Las TIC como motor de impulso local

20 Febrero, 2007, por David Bartolomé Sedano

La semana pasada se presentaba Madripedia, una iniciativa impulsada por Alfredo Romeo (’culpable’ de otras iniciativas como Cordobapedia) y la Comunidad de Madrid. Recientemente pude verle en las jornadas Internet de Nueva Generación de la UPM. Alfredo hizo un alegato muy interesante de cómo las nuevas tecnologías pueden ser un vehículo de mucho potencial para no perder el conocimiento local. En un momento en el que se piensa en global aparecen pensamientos que nos hacen valorar lo local, cosa que es de agradecer.

Tanto Cordobapedia como Madripedia pretenden, de hecho, hacer eso: ser una plataforma abierta para la ciudadanía en la cuál se puedan apuntar y/o encontrar referencias locales (historia de la ciudad, anécdotas, fechas locales relevantes, fotografías, etc.). Hay mucho conocimiento local que desgraciadamente no está presente más que en el boca-oído. El hecho de poder disponer de una iniciativa en la que los mayores puedan contar y los jóvenes puedan aprender de ellos ofrece una perspectiva a las TIC de auténtico valor para la sociedad: en eso radica la Sociedad de la Información, en mi opinión.

Estos ejemplos de buen uso de las TIC para fomentar la colaboración ciudadana son sólo la punta del iceberg de buenas propuestas que podemos encontrar en otros lugares. Son pocas, pero están proliferando cada vez más. Recientemente he podido encontrar varias e interesantes iniciativas de acercamiento de las TIC a la Sociedad de la mano del equipo de CEDETEL (Centro para el Desarrollo de las Telecomunicaciones de Castilla y León). Esta organización ha logrado conseguir, gracias a iniciativas como la Red de CiberCentros, un espacio en el que unir a los ciudadanos de CyL a través de plataformas de compartición de información y conocimiento. Algunas iniciativas de las que se pueden extraer experiencias muy interesantes son el programa Inici@te (premio Fundetec 2005), la Comunidad Rural Digital, CiudadanosdeCastillayLeón o la Comunidad Nuestros Mayores.

Espero que iniciativas locales como éstas sigan prosperando, puesto que son un punto de conexión de enorme importancia entre la ciudadanía y las nuevas tecnologías.

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De lo local a lo global: de la RSC a la RSG, II

29 Diciembre, 2006, por José Gregorio del Sol Cobos

Si en mi anterior nota establecía mis motivos para pensar que las empresas tienen una parte global de responsabilidad social, en ésta me gustaría proporcionar al lector dos ejemplos sobre la misma y moverlo a la reflexión en cuanto a ciertos temas preocupantes.

Hay determinados fenómenos si no globales, sí que afectan a comunidades amplias o a varias comunidades, clásicos en Europa -como la lluvia ácida o nubes radiactivas, que cuando han ocurrido, los tribunales son los que han terminado decidiendo. ¿Por qué no pedirles a las empresas que pudieran ser causantes siquiera fortuitamente de esos desastres que cambien suficientemente, no ya sus sistemas de seguridad, sino sus procesos productivos en aras a disminuir la posibilidad de tales accidentes? Es muy probable que esa inversión en una RSC de tipo global les permitiera prescindir de las indemnizaciones a comunidades arrasadas por esos accidentes (responsabilidad penal).

Aquí me gustaría poner como ejemplo positivo de que algo así se está empezando a promover, este artículo aparecido recientemente en el suplemento “Futuro” de elpais.com, en el cual nos hablan de las medidas que determinadas empresas de la potente y a veces muy “sucia” industria química para elegir nuevos procesos productivos (nuevas reacciones, si se quiere), menos peligrosos y menos contaminantes. Es un buen ejemplo por dos motivos: uno, el que los vertidos químicos, fácilmente transportables aérea o acuáticamente, son capaces de afectar a muchas comunidades antes de ser atajados. Segundo, por el momento que vivimos, en que el poderoso lobby químico ha conseguido que la Comisión Europea les levantase la prohibición del uso de componentes peligrosos para la salud si hay beneficio económico sustancioso por emplearlos…

Otro aspecto en el que creo que las empresas tienen un papel de responsabilidad social global importante es la deslocalización: las grandes empresas, las que absorben realmente la mayor parte del comercio mundial entre sus miles de ramificaciones, tienen muy poco afecto por las comunidades de humanos entre las que se asientan, y las “tragan” tanto menos cuanto mayor sea la idea de valía y de aprecio de sí mismos que tengan los componentes de dichas comunidades, por ejemplo en forma de derechos laborales y sueldo. ¿Nadie ve que la inseguridad en el trabajo y de la actividad productiva en un comunidad enferma a los individuos y a la comunidad en sí? ¿Por qué no pedir a las empresas, como muestra de cumplimiento de su responsabilidad social global aplicar a todo el mundo un rasero digno en cuanto a derechos y sueldo? Seguramente el aumento de productividad de trabajadores contentos y seguros fuese superior a los costes de transporte de empresas y de multas por “fugarse”.

Con la salud de las personas tienen mucho que ver las cadenas de restauración, quizás sobre todo las de la llamada “comida rápida”. Todos conocemos la polémica que ha suscitado el enfrentamiento entre Burger King por un lado y el Ministerio de Sanidad por otro, a cuenta de la campaña de la primera sacando un producto que sólo se puede definir como bomba calórica, apto quizás sólo para organismos más que privilegiados (el lenguaje abiertamente sexista que usaron tampoco les ayuda). Usando y abusando de la “nueva” cultura de blogs y redes, hasta abrieron un blog para ¿defenderse? El colofón parece ser esta denuncia del acuerdo entre el Ministerio y el lobby de marcas de comida rápida. En mi opinión, el asunto me parece una falta total de consideración de la responsabilidad social global que deberían abanderar este tipo de empresas, de las que depende la alimentación de tantas personas y que llegan por la publicidad omnipresente más que ninguna otra a la gente, modelando su cultura y forma de vida empezando por lo más básico, su alimentación. También el poco respeto por quienes no son “suficientemente hombres” para comer sus hamburguesas gigantes es algo que va más allá de la libertad de expresión.

Quizás parte de la industria química esté más cerca de ese cambio mayor de la biosfera de las empresas, que podríamos resumir en fijarse en lo que pasa en el terreno, en “pensar en local”, pese a haber actuado “globalmente”. Ése es un cambio, sin embargo, que parece que diese miedo hacer, pero que, en mi opinión, es necesario para que la RSC local no caiga en saco roto.

El individuo, ni siquiera aunando esfuerzos, no puede cambiar el sistema, pero nadie ha dicho que las empresas no puedan cambiar(lo).

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De lo local a lo global: de la RSC a la RSG, I

19 Diciembre, 2006, por José Gregorio del Sol Cobos

“Pensar en global, actuar en local” es un lema muy conocido y muy válido entre quienes reflexionan acerca de y actúan en pro del desarrollo humano. Yo tengo un problema con ese lema, y es que me desencadena la dislexia que incubo gracias a demasiados libros (que todo el mundo sabe que son malos) y a ya varios años “de ordenadores” (que todos sabemos que son peores aún). Y así, lo mismo pienso en un lema como “pensar en local, actuar en global”. Sí, lo sé, es muy posible que ambos lemas fuesen más correctos en el presente de imperativo, pero dejarlos en infinitivo me permite juguetear con los sujetos de ambas frases aún sin formular.

En efecto, el primero tiene un claro sujeto (y receptor, en caso de exclamarlo imperativamente): el individuo, o para ser más generales, el agente sobre el terreno. Fruto del mismo pueden ser los consejos para ahorrar agua y energía, para colaborar con la mejora de las condiciones de vida de los más desfavorecidos, y, en fin, mil otras cosas que con algo más de tiempo para la reflexión nos irían invadiendo rápidamente la mente. Si admitimos entre los sujetos de la frase agentes distintos de ti y de mí, “simples” (yo desde luego) individuos, como por ejemplo, (¿adivinas?) empresas, el ámbito de acción de esos agentes variará entre ellos e incluso para uno mismo a lo largo del tiempo.

El mundo de la empresa es casi un continuo. Si por ejemplo tomamos como criterio diferenciador de empresas su facturación, simplificando enormemente las cosas, podríamos decir que a medida que el número que representa la facturación de una empresa se acerca a lo que se conoce como “teoría de los grandes números”, dicha empresa adquiere cada vez un ámbito más global.

Y por arte de birlibirloque, en mi mente (seguramente enferma), el primer lema se transforma en el segundo, sobre todo si a los trabajadores, directivos y clientes de la empresa les ha entrado el “virus” de la RSC, que, sencillamente tiene como principio pedirle a la empresa que piense en lo local, algo que la empresa interpreta con el verbo “actuar”.

Y sin duda está bien que la empresa invierta esfuerzos varios en la comunidad en la que se asienta, más allá de proporcionarles el medio de vida a cierto número de sus componentes, pero, ya lo dije -ciertamente de una forma más visceral- en mi anterior artículo, esa actuación local de una empresa puede ser tanto más cómoda para ésta y tanto más “parche” que solución real de problemas cuanto mayor sea la empresa. Incluso será un criterio más de rentabilidad. Pero la empresa estará faltando a su responsabilidad como agente en su verdadero ámbito, que ya vamos a aceptar que sea prácticamente planetario.

¿Cómo podrían la empresas implementar esta “cara Norte” de su responsabilidad, la “Responsabilidad Social Global”?

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