Obstáculos de la actividad emprendedora femenina
14 Agosto, 2008, por José Luis González-Pernía

La participación de la mujer en la fuerza laboral se ha incrementado de manera considerable en las últimas décadas, hasta tal punto que su papel ha cobrado importancia para el sostenimiento del crecimiento económico. Las mujeres no sólo contribuyen a generar riqueza a través de su trabajo, sino también a proporcionar empleo mediante la creación de empresas y a diversificar la fuerza laboral. Además, cuentan prácticamente con las mismas capacidades y niveles de cualificación que los hombres (ej. basta con ver cómo hoy en día las mujeres incluso superan a los hombres en las universidades)
No obstante, pese a contar con niveles de formación similares y tener reconocido su peso económico, la mujer todavía no alcanza los mismos niveles de participación que tiene el hombre en el mercado laboral. Sobre todo en ámbitos directivos, es escasa la presencia de mujeres en comparación con los hombres. Y cuando nos centramos en la actividad emprendedora, la involucración de la mujer es todavía menor que su participación en el empleo.
En los número especiales del informe GEM dedicado a la mujer emprendedora se confirma que esta menor participación de la mujer en la actividad emprendedora se mantiene a lo largo de los países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo. Ante esta situación, surge la siguiente pregunta: ¿Por qué existen estas diferencias de género con respecto a los ratios y cuotas de actividad emprendedora?
Los trabajos que tratan de responder a esta pregunta podrían agruparse en dos corrientes. Por un lado, algunos autores defienden que existen diferencias de género que determinan la actitud y habilidades de mujeres a nivel individual. Una conducta favorable hacia la actividad emprendedora se caracteriza por la tolerancia al riesgo. De hecho, Frank Knight definía al emprendedor como aquél que asume riesgos. En este sentido, los estudios demuestran que la mujer es menos propensa que el hombre a tomar riesgos (ej. invierten menos capital, prefieren tener negocios pequeños en sectores con pocas barreras de entrada, tienden a no ceder el control de su negocio por miedo a perderlo, etc). Consecuentemente, las mujeres tienen menos disposición para arriesgarse a crear empresas y esta actitud afecta negativamente su decisión de convertirse en emprendedoras.
Por otro lado, existe una visión según la cual la Sociedad discrimina a la mujer restándole oportunidades para emprender (ej. dificultades para acceder a financiación ajena). Asimismo, quienes defienden esta visión sugieren que las mujeres no cuentan con el mismo reconocimiento social que tienen los hombres ante ciertas carreras profesionales (ej. la figura del emprendedor está mejor vista en el caso de los hombres). Esto hace que las mujeres se anticipen a problemas relacionados con la discriminación, influenciando así su percepción sobre el entorno emprendedor y su capacidad para emprender. Bajo esta perspectiva, la capacidades y habilidades para emprender por parte de la mujer no tendrían por qué ser, en principio, menores que las del hombre. Sin embargo, por influencia social la mujer termina dando crédito de su éxito a factores externos como la suerte, en vez de atribuirlo a su esfuerzo y habilidades.
Evidentemente, el predominio de una corriente u otra está marcado por el contexto social y económico. En los países desarrollados el papel económico de la mujer es cada vez más importante. Los gobiernos intentan diversificar la actividad emprendedora a través de una mayor incorporación de la mujer, tanto términos absolutos como relativos (sobre el total de emprendedores). Sin embargo, el mayor nivel de bienestar hace que los trabajos asalariados sean más atractivos que la carrera emprendedora, de manera que en los países desarrollados las mujeres pueden verse influenciadas a tomar menos riesgos.
Por el contrario, en los países en vías de desarrollo, las dificultades a las que se enfrenta la mujer a la hora de emprender pueden estar influenciadas por el papel relevante que tiene el ama de casa y la figura del hombre como cabeza de familia, encargado de llevar a casa los ingresos necesarios para subsistir.
EJEMPLOS DE MUJERES EMPRENDEDORAS
Si buscamos algunos ejemplos de mujeres emprendedora de éxito, podemos mencionar a Begoña Zunzenegi, presidenta y propietaria de Becara, una de las empresas pioneras en el mundo de la decoración a nivel europeo. Durante toda su vida se ha dedicado a llevar a cabo proyectos emprendedores que van más allá de la puesta en marcha de nuevos negocios (ej. es socia fundadora de Feriarte). No en vano, esta mujer fue ganadora del premio a la Mejor Trayectoria Empresarial Femenina del Mundo (American Express Global Summit Award 2002)
Otra mujer emprendedora ejemplare que merece la pena destacar es Cristina Garmendia, actual ministra española de Ciencia e Innovación, que en el año 2000 fundó junto con otro socio la empresa de biotecnología Genetrix y quien durante los últimos años ha promocionado la creación de otras empresas biotecnológicas.
Sin duda alguna, ambas emprendedoras parecen haber superado los obstáculos tanto individuales como sociales que limitan la participación de la mujer en la actividad emprendedora. No obstante, no todas las mujeres corren con la misma suerte ¿o me equivoco?. Me gustaría saber la opinión que tienen los lectores del blog al respecto.

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