Las fronteras de la RSE de cara a los desafíos del mundo económico contemporáneo

9 Julio, 2007, por Emilio Urbina Mendoza
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Hemos insistido, a lo largo de estos meses, que el principal problema que rodea a la RSE no radica en su desconocimiento. Salvo algún sector del pensamiento económico, ligado a los pocos vestigios del liberalismo extremo, los tratadistas abordan con la seriedad del caso el tema de la RSE ya no sólo como un curso obligatorio en las carreras empresariales, sino, como un punto de encuentro. A la RSE le falta todavía espacios para discutir sus contenidos; tiempo para reflexionar las experiencias; y paciencia para ordenar sistemáticamente lo publicado y debatido que para esta primera década del siglo XXI pronta a su fin, resulta siendo escaso. En fin, a la RSE le corresponde verificar sus fronteras estrictas frente a la territorialidad académica de otros conceptos como la ética empresarial o la moral económica, a menudo, confundidos o malamente ensamblados.El mundo económico contemporáneo huye ante cualquier tentación gubernamental de imponerle riendas y someterlo a reglas temporales de juego que sólo coartan la capacidad para generar riqueza y sacar de la pobreza a las sociedades. Es por ello que uno de los debates actuales sea la inviabilidad de los Estados del Bienestar en nuestros días, pues, en aquellos países donde le han dado acogida, los requerimientos de recapitalización son mayores ante el temor de empobrecerse. Esta realidad de dinamicidad debe influir sobre la RSE para hacerla lo más flexible posible, sin que ello sea menoscabo de su efectividad. Como bien lo decía hace algunos años un prestigioso catedrático español, el profesor Sebastián Martín-Retortillo, el hecho de ser más "gordo, no significa que se es más fuerte", en clara alusión a que lo más importante para hacer cumplir el Estado Social y Democrático de Derecho no estriba en las magnitudes del Estado, sino, en su eficiencia para saber dispensar las medidas necesarias y hacer valer su responsabilidad o la del ciudadano. De la misma manera, la RSE debe comportar el mismo principio: no abarcar todo, sino aquello donde ella es posible hacerla efectiva.

Este corolario del desaparecido catedrático de la Universidad Complutense, perfectamente puede aplicarse a la RSE. Según arqueo a la literatura existente, en buena medida se confunde con otros conceptos, como la ética empresarial y sus diferentes cometidos, o la categoría más general de la moral económica. Primero, la ética empresarial tiene un objeto claro de estudio, como es el comportamiento moral del empresario en su quehacer propio de innovaciones, conjugando el trabajo con el capital. Segundo, la moral económica, está relacionada más a los códigos de conducta que deben cumplir todos los actores que conforman el mundo económico, es decir, que tanto el Estado como los particulares son estudiados bajo la óptica de los valores en su actuación generadora de riqueza. Así, tenemos que la RSE si bien está conectada con la ética empresarial y la moral económica, es una consecuencia directa de la puesta en práctica de los conceptos anteriores, es decir, que sin la existencia de una ética empresarial previa, enmarcada bajo los cánones morales aplicados a la economía, poco o nada podría hablarse de la RSE. De allí las razones por las cuales sea posible que la RSE enfrente cara a cara a la ética empresarial o a la moral económica, cuando la RSE, se manifieste como una respuesta desproporcionada ante violaciones de la ética, sea mínima o extrema.

¿Tu opinión cuál es?

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La responsabilidad social de la empresa: ¿necesidad, realidad, concepto vacío o necedad?

27 Marzo, 2007, por Emilio Urbina Mendoza
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Ciertamente la palabra “responsabilidad social” se torna sintagmática dependiendo del ambiente donde actúe. Esto quiere decir que dada su amplia capacidad para mutarse y relacionarse con disímiles variables, asuma una multiplicidad de manifestaciones que en buena medida podrían ser válidas dependiendo de dichos entornos. Por ejemplo, para ciertos sectores del pensamiento socioeconómico (relacionados al marxismo), la responsabilidad social implica una obligación adicional de “hacer” a costa del empresario. Es así como bajo dicha concepción “asistencial”, al empresario se le exige a pagar las facturas comunitarias que van desde la limpieza de sitios públicos hasta el sostenimiento de equipos deportivos o el gravamen de costear infraestructura de servicios para los más desfavorecidos . En fin, no sólo se satisface la contribución para la comunidad con la exacción legítima de los tributos, sino, que el propio Estado le impone deberes adicionales que terminan por desviar buena parte de las ganancias de la empresa para obras que ni remotamente tienen conexidad con el objeto para la cual se han constituido las empresas. Bajo este esquema, las historias recientes de las naciones de la América Meridional han logrado truncar las inversiones y el ingreso del capital fresco para el impulso de un sector privado capaz de generar empleo y riqueza colectiva sostenida. Otro sector, si bien acepta que en ciertos momentos la responsabilidad social empresarial deba canalizarse por el esquema identificado, critica la excesiva asistencialidad de los modelos hasta el punto de buscar un equilibrio. Dicha moderación entiende perfectamente que en ciertos momentos el empresario debe vincularse socialmente, no sólo bajo la modalidad del pago, contribuyendo con lo mejor que sabe hacer. Esto quiere decir que la responsabilidad social no se relaciona directamente con los dividendos societarios, sino con aquello que el empresario pondere que es benéfico para la sociedad, sea expandiendo gratuitamente los procesos tecnológicos desarrollados por él "Software libre" o generando innovación sea a través de las asociaciones estratégicas Universidad-Empresa o Gobierno-Empresa. Este punto medio resulta el más interesante, ya que, cuando la asistencialidad es llevada a los extremos, no sólo fracasan empresas o se paraliza la iniciativa ciudadana libre. También, genera entramados de corrupción entre aquellos que se erigen como “centinelas gubernamentales de la responsabilidad social” que ante la disyuntiva de un empresario agobiado, lo inducen hacia el laberinto de la coima y el “cálculo de costos de la perversa ecuación: corrupción + complicidad funcionarial = disminución de gastos”. Y a la larga, la responsabilidad social termina siendo una especie de discurso hipócrita esgrimido en los podios y los micrófonos comunicativos de empresarios inescrupulosos.

En pocas palabras, la asistencialidad extrema corrompe al empresario, siendo la responsabilidad social un argumento fomentador del quiebre de la moral económica.

Para el sector más generoso, al contrario de lo aludido, la responsabilidad social del empresario no es más que un mito o necedad, e incluso, una inmoralidad creada por los enemigos de la propiedad privada y la empresa. Los desprendidos, defensores acérrimos del individualismo, esgrimen que la única responsabilidad es generar más ganancias, las cuales, son tributadas para redistribuir sanamente la riqueza. El resto, simplemente son “generosidades filantrópicas” de algunos empresarios que han decidido asumir costos sociales que le corresponden al Estado. Así, para algunos más tradicionales, la responsabilidad social del empresario es una especie de altruismo indoloro, que en nuestro tiempo mediático, alivia presiones colectivas. Sin embargo, en ningún momento es concepto obligante para el empresario cuya naturaleza es producir ganancias tras ganancias.

Ante la variedad de concepciones reseñadas, sólo podemos resaltar que la responsabilidad social es una realidad dinámica y para nada ceñida a clichés o modas empresariales. No es ni asistencia sin límites como exigen los habituales, ni tampoco filantropía excéntrica como desdeñan los generosos.

Si el análisis que he realizado tiene algún parecido con alguna realidad de entorno social, es mera coincidencia. Nada más…¿Y tú qué opinas?

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