No sólo emprenden las personas…

27 Julio, 2007, por José Luis González-Pernía

personas

Casi siempre que hablamos de creación de empresas nos centramos exclusivamente en las personas como catalizadores de la actividad emprendedora. Sin embargo, más allá de las personas, no tenemos en cuenta que las empresas existentes también pueden crear otras empresas.

Hace un mes la empresa multinacional Unilever anunció la creación de una empresa con el fin de introducir al mercado brasileño un nuevo producto (ver noticia). No obstante, sin ir muy lejos, este tipo de actividad emprendedora, conocido como intrapreneurship y asociado a la palabra spin-off, comenzamos a verlo también en las nuevas (casi siempre pequeñas) empresas de nuestro entorno. Por citar algún ejemplo, en el País Vasco existe una PYME llamada Vicontech dedicada a la investigación aplicada en el área de gráficos por ordenador que, en los 5 años posteriores a su nacimiento, ha experimentado un crecimiento a través de la creación de otras dos empresas (eMedica y Vilau)

Como podemos ver, la actividad emprendedora dentro de las empresas no depende de la edad ni del tamaño, sino de la actitud más emprendedora de la propia empresa. Una estrategia que muchas empresas siguen para crear otras empresas es la creación de alianzas. El resultado de los acuerdos de colaboración entre dos empresas puede dar origen al nacimiento de una nueva tercera empresa (joint venture). De esta manera, además de reforzar las ventajas de la actividad emprendedora de empresas, las alianzas suponen una forma de compartir el riesgo; consecuentemente, constituyen una estrategia de la que se pueden aprovechar las empresas más jóvenes y pequeñas para compensar sus limitaciones.

El mensaje que intento transmitir es que no sólo emprenden las personas; las empresas también lo hacen y, además, cuentan cuentan con más medios para ello. Tanto las nuevas empresas creadas, como sus socios (empresas) fundadores, tienen ciertas ventajas (ej. redes de clientes y proveedores, entrada a mercados ya consolidados, recursos financieros y tangibles, aprovechamiento de cadenas de valor, etc.) que no tienen los proyectos empresariales generados por personas. Por tanto, podemos suponer que sus posibilidades de supervivencia y, consecuentemente, su impacto económico son mayores.

A pesar de ello, parece que aún falta desarrollar ese espíritu emprendedor dentro de las empresas establecidas, ya que muchos de los casos conocidos de spin-offs o nuevas empresas creadas en el seno de otras, nacen en las universidades y centros de investigación. Algunos ejemplos de este hecho los podemos encontrar en la siguiente página.

Sería deseable que el entramado empresarial se volcara más a la creación de nuevos proyectos emprendedores, y que adopten este comportamiento como una estrategia de crecimiento cuyo impacto no sólo beneficia a la empresa económicamente, sino que también favorece a la construcción de una Sociedad Creativa mediante la repercusión en aquellos elementos relacionados con la actividad emprendedora (ej. innovación, cultura, empleo, bienestar social, etc.). En este sentido, convendría preguntarnos ¿de qué manera podríamos contribuir a que las empresas se involucren más en la creación de otras empresas?

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