Las PYME y el concepto de RSE: ¿Dilema, contradicción o presunción?

31 Mayo, 2007, por Emilio Urbina Mendoza
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 La literatura especializada en materia de constitución, funcionamiento y organización de la Pequeña y Mediana Empresa (PYME) sugiere, en buena medida, la inclusión dentro de las agendas, no sólo de los accionistas, sino de las juntas directivas y los cuadros gerenciales en todos los rangos, tratar abiertamente el delicado tema de la RSE. Es cada vez más acuciante el impacto que la RSE origina en las estructuras tradicionales de organización empresarial, hasta el punto, que podría catalogarse en nuestros días a la RSE como una koiné de proporciones globalizadoras. En pocas palabras, se introduce como una "institución" básica y "lenguaje" clave para la empresa, sea cual sea la magnitud de la misma. Ahora bien, estamos claros de la importancia, e incluso, la irrefutabilidad de la RSE como temática de obligatoria observación tanto en los círculos académicos como en las esferas empresariales. De eso no hay dudas. Pero, la polémica surge al tratar de consensuar sobre el contenido de la RSE, que como lo dilucidamos en un post publicado anteriormente, no hay acuerdos posibles. Esta diversidad, que en ciertos casos llega al antagonismo se pone en manifiesto cuando se relaciona con el también telúrico y plural concepto de las PYME, que para el primer mundo, ha representado la base en la creación de riqueza, impulsando y sosteniendo los altos estándares en el Índice de Desarrollo Humano que hoy gozan Europa Occidental, los Estados Unidos y las florecientes naciones asiáticas como Japón y Corea del Sur.Las PYME poseen una dinámica muy propia, cual célula en crecimiento, requieren de una alta dosis de gerencia en tiempos donde la competitividad o las reglas de juego distorsionadas se tornan agresivas. No es simplemente incrementar el capital o el número de accionistas que suscriben dicho capital, por muy modesto que sea. Tampoco puede circunscribirse a generar puestos de trabajo para comunidades o introducir innovaciones en los procesos productivos. También, implica adecuar las estructuras empresariales de las PYME a un concepto de RSE que no las vulnere o les reste dinamicidad en los negocios. Ante este planteamiento, podríamos sostener que la RSE en las PYME es una presunción sin que corra contra ella alguna prueba en contrario. Sin embargo, como enseña la lógica en sus lecciones acerca de la deducción, toda presunción posee una premisa cierta sobre la cual se deducen conclusiones ante una incertidumbre. De allí la importancia que reviste para los gobiernos, el empresariado y los actores jurídicos, el consenso sobre las posibles sendas claras o bandas de ajuste de la RSE.

Ahora bien, ante la pluralidad de concepciones sobre la RSE y su aplicación por las PYME, es importante valorar las otras opiniones que discrepan sobre la postura que las califica como presunción. Si por ejemplo, asumimos la hipotética visión por la cual la RSE implica erogar obligatoriamente unos medios económicos de pura y mera asistencialidad a las comunidades donde se encuentran ubicadas las PYME, sin que su efectivo cumplimiento incidan en reducir la presión tributaria y fiscal natural, entonces, es obvio que la RSE adversa gravemente contra la iniciativa empresarial pudiéndose llegar a transformar ésta última en vehículo diáfano para la quiebra. Si se asume la otra postura, la de encrucijada, donde la RSE se le coloca al pequeño y mediano empresario como un dilema frente a la opción de incrementar las alícuotas en los tributos, entonces, podría transformarse la RSE en un concepto endeble, dúctil y quizá "utilitario" cada vez que deba ser aplicado por la PYME. Como puede verse, es necesario abrir un compás para debatir sobre este fecundo campo que es la RSE. ¿Tu qué opinas?

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Las empresas de la nueva economía y la Industria

14 Diciembre, 2006, por Félix de Reparaz Lopez

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La denominada nueva economía o las empresas que aplican las nuevas tecnologías de la información en sus productos o servicios, son claves para el futuro desarrollo de las empresas industriales.

En la historia reciente de desarrollo industrial se ha ido aplicando la electrónica y la comunicación entre la máquina y el operador de forma cada vez más compleja.

La fabricación industrial se basa en procesos productivos en los que partiendo de una materia prima o producto de entrada y tras unas serie de operaciones, se consigue un producto con unas características o propiedades demandadas por el mercado. Todas estas operaciones se realizan en unas máquinas controladas por personas. Las personas vigilan, comprueban, alimentan, evacuan los productos, etc. Los trabajos repetitivos realizados por la persona se han ido sustituyendo por sistemas de control (nivel1) en los que se toman datos de la máquina (temperatura, consumo, caudal, tiempo, etc..) a partir de unos sensores u otros sistemas de adquisición de datos, o por unas nuevas máquinas (los robots) que sustituyen el trabajo monótono o físicamente penoso.

Al igual que se le puede tomar datos a una máquina, se puede dar órdenes para que cambie una velocidad, una temperatura, un movimiento o cualquier parámetro controlable del proceso. Si conocemos muy bien el proceso y lo tenemos bajo control, se le puede hacer a la máquina que trabaje sola en unas condiciones predeterminadas. El operario pasa a ser supervisor de lo que hace la máquina en lugar de hacerlo él. En algunos procesos continuos, este paso se ha dado hace tiempo, gracias a la evolución de los automatismos y a su continua mejora. La nueva economía tiene mucho que decir en este caso, mejorando las comunicaciones entre operador y máquina, las velocidades de decisión o el número de parámetros a controlar.

Pero habitualmente, una máquina no trabaja sola. Los procesos industriales suponen una sucesión de máquinas a las que individualmente se les ha podido introducir su automatización. Este conjunto de máquinas se puede hacer que trabajen como una sola, con una complejidad añadida en las comunicaciones, interfases o datos de control, etc. (nivel2) Normalmente varios grupos de máquinas forman un departamento y, para su gestión, es necesario unificar y controlar los datos (nivel3). En estos casos hay que introducir las interrelaciones de información entre departamentos, unos productivos y otros de servicios. Los datos de la producción los necesitan los servicios y al revés, la producción necesita los datos de estos servicios.

Podríamos seguir más adelante, ya que en las multinacionales se puede llegar al nivel 5. La complejidad en la gestión de los datos es tal que los nuevos sistemas de información tienen un mundo por delante muy apasionante en cuanto a cómo puede ayudar a las empresas industriales para facilitarles el camino de la competitividad que ahora es tan necesaria.

Todo ello sin comentar los avances que se están dando con la inteligencia artificial y la aplicación del conocimiento a los procesos productivos. Retos y trabajo hay, el tema es que lo tenemos que hacer de forma rentable, que los avances dados en cada momento, supongan un ahorro en costes o mejora de la productividad. Ese es el reto.

¿Es la colaboración entre las empresas de la nueva economía y las empresas industriales las que van a conseguir la competitividad de la nueva economía en su aplicación industrial?

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