El impacto medio ambiental que producen los biocombustibles

5 Mayo, 2008, por Carmen Cecilia Ochoa Arellano
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Actualmente hemos escuchado constantemente el término biocombustible. Cuando utilizamos este término, nos referimos a cualquier tipo de combustible que se derive de la biomasa.

Los biocombustibles más utilizados y en mayor estado de desarrollo son:

- El bioetanol: se obtiene a partir de maíz, sorgo, caña de azúcar, remolacha, y de cereales como el trigo y el arroz.
- El biodiesel: se fabrica a partir de aceites vegetales, tanto usados como sin usar. Los raps, canola, soya o jatrofa, son cultivados para este fin.

La investigación para desarrollar los biocombustibles se generó como una alternativa para reducir la utilización de combustibles fósiles, y de esta manera reducir significativamente la emisión de gases contaminantes resultado de su combustión.

Sin embargo, estudios recientes han arrojado por un lado resultados favorables y por otro resultados poco alentadores sobre esta sustitución.

En cuanto a los resultados favorables se tiene:

  • La utilización de biocombustibles de origen vegetal produce una menor concentración de azufre por unidad de energía en las emisiones.
  • Los biocombustibles producen 50% menos de emisiones nocivas a la atmósfera, siempre que se utilicen los procedimientos y técnicas adecuadas para su cultivo.

En cuanto a los resultados desfavorables se tiene:

  • En determinadas condiciones, debido a la utilización de fertilizantes nitrogenados, la utilización de biocombustibles puede generar mayores emisiones de óxidos de nitrógeno que los combustibles fósiles.
  • Las plantaciones para biocombustibles, en muchos países subdesarrollados, están desplazando y destruyendo espacios naturales, entre ellos, selvas y bosques.
  • La destrucción de vegetación, ha incidido directamente en la cantidad de CO2, que el proceso de fotosíntesis de la planta es capaz de neutralizar, debido a que el tipo de cultivo sustituto tiene menor capacidad para "limpiar" el aire.
  • Sin duda, uno de los resultados desfavorables más importantes, es la incidencia directa sobre el sector alimentario. Ya que grandes zonas de cultivos tradicionales han sido utilizadas para cultivos de biocombustibles. Impulsando la competencia entre productos destinados a la alimentación y la producción de biodiesel, y por lo tanto el costo de los productos alimenticios.

Los países desarrollados han proyectado para un futuro muy próximo, la utilización de grandes cantidades de biocarburantes. En los Estados Unidos se necesitará toda la cosecha de maíz y soja para cubrir este incremento, mientras que en Europa se dedicaría el 70% de su producción agrícola.

Sobre este problema, se han pronunciado instituciones y organismos como el Instituto Internacional de Investigación del arroz y el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional, que recomiendan a los países imponer una moratoria sobre el etanol y el biodiesel producidos a partir de granos o de derivados de oleaginosas.

También la ONU se ha pronunciado al respecto, alertando que la producción de biocombustibles hará subir los precios de los productos básicos "amenazando su acceso a los más pobres a los productos alimenticios, aumentando la tasa de desnutrición.

Es por estos motivos que la ONU pide establecer una moratoria de cinco años para la producción de biocarburantes, para dar tiempo a que se desarrollen las tecnologías adecuadas y se generen las políticas regulatorias que protejan al medio ambiente, la sociedad y los derechos humanos del impacto negativo de su uso indiscriminado.

Aunque originalmente se concibió la idea de producir el biocombustible a partir de desechos como: aceite vegetal usado, grasa de animales muertos, desechos de celulosa, entre otros. Sin embargo, se llegó a sacrificar gran parte de los cultivos anteriormente destinados a la alimentación para la producción de los biocombustibles.

Este desplazamiento de cultivos ha generado un encarecimiento de ciertos productos, como por ejemplo en Italia la pasta, en Bolivia y Perú el pan, en Alemania la cerveza, entre otros.

Además, los altos precios actuales del petróleo, han potenciado la demanda de los biocombustibles. Lo que ha desarrollado grandes nichos de actividad alrededor de este rubro, y sectores ampliamente explotados, que incorporan gran cantidad de mano de obra lo cuál hace difícil pensar en regularlos.

Ante estos planteamientos, les dejo las siguientes interrogantes ¿Seremos capaces los seres humanos de ponernos de acuerdo para generar adecuadas y pertinentes políticas proteccionistas? y sobre todo ¿respetarlas y hacerlas cumplir?

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La cumbre de los países más industrializados. ¿Un paso socialmente responsable contra el Calentamiento Global?

8 Junio, 2007, por Carmen Cecilia Ochoa Arellano
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Como sabemos, el grupo de los ocho o G-8, reúne a los países más industrializados como lo son Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Japón, Italia y Canadá. Rusia participa desde el año 1994, pero no como miembro pleno.Este grupo se conformó en el año 1975 con el objeto de reunir anualmente a los jefes de estado de los países miembros, en estas reuniones se discuten temas que van desde las políticas económicas hasta los problemas de seguridad. Además de estas reuniones anuales, el grupo también organiza otras cumbres ministeriales.

Este año, la Cumbre del G-8 tiene lugar en Heiligendamm, cerca de Rostock, en la costa del Mar Báltico, Alemania. La reunión de los jefes de Estado ha comenzado bajo un fuerte clima de protesta. Entre los temas a tratar en esta reunión está el escudo antimisiles que Estados Unidos planea colocar en Polonia y República Checa y el cambio climático.

En cuanto al tema del cambio climático, la canciller alemana Angela Merker al parecer ha logrado un acuerdo del G-8, en el que los integrantes de este grupo se comprometieran a no dejar que la temperatura mundial aumente más de 2º C. En este aspecto, la canciller alemana quería lograr un comunicado del G-8 en el que se estableciera un compromiso para que las emisiones de gases que provocan el calentamiento terrestre para el año 2050, sean la mitad que las registradas en 1990.

Al respecto, Estados Unidos ha expresado que para poder fijar límites a las emisiones de gases efecto invernadero, debe realizarse un foro en el que estén presentes países como China, India y otros grandes contaminadores. Cabe destacar que siendo Estados Unidos el país con un mayor índice de emisión de gases, ha retirado su firma del Protocolo de Kioto.

Sin embargo, parece existir consenso entre Estados Unidos y la Unión Europea para buscar un acuerdo, que sin ser concreto, exprese la disposición de todos los miembros a asumir responsablemente este aspecto social.

Se vislumbran posibilidades para el año 2009, de poder establecer un acuerdo global sustitutivo del protocolo de Kioto.

Particularmente pienso que los países industrializados son los que tienen la mayor responsabilidad social en el cambio climático y los que tienen la mayor proporción de solución a este problema que nos afecta el crecimiento social y económico global. Razón por el cual, todos los seres humanos que habitamos este planeta tenemos el deber de evitar utilizar agentes contaminantes.

¿Se podrá llegar a un acuerdo global y socialmente responsable con objetivos concretos sobre el tema del cambio climático?

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¿Toda la iniciativa de la RSC para las empresas? No.

26 Enero, 2007, por José Gregorio del Sol Cobos

Sabemos que las empresas están para ganar dinero, por eso me parece demasiado ingenuo pensar que algo como la filosofía de hacer negocios con un cierto “tinte” de RSC pueda tener para ellas el mismo significado que para el ciudadano de a pie pero interesado en saber cómo funciona el mundo que le rodea. Para la mayoría (seré indulgente y creeré que pueda haber alguna excepción), la RSC es un elemento extraño más al que tienen que adaptarse poniendo en el menor riesgo posible su negocio o, incluso, aprovechándolo para aumentar aquél.

Es conocida en esta plataforma de debate mi pesimismo sobre el poder de los consumidores, pero además hoy estoy especialmente irritado con el comportamiento de los políticos, europeos en este caso.

Hace unas semanas Europa se conjuraba para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y al mismo tiempo pararle los pies a Rusia para que no nos tenga cogidos por… ahí. Se habló de aumentar la eficiencia (aunque no he leído ni oído mencionar ningún plan para mejorar las redes de distribución de la energía, por ejemplo), de diversificar las fuentes de la energía que consumimos (para alborozo del lobby pro-nuclear) y de reducir el consumo (algo que sólo podremos hacer los particulares -que en eso sí que tenemos algo de parte- porque las empresas tienen que seguir produciendo y saben que como no se las va a condenar a ninguna multa, tienen vía libre para seguir como hasta ahora). Cuando uno oye tanta palabra así de golpe, con unos porcentajes la mar de optmistas y rimbombantes con los años para los que se prevén, pues casi hasta se alegra.

Hasta que uno lee una noticia como ésta, en elpais.com. Para ahorrarle al lector con prisas el viaje hasta otra página, resumiré diciendo que Europa da vía libre a las empresas automovilísticas que venden coches aquí a seguir sin reducir las emisiones de carbono de éstos hasta los niveles que las casas habían firmado con la Unión Europea.

Segunda en los morros de los que pensamos que no se le pude dejar a sus anchas a la empresa para que siga haciendo lo que le venga en gana (la primera fue el levantamiento de la prohibición a las químicas de usar componentes peligrosos en sus procesos de producción si el beneficio monetario era suficiente).

¿Por qué traigo esa noticia y mi airada protesta aquí? Porque en una primera fase las empresas se habían comprometido, dentro de su “apuesta” social por reducir voluntariamente las emisiones de los vehículos que fabricaban. Y sí, las han reducido, en cifras auténticamente ridículas, y en todo caso muy alejadas de sus promesas iniciales.
Uno de los motivos, entre otros, está en el aumento de ventas enorme que están experimentando sus vehículos todo-terreno, auténticas “bestias” que consumen a ritmo de superdeportivo, y mueven mucho más peso que un turismo, por ejemplo. Se me podrá aducir que aquí intervienen los clientes que son los que demandan ese tipo de coches, pero yo pienso que son las propias compañías las que han hecho aparecer esa demanda, con una muy agresiva publicidad de dichos automóviles.

¿Y qué hace el político bruselense? Pues acatar las recomendaciones del lobby automovilístico, que tiene miles de ofertas de aldeas del mundo empobrecido para que empleen allí a sus ciudadanos con sueldos irrisorios y sin apenas derechos laborales, y que sólo están esperando un gesto mal hecho en Europa para llevarse todas sus fábricas.

¿Dónde queda la apuesta de esas empresas por la responsabilidad social, en un tema tan importante como la contaminación del planeta donde vivimos?¿Y dónde las muestras de Europa por reducir sus emisiones a la atmósfera como ejemplo al mundo de que es posible un desarrollo (más) sostenible?

Esta noticia no hace más que reafirmarme en algo que ya expresé en algún comentario o artículo anterior, y es que la apuesta de la empresa por la RSC será tanto más fiable cuanta mayor presión política reciba al respecto. Y como mejor se presiona desde la política es con leyes.

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