos pero es el principal activo del curso, su alma, ya que lo son todo… alumnos, profesores, dinamizadores… y sobre todo un grupo de profesionales de empresa que están decididos a plantear la transformación organizacional y qué mejor forma de hacerlo que cambiando primero uno mismo.
Se trata de un grupo curioso ya que es que son más hombres que mujeres, la formación que predomina es la de ingenieros y la edad media se encuentra en los 40 años, todos son personas relacionadas con la empresa… nada parecido a lo que estoy habituado cuando doy cursos de Inteligencia Emocional. Digo esto porque cuando vimos las características demográficas del grupo nos dio la sensación que el reto iba a ser mayor que el que nos planteamos en un principio, pero ha sido todo lo contrario. Estas personas han demostrado a los docentes y a los responsables del Curso que todo el mundo se puede acercar al universo de las competencias emocionales, incluso los hombres de empresa ingenieros de mediana edad (y digo esto con todo mi reconocimiento a este colectivo que tanto peso tiene en nuestras organizaciones, al que tanto debemos y en el que tengo grandes amigos… ¡que quede claro!).
Pero lo que yo les pueda comentar es algo que ya a muchos de ustedes les tiene que sonar. Por ese motivo, me da un gran placer el comunicarles que a partir de esta misma semana ustedes podrán leer las opiniones que los alumnos del CEIG, personas que no son estudiosos de la Inteligencia Emocional sino auténticos practicantes de la misma, tienen sobre cinco temas empresariales: Personas, organizaciones e Inteligencia Emocional; Liderazgo emocional; Innovación, Emprendizaje y Cambio organizativo. Un grupo excelente de personas con una gran dedicación a sus organizaciones y que tienen mucho que decir y cuya transformación ya ha comenzado…
¿Tienen ganas de leer sus reflexiones? ¿Cuál es su opinión sobre lo que pude hacer la inteligencia emocional en nuestras organizaciones?
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5 June, 2009, por Juan Carlos Lopez Ubis
Estoy impartiendo un curso de desarrollo de competencias emocionales a un grupo de directivos y mandos intermedios de una empresa industrial. La acción formativa se enmarca en un proyecto de innovación organizacional, que pretende generar nuevos modelos organizativos, o al menos cambios notables, que incidan en un aumento o mejora de los resultados empresariales a todos los niveles.
Estamos hablando de innovar en la gestión con las personas, para aprovechar mejor las capacidades creativas, facilitar la adaptación a nuevas situaciones, ayudar a establecer estructuras más participativas y abiertas, y apoyar la gestión del conocimiento entre otros aspectos. Pero además, nos referimos también a la innovación personal, entendida como un deseo y una necesidad de cambio individual. Si yo cambio, si todos en nuestra organización cambiamos (porque vemos la necesidad y sabemos hacia dónde orientar ese cambio), nuestra organización cambiará. O visto desde el otro sentido, de nada servirá que mi organización pretenda cambiar si ese proceso no se desarrolla en cada persona. Este proceso debe estar bien definido y orientado, contar con la participación de las personas y ser bien comunicado.
Pues bien, al poco tiempo de comenzar la formación la empresa en cuestión se vio obligada a implantar un "expediente de regulación de empleo". El gerente me convocó a una reunión para ponerme al corriente y transmitirme sus impresiones. Por un lado consideraba que la reducción de la jornada semanal, debida al drástico descenso de pedidos, y dedicar parte de esa misma jornada a la formación tenía difícil acomodo y que así mismo, los participantes podrían sentirse desmotivados. Por otro lado pensaba en que, precisamente, el contenido de la formación que estábamos impartiendo podría ser una buena herramienta para ayudar a gestionar el estado de ansiedad del momento, a afrontar la incertidumbre ante el futuro inmediato, a prepararse para situaciones venideras y, muy importante, a vivir el presente: seguir mejorando la gestión de la organización, dar más protagonismo a las personas y orientarse al logro de objetivos. Decididamente se inclinó por continuar.
He adaptado el discurso a las exigencias de la situación, con el fin de alumbrar aquellas cuestiones más relacionadas con las necesidades reales. En un reciente artículo de una publicación económico-empresarial he leído que según una encuesta, el 60% de los trabajadores españoles (de diversos niveles) confían en que sus empresas saldrán de la crisis y que ellos conservarán sus empleos. A lo largo de este tiempo mi empeño ha sido colaborar para que la formación pudiera aportar algo más a un equipo humano lleno de ilusión y esperanza.
El objeto de éste post es precisamente relatar cómo un equipo de personas que están viviendo unos momentos muy complicados están, cada uno en su parcela, centrados en los objetivos, dando ejemplo, desplegando talento de liderazgo positivo y, algo esencial, gestionando la esperanza. Esperanza entendida no como un deseo ilusorio, sino como la energía motivadora que desplegamos para conseguir nuestros objetivos y los pasos que damos en la dirección de estos.
Hace unos días esa esperanza ha dado sus frutos, y esta empresa ha conseguido un nuevo e importante cliente que aumentará su carga de trabajo en una gran medida. Enhorabuena.
¿Qué papel le adjudicamos a la esperanza en nuestras vidas? ¿Es la esperanza una herramienta válida para la gestión empresarial? ¿Es la esperanza un antídoto para la crisis?
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30 March, 2009, por Rogelio Fernández Ortea
¿Cómo se puede innovar en gestión?
Ésta es una pregunta que se hacen muchos profesionales del managemet y quizás la respuesta, o una de las respuestas posibles, puede estar en el ámbito de la Inteligencia Emocional (IE). La Inteligencia Emocional, el paradigma que propugna y que fue popularizado por Daniel Goleman, propone la necesaria unión de razón y emoción para que los procesos del ser humano, como la toma de decisiones, se produzcan con mayor acierto. Entonces… ¿por qué no aplicarlos a la dirección de empresas?
Estamos cansados de oír que las personas son lo más importante de nuestras organizaciones; que son la principal fuente de ventaja competitiva con la que cuentan las mismas; que son la fuente de la innovación; que en la sociedad del conocimiento en la que estamos inmersos son el nicho más importante para extraer, generar y socializar el nuevo conocimiento que nutra a nuestras empresas, pero… ¿comprendemos, tratamos a las personas como lo que somos, esa maravillosa mezcla de razón y emoción?
Muchos de los procesos que más valor generan hoy en día en las organizaciones modernas tienen su sustrato en las emociones. La ilusión, la esperanza y la frustración son elementos consustanciales al emprendizaje, bien sea externo o interno. El miedo subyace a los procesos de cambio con su contrapunto en el anhelo y en la confianza de llevarlo a buen puerto entre todos. La innovación en producto, servicio, marketing u organizativa es imposible si sólo se nutre de la razón para su desarrollo: necesita alimentarse de emociones positivas como la alegría para iniciar el proceso creativo que da lugar al pensamiento expansivo, así como de un adecuado control emocional posterior que acompañe al pensamiento analítico necesario para tamizar las ideas y apostar por un itinerario de innovación que augure resultados empresariales con un nivel de riesgo medido. El liderazgo, es una de las cualidades y situaciones más buscadas por las empresas y que, precisamente por su constante relación con las personas, descansa en la inteligencia emocional y en la generación de emociones positivas en los seguidores, que no son quiénes harán cosas… sino quiénes querrán hacerlas con confianza, con ánimo, con creatividad, con sentido y ,por qué no decirlo, con alegría también. Entonces… ¿ por qué no unir las dos cosas?… ¿Por qué no unir razón y emoción en el management? ¿Por qué no innovar en la manera en la que concebimos la gestión de nuestras empresas sean micro empresas, pequeñas, medianas o grandes?… ¿sean del sector que sean?
Eso es precisamente lo que lo que va a apoyar el Departamento de Innovación y Sociedad el Conocimiento de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Y este apoyo lo va a realizar con un curso de especialización para Innovadores en Gestión que va a poner en marcha la Universidad de Deusto en su campus de San Sebastián. Se trata de un curso orientado a licenciados y diplomados que estén trabajando en empresas de nuestro territorio y que desee aplicar los principios de la Inteligencia Emocional a los procesos empresariales como el Emprendizaje, la Innovación, el Cambio Organizativo y el Liderazgo. El programa se construye con la combinación de razón y emoción, formando en ambas dimensiones a los participantes para llevar a cabo plenamente esos procesos sobre los que pivota la competitividad actual y futura de nuestras empresas y organizaciones. Estos participantes serán capaces de equilibrar la puesta en marcha de procesos de cambio, emprendizaje, innovación y liderazgo desde la técnica, desde la sistemática de la Dirección de Empresas, pero conociendo y dominando el sustrato emocional que tienen que ser capaces de gestionar. Y nada mejor para ello que situarse en esa nueva plataforma que aflora con el desarrollo de las competencias emocionales en las personas que van a llevar a cabo dichos procesos.
Se trata de un curso innovador, que aspira a mejorar algunos de los principales procesos empresariales mediante el desarrollo de esa meta- competencia que es la Inteligencia Emocional; y decimos meta-competencia porque consigue potenciar un despliegue más positivo y orientado del resto de competencias que tenemos, o que podemos adquirir.
Los resultados del curso serán evaluados desde la propia Universidad de Deusto, tratando de medir la mejora en las habilidades socioemocionales de los participantes y en su capacidad de acción e influencia en las organizaciones a través de un proyecto específico. Ojalá, más adelante, se pueda comprobar su efecto en la mejora de los resultados de las organizaciones donde trabajen los innovadores en gestión.
A mí me parece una idea estupenda que hace de nuestro territorio un espacio innovador incluso en los aspectos de la gestión de empresas y, ojalá también, en un territorio más emocionalmente inteligente…. Yo me apunto a esta iniciativa… y ustedes….
¿Qué opinan usted? ¿Qué les parece esta iniciativa? ¿Consideran que la IE es una herramienta para la innovación en la gestión?
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15 February, 2008, por Aimara Atutxa Zalduegui
Soy nueva en estos derroteros… no en mi autopercepción como ser emocional (siempre presente y evidente en mi carácter), sino en cuanto a escribir en este blog lo que desde mi humilde opinión creo y siento como ser emocional.
Si me permitís en esta primera ocasión, voy a hablaros de mi momento actual, pero aprovechando eso sí, mi historia para hablar de las emociones, que es de lo que se trata y pretendiendo haceros llegar el por qué de mis palabras… "hoy me siento… artista".
Hace tan solo unas semanas he cambiado de trabajo y he iniciado algo nuevo y diferente, que apenas guarda relación en lo técnico con mis 8 años de trayectoria anterior, pero impulsada por algo que en mi interior me decía que era el momento de probar y de hacerlo además por iniciativa propia, montando mi propia empresa junto a otras dos personas, experiencia también nueva para mí.
Inicio este camino llena de ilusión, de proyectos, ideas… pero también de dudas lógicas ante una situación de cambio… ¿seré capaz?, ¿podré?, ¿me gustará?… pero en cualquier caso, con el convencimiento de haber empezado a andar mi propio camino… a definir mi propia senda en cuanto a dónde y a qué quiero destinar mis esfuerzos y energías…
Ser emocionalmente inteligente en el trabajo, este es el tema del que quiero escribiros, pero no desde la perspectiva de la que en otras ocasiones he leído y comparto (aquella basada en que el resultado de mi trabajo en cuanto PERSONA, es el resultado de mis habilidades o competencias racionales y cognitivas, junto a las emocionales), sino desde un estadio anterior o previo: la perspectiva de la razón y emoción a la hora de elegir a qué trabajo voy a dedicar mis habilidades o competencias racionales y emocionales, a qué me voy a dedicar, en qué quiero trabajar…
Sin tener una vocación clara en la vida, estudié una carrera, derecho económico, que amplia posibilidades, abre puertas… una vez terminada la carrera me dediqué durante muchos años a la consultoría, un trabajo que igualmente amplia posibilidades, abre puertas, …
Hoy tengo la sensación de que a medida que cumplo años, tengo más claro lo que quiero en la vida a todos los niveles, entre ellos el laboral y sobre todo lo que no deseo, y siento una necesidad: la de hacer que mi trabajo se asemeje lo máximo posible a mi ser, a mi identidad, a mis potencialidades, a aquello que me "diferencia" de los demás, a aquello con lo que disfruto… y que en definitiva, al permitirme ejercitarlo, me hará feliz.
Me apetece experimentar y trazar un camino que tenga que ver más conmigo, que yo misma diseñe y modele… como si tuviera un trozo de arcilla ante mis manos que pudiera modelar a mi gusto…, como el artista…, buscando la realización de la visión, la misión y el objetivo emprendido.
Hay quien dice que el trabajo es solo eso, trabajo… pero estando de acuerdo con que tan solo representa uno de los pilares de mi felicidad, lo cierto es que paso 8 horas al día, 40 horas a la semana, 320 horas al mes y alrededor de 1800 horas al año en el trabajo… Que no dejan de ser 1800 horas de MI VIDA!
Y llegados a ese punto, quiero que el trabajo se asemeje lo máximo posible a lo que quiero que sea mi vida.
Quiero construir mi vida y construir mi trabajo, al menos en la parte en la que no dependa del azar o de la fortuna, sino de mí.
Quiero que se trate de mi camino, al margen de lo que socialmente o para otros, sea más o menos "normal", más o menos comprendido, compartido o aceptado.
Quiero que la "escultura" que yo modele sea mi obra de arte, y refleje parte de mi ser y de mi sentir, que sea reflejo de mi personalidad, de mi identidad… y sentirme identificada con ella al verla.
Y es que… voy proporcionándome respuestas… y todas me levan a un mismo punto: mi felicidad la encuentro más por la senda del SER que por la senda del DEBER SER… por la senda del VIVIR MIS SUEàOS, MÁS QUE POR LA DE SOàAR MI VIDA… implica riesgos, dudas, inseguridades… pero conlleva autenticidad…
¿Qué es el trabajo? ¿Qué es soñar? ¿Qué es vivir?…Todo esto es, ¿ser emprendedora?
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8 February, 2008, por Pello Biain González
Hay un pensamiento de Unamuno en el libro "Ecología emocional" que me ha gustado. Dice que cada vez desconfía más de la cuestión social, política… y que cada día está más convencido de que la única cuestión realmente importante es la cuestión humana y que, el resto de cuestiones nos hacen desviarnos de esta cuestión crucial; por lo que, mientras no se encare la cuestión humana, no resolveremos los problemas.
Parafraseando a Unamuno, podríamos decir que, en el campo de la innovación empresarial, aun siendo decisivos aspectos como la innovación en la tecnología, modos de producción, productos, procesos, sistemas de organización… la clave está en incidir en la cuestión humana, incidir en las personas.
Innovar es un problema en el buen sentido de la palabra, es decir, una situación que, si la resuelvo adecuadamente, me ayuda a mejorar, a cambiar, a adaptarme con éxito.
Para resolver el problema de la innovación es necesaria la creatividad, el pensamiento lateral: ver las cosas de otra manera y con otros ojos, superar constantemente los modelos estables (creencias, prejuicios, formas de pensar, hacer y actuar, sistemas, productos…). Así pues, hay que despertar el potencial creativo de todas las personas de una empresa u organización y aprovechar los conocimientos explícitos o implícitos (experiencia acumulada, ideas, ocurrencias, sugerencias… ) y ofrecer cauces de participación.
Pero la base de la inteligencia lateral o creatividad es la inteligencia emocional, ya que la predisposición emocional ante un problema condiciona (o determina) su resolución. Sólo desarrollando la autoconfianza, la autonomía, la curiosidad, la ilusión por aprender y cambiar, el pensamiento positivo, la autoestima, la automotivación, el comportamiento prosocial y colaborador… de las personas que trabajan en la empresa, podemos desarrollar la creatividad. El desarrollo de las competencias y habilidades emocionales son el trampolín de la creatividad y la innovación.
Pero esas competencias emocionales, además de facilitar a las personas para que sean más creativas e innovadoras, también las hacen mejores en el sentido humano y ético del término, ya que la innovación y la creatividad deben satisfacer las necesidades empresariales, pero en sintonía con las necesidades cada vez más globales y apremiantes de la especie humana: paz, salud, justicia, igualdad, libertad, equilibrio ecológico. Y sólo desde las emociones positivas como el respeto, el amor, la solidaridad… podemos hacer compatibles el desarrollo económico y empresarial y el desarrollo ético y humano.
Aunque, paradójicamente, esas emociones positivas no son nada innovadoras, son como agua nueva de una fuente ya muy vieja….
¿Usted qué opina?
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6 February, 2008, por José Antonio González Suárez
En el post anterior hablé de las consecuencias que conlleva tener un desarrollo no adecuado de las competencias emocionales, hoy hablaré de los beneficios logrados, basados en los innumerables estudios estadísticos realizados en la última década:A nivel de salud: Aumentan las defensas inmunológicas, y una elevada resistencia a contraer enfermedades, principalmente psicosomáticas. El absentismo laboral, se ve reducido tanto en cantidad como en duración.
- A nivel mental: Aceptan con tranquilidad los errores personales y son capaces de consentir los errores ajenos. Realizan críticas, pero de forma positiva y constructiva. Se auto-motivan y son conscientes de sus puntos fuertes y débiles, convirtiendo estos últimos en áreas de mejora.
- A nivel emocional: Las emociones que con más frecuencia e intensidad sienten y expresan son: la alegría, el pensamiento positivo, la tranquilidad, la tolerancia, la generosidad y la confianza. Ante situaciones emocionalmente adversas, son capaces de mantener la calma y ante personas emocionalmente alteradas, transmiten sosiego y firmeza.
- A nivel conductual: Son personas básicamente asertivas. Defienden y exigen el respeto de sus derechos y a su vez, aceptan el respeto que los demás se merecen. Sus relaciones personales se basan en la igualdad de derechos, siendo conscientes de las diferencias personales y profesionales de las personas.
- A nivel social: Son personas que escuchan activa y dinámicamente, saben ponerse en la piel de los demás (empatía). Se enfrentan a los problemas con firmeza, de forma positiva y con confianza.
- A nivel personal: Son personas con un buen nivel de auto-estima, confianza en sí mismas y a la vez en los demás y en general utilizan las siguientes valentías:
⠬? Progresan y se superan ante sus propias limitaciones y las de los demás
⠬? Se superan a sí mismos más que competir con los demás
⠬? Corren riesgos y aceptan la posibilidad de equivocarse
⠬? Entran en acción al momento y no continúan diciendo aquello de 'mañana empiezo…'
⠬? Establecen y basan su vida en principios éticos
La Inteligencia Emocional nos muestra que todos estos beneficios están a nuestro alcance pero para ello necesitamos un "entrenamiento emocional".
Quisiera terminar recordando la gran lección que uno de mis grandes maestros me proporcionó al decirme: "Piensa José Antonio que cuando apuntamos con un solo dedo a los demás, bajo ese mismo dedo índice hay otros tres dedos escondidos que apuntan hacia nosotros mismos". Antes de pensar en los demás y aventurarte a culparles o a darles consignas, es bueno que reflexiones, para y desde uno mismo.
¿Usted qué opina?
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8 January, 2008, por Yovanni Castro Nieto
Al recoger la información necesaria para fortalecer la toma de decisiones en una PYME global, debemos tener en cuenta que la balanza se va a inclinar hacia la perspectiva del contexto medio ambiental y económico. Un análisis exhaustivo de la información reunida permite respaldar las decisiones y posibilitan el control económico de la empresa.Los proyectos de desarrollo de productos en empresas globales abarcan muchos aspectos y el seguir un proceso estructurado internacionalmente, innovador y creativo dará confianza en las decisiones y estrategias escogidas.
De esta manera, ayudar a definir estas decisiones es un tanto difícil al momento de gestionar los procesos productivos. En otras palabras, el desarrollo sostenible se transforma en el complemento esencial del desarrollo de un producto competitivo. En este proceso se debe asignar al medio ambiente la misma importancia que le asignamos a los valores industriales y comerciales más tradicionales: ganancias, funcionalidad, estética, ergonomía, imagen y, sobre todo, calidad. Podemos observar como la empresa cada día acepta de manera más estructurada y racional que los aspectos medioambientales pasan a ser la esencia de los valores tradicionales del mercado.
Así, el medio ambiente se considera el fundamento esencial del ecodiseño en productos que deben definir una estrategia competitiva de ciclo de vida de desarrollo y crecimiento, considerada uno de los objetivos esenciales de una empresa global.
Por otra parte, la estrategia competitiva de una PYME global también depende en gran medida de la suma de talentos. Y a esos talentos no se le deben limitar las competencias emocionales que les impida asociar la ejecución de proyectos con la creatividad, porque las ideas surgen esencialmente cuando los empleados liberan sus emociones, escalan problemas familiares, personales, laborales entre otros y también al equilibrarse emocionalmente en ambientes de empresas socialmente responsables.
La PYME global que tenga en cuenta el ecodiseño como propiedad de integrar las fuentes de talento al proceso productivo ideal, siempre va a requerir de una excelente capacidad de formar equipos que se relacionen con clientes en cualquier parte del mundo.
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