Los Objetivos de Desarrollo del Milenio: “nº 6”
13 Junio, 2008, por Luis Martinez CernaEn el anterior post hablamos del objetivo de desarrollo del milenio nº 5 y en este post, vamos a analizar el avance del sexto objetivo:

La meta de este objetivo es "combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades".
Las estadísticas cuentan una historia sombría, que muchos ya conocen. Pero existen dos historias importantes más que hay que conocer: una mala y la otra mejor.
Primero la mala: las estadísticas son tan sólo el comienzo. El impacto de la pandemia del SIDA comenzó a apreciarse más allá del nivel personal y familiar, con amenazas para la estabilidad de las comunidades y hasta de países enteros. A medida que cada vez más docentes contraen enfermedades y mueren a raíz del SIDA, los niños y niñas pierden cada vez más maestros y los sistemas de enseñanza son exigidos más allá de sus límites. A medida que cada vez más agricultores se enferman y mueren, sus familias y aldeas tienen más dificultades para alimentarse, y muchas más para poner a la venta productos sobrantes con el fin de obtener ingresos. Los hospitales y clínicas, de por sí saturados, experimentan una creciente imposibilidad para atender a los pacientes, y como la epidemia tiene un impacto especialmente acentuado sobre los sectores militares y policiales, en muchos lugares la ausencia de seguridad se convirtió en una verdadera inquietud. La epidemia del SIDA pronto se convertirá en la enfermedad más letal que haya afectado a la humanidad. La paz y el desarrollo no serán posibles hasta que pongamos fin a la epidemia.
Además del SIDA, gran parte de la población mundial sigue siendo vulnerable ante muchas enfermedades infecciosas más, como la tuberculosis y la malaria. El VIH y la tuberculosis forman una combinación letal, cada una acelerando el avance de la otra y atacando al sistema inmunológico del paciente. En conjunto, un tercio de la población mundial está infectada de tuberculosis y entre el 5% y el 10% de los infectados enfermarán o podrán contagiar a otros a lo largo de su vida.
La malaria o paludismo, junto con el VIH/SIDA y la tuberculosis, es uno de los principales desafíos a la salud pública que socava el desarrollo de los países más pobres del mundo. La malaria mata a un niño africano cada 30 segundos. Es posible que muchos niños y niñas que sobreviven a un episodio de malaria severa padezcan impedimentos de aprendizaje o daño cerebral. Las mujeres embarazadas y sus hijos en gestación también son particularmente vulnerables a la malaria, que es la causa principal de mortalidad perinatal, bajo peso al nacer y anemia materna.
La buena noticia es que existen formas comprobadas de frenar estas enfermedades. Métodos para controlar y prevenir la tuberculosis y la malaria fueron desarrollados y comprobados con eficacia en muchos países. Uganda y Tailandia le mostraron al mundo que ofreciendo a la gente esperanza y asesoramiento se puede frenar y hasta derrotar al virus del VIH. Los infectados deben tener acceso al tratamiento. Los fármacos contra el SIDA, que ahora cuestan un mínimo de 140 dólares por persona y por año, brindan a la gente incentivos para hacerse los análisis correspondientes y conocer su estado. Esto ayuda a detener la expansión de la enfermedad. Una vez que la gente tenga conocimiento sobre su estado y el de las personas de su entorno, el saber cómo protegerse uno mismo del virus y también a los demás, es decisivo. Un enfoque integral, que abarque la educación y el tratamiento, puede comenzar a revertir la expansión de la epidemia del SIDA. El mundo tiene ahora los recursos financieros y el conocimiento práctico para comenzar a ganar la batalla contra el VIH o el SIDA, y para volver al asunto del desarrollo económico de los países más pobres. Lo único que falta es la voluntad política para cambiar el statu quo.
¿Qué hace falta para asegurar que detengamos al SIDA y otras enfermedades, comencemos a revertir la pandemia y le demos inicio al desarrollo de los países más pobres del mundo? Tú. Los gobiernos del Norte y del Sur prometieron que cumplirán su parte para alcanzar los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio para el 2015. Debemos obligarlos a cumplir esas promesas.


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