Ignacio de Loyola y el liderazgo emocional: El cómo.

27 Junio, 2008, por ROGELIO FERNÁNDEZ ORTEA
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 Como les indicaba en un post anterior y a raíz de un seminario que sobre autogobierno personal y liderazgo social se va a celebrar en la Universidad de Deusto en su campus donostiarra, existe una gran correlación entre el estilo de liderazgo inganciano y las competencias de la inteligencia emocional. Pero lo más sugerente del mismo no son sus correlaciones, sino el cómo, el sistema descrito por Ignacio de Loyola par desarrollar esas competencias. Ese sistema son los Ejercicios Espirituales.

En estos ejercicios, que duraban 30 días, se elimina cualquier contacto con el exterior ya que exigen una total dedicación intelectual, emocional y espiritual y están guiados por un director espiritual. Se realizan en estricto silencio. Cada día existen 4 o 5 periodos de meditación. Realizan un introspección para descubrir sus "afectos desordenados" -debilidades- y de ahí surge el compromiso con la mejora. También siguen un proceso de meditación guiada donde se profundiza en los cuatro principios del liderazgo jesuita. Una vez terminado el periodo de ejercicios, y como una forma de retroalimentación, los jesuitas, día a día, al levantarse, deben hacer memoria de sus metas clave, dando primero gracias a Dios por los beneficios recibidos y dos veces al día- después del almuerzo, y después de la cena- deben realizar un breve examen mental de si los actos realizados están en función de esas metas. Esto permite un seguimiento de sus propósitos y una pronta retroalimentación de lo realizado hasta el momento. De esta forma se revisan casi en tiempo real las acciones realizadas y su concordancia con las metas adquiridas, facilitando de esa forma el autoconocimiento, el manejo de nuestras fortalezas y debilidades.

El líder, en la primera generación de líderes o siempre que le sea posible, puede acompañar estos ejercicios durante una hora al día para de esa forma guiarles en su examen de fortalezas y debilidades, valores y visión del mundo, consiguiendo trasmitir también la propia visión de gerente líder.

Todo esto dentro de un círculo virtuosos que conlleva a un modo de proceder, una manera de vivir que es lo que identifica la vida de un líder. Además, debe estar acompañado por una cultura que permita que se refuercen estos principios los unos a los otros. Una cultura fuerte pero que fuerce el cambio. Una cultura que cumpla estas características:

  • Que sea fuerte no sólo en la teoría sino también en los hechos, que guíe el comportamiento de todos los empleados.
  • Que sea estratégicamente apropiada, adecuada al propósito de la organización.
  • Que promueva la adaptabilidad, es decir, que no ataje el cambio sino que lo promueva.

Como resumen de los dos post, señalar primero la relación que tiene este estilo de liderazgo con el liderazgo emocional y con la IE.

En segundo lugar, hacer hincapié en que las compañías son personas y cada una es un líder.Que se debe actuar con optimismo, con amor, con conocimiento de uno mismo, con ingenio. Que debemos aplicar la indiferencia, el no apego, en nuestros actos cotidianos sin olvidar nuestros valores y metas. Y que todo esto hay que realizarlo con perseverancia, trabajándolo en cada momento de nuestra vida.

El liderazgo debe darse en cada momento de la vida, en cada relación con los líderes que tenemos que liderar. Debemos liderarnos y liderar a los demás con el ejemplo, desarrollar a los más brillantes talentos, ayudarles en la automotivación, hacer que la visión de la compañía sea suya y mejor aún, construir con ellos la visión.

Debemos delegar, dejarles hacer, darles libertad de acción y desarrollo. Debemos tener amor, espíritu de servicio, confianza en nuestros líderes, bien estén arriba o abajo en la cadena de mando ya que "los que están sobre el terreno ven mejor lo que se debe hacer". Debemos amar también el cambio y hacer de él uno de nuestros principales aliados he incluirlo dentro de la cultura de la organización. Asimismo, el líder debe andar continuamente por la senda del autoconocimiento, con una gran perseverancia, para que de esa forma:

  • Aprecie su dignidad y su propio potencial.
  • Reconozca las debilidades y apegos que limitan ese potencial.
  • Exprese los valores que sostiene.
  • Fije sus metas personales.
  • Forme un punto de vista sobre el mundo: cuál es su posición, qué busca, y cómo se trata con el prójimo.
  • Vea la sabiduría y valor del examen de conciencia y adquiera el hábito de reflexión diaria para volver a enfocar las prioridades y sacar enseñanzas de los éxitos y los fracasos.

No quiero llegar el final de esta reflexión nuevamente sin volver a señalar un libro donde, además del citado seminario, van a poder profundizar sobre estos temas y donde yo mismo me he basado para escribir estas conclusiones. Este libro es "El liderazgo al estilo de los jesuitas: las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambio el mundo", escrito por Chris Lowney y publicado por Granica, 2005 en Barcelona. De este libro he sacado la siguiente cita:

" Me imaginaré una persona a quién nunca he visto ni conocido. Deseándole la mayor perfección, pensaré qué le diría a fin de hacer que tal persona actuara para mayor gloria de Dios..y para la mayor perfección de su alma. Luego, haciendo eso mismo por mí mismo, cumpliré con la regla que he establecido para los demás. Consideraré, como si estuviera a punto de morir, qué procedimiento y norma quisiera haber seguido en la manera de efectuar la presente elección. Enseguida, guiándome por esa norma, tomaría mi decisión sobre todo el asunto" (p. 233)

Como siempre, el final de este post es también el comienzo del suyo…

…¿qué opinión le merece este sistema de desarrollo de competencias, sobre todo del desarrollo del autoconicimiento y la automotivación propuesto por los jesuitas?
¿Les ha extrañado esta relación entre lo religioso y lo civil?
¿Qué opinan?

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El cambio emocionalmente inteligente en la empresa

12 Marzo, 2008, por ROGELIO FERNÁNDEZ ORTEA
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Muchas veces nos preguntamos que tienen que ver las emociones en la empresa, o qué fundamento tiene la Inteligencia Emocional (IE) dentro de la gestión de las organizaciones. En mi opinión, tienen mucho que ver ya que las personas se configuran como pieza fundamental de la competitividad en nuestra sociedad, y las emociones constituyen a la persona tanto como su parte racional, y ambas son necesarias en una persona bien integrada.Sin embargo, este razonamiento puede parecer demasiado general, poco concreto, y para dar otro ejemplo de la importancia de la IE en la empresa quiero hacer referencia a uno de los procesos que más incidencia tienen en el futuro de nuestra organizaciones y en nuestras vidas: el Cambio.

Mucho se ha escrito sobre este asunto y mucho más se ha invertido en él, tanto de las instituciones públicas como desde el ámbito privado, para que las personas sean capaces de abrazar el cambio en sus organizaciones. Cambio que por otro lado se hace indispensable en entornos caóticos y poco estables como los que vivimos en el que la flexibilidad se hace indispensable no sólo para los trabajadores sino también para la propias organizaciones. Pero hay algo detrás de este proceso que es capaz de impedir sus desarrollo, una emoción: el miedo.

El miedo a lo desconocido; el miedo a la pérdida de un estatus laboral conseguido durando mucho tiempo; el miedo a perder lo poco que se tiene; miedo a perder la comodidad; miedo a perder el poder; miedo al fracaso; miedo al ridículo; miedo a tomar la iniciativa; miedo a no encontrar el camino; miedo a perdernos en él; miedo a no poder volver… Miedos todos estos que paralizan el proceso, que paralizan el cambio, que nos paralizan como personas y que hace que sigamos haciendo lo mismo, incluso sabiendo que si seguimos haciéndolo tendremos más de lo mismo… la inmovilidad y con ella el fracaso, la no mejora, la extinción de la empresa.

¿Pero es siempre esta emoción una cortapisa para el cambio? No lo creo. Existe un miedo movilizador, no paralizante, que es la emoción que nos puede impulsar a los procesos de cambio organizativo. Un temor que nos prevee de lo que nos puede ocurrir de no cambiar; temor a perder nuestra posición competitiva y que hace que iniciemos el proceso de cambio. Un miedo adaptativo y que ha valido a la especie para poder sobrevivir a lo largo de toda la historia de la humanidad y que la empresa tiene que saber gestionar para aprovecharlo para su propia supervivencia, para su crecimiento y competitividad…. La diferencia entre ambos… la gestión de las emociones: la Inteligencia Emocional.
A mi entender, el saber percibir y comprender y gestionar nuestra emociones, bien sean personales como organizativas, puede ser la diferencia entre la supervivencia y la extinción, entre el cambio y el inmovilismo, entre la permanencia y la innovación. Debemos saber gestionar inteligentemente las emociones para que su fuerza sea capaz de movilizarnos y, con rostros, a la organización hacia nuevos espacios de competitividad organizacional y de mayor felicidad personal. Espacios, en definitiva, para el cambio.

Para concluir esta reflexión sobre las emociones y el cambio en la empresa, me gustaría plantearles dos preguntas…

¿Qué harían si no tuvieran miedo? y ¿Qué cambiarían en sus vidas y en su trabajo?

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¿Aprender del fracaso en vez del éxito?

18 Octubre, 2007, por José Luis González-Pernía
Aprender del fracaso para tener éxito

En la versión impresa de la Revista Emprendedores de este mes me encontré con un artículo titulado "¿Por qué fracasan los emprendedores?" (disponible también en la versión online). Se trata de un comentario que Fernando Trías de Bes hace a su reciente publicación "El libro negro del emprendedor", un ensayo en el que el autor recoge 14 "factores clave de fracaso". Este enfoque plantea algo muy distinto a lo que tradicionalmente presentan los textos comerciales escritos para emprendedores: factores cláve de éxito. Desde luego, el enfoque resulta interesante y, por ello, vale la pena reflexionar sobre él.

Analizar el éxito de otros emprendedores para aprender lo que debemos hacer con el fin de sobrevivir, puede llevarnos a copiar las mejores prácticas y a alcanzar una estandarización de nuestra actividad empresarial con respecto al sector o mercado donde competimos. En otras palabras, utilizar las mismas estrategias que otros han aplicado para alcanzar el éxito nos hace parecer al resto de emprendedores, sin que ello nos garantice la supervivencia. Seguir el éxito de los demás probablemente nos ayuda a ser eficientes, pero no nos permite ser innovadores, pues el camino que nos deja para recorrer está limitado a lo que conocemos como factores cláve de éxito.

Por el contrario, analizando el fracaso de los demás podemos aprender los errores que debemos evitar para tener éxito. Este aprendizaje es mucho más rico que el que podamos obtener conociendo lo que es exitoso, ya que mediante la identificación de las causas de fracaso podemos tomar medidas para reducir éstas y aumentar así las posibilidades de éxito. Además, en la práctica, bajo este pensamiento se da pie a que las cosas que el emprendedor deba hacer para sobrevivir no sólo se limiten a los factores cláve de éxito. Es decir, saber lo que NO debemos hacer nos invita a que podamos experimentar infinidad de cosas para alcanzar el éxito.

En su libro "La creación de empresas en Cataluña", David Urbano, miembro del Proyecto GEM, sostiene que más del 50% de las empresas nuevas en Cataluña cesan su actividad al quinto año de gestación. En el caso del País Vasco, también nos encontramos con que una de cada dos empresas nuevas muere después de cinco años de creada. Probablemente esta realidad se repite también a nivel de España, con lo cual el ratio de fracaso y el ratio de éxito a los cinco años son similares. Dicho de otra manera, tan importante como conocer los factores cláve de éxito, es saber cuáles son las causas de fracaso de los emprendedores.

Por lo tanto, si al tradicional enfoque basado en los factores cláve de éxito, añadimos el enfoque de las causas de fracaso, podremos tener una visión más amplia sobre el rendimiento de los emprendedores. Seguramente, con ello los emprendedores podrían avanzar en la mejora del rendimiento empresarial, ¿no creen?

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