De lo local a lo global: de la RSC a la RSG, II
29 Diciembre, 2006, por José Gregorio del Sol CobosSi en mi anterior nota establecía mis motivos para pensar que las empresas tienen una parte global de responsabilidad social, en ésta me gustaría proporcionar al lector dos ejemplos sobre la misma y moverlo a la reflexión en cuanto a ciertos temas preocupantes.
Hay determinados fenómenos si no globales, sí que afectan a comunidades amplias o a varias comunidades, clásicos en Europa -como la lluvia ácida o nubes radiactivas, que cuando han ocurrido, los tribunales son los que han terminado decidiendo. ¿Por qué no pedirles a las empresas que pudieran ser causantes siquiera fortuitamente de esos desastres que cambien suficientemente, no ya sus sistemas de seguridad, sino sus procesos productivos en aras a disminuir la posibilidad de tales accidentes? Es muy probable que esa inversión en una RSC de tipo global les permitiera prescindir de las indemnizaciones a comunidades arrasadas por esos accidentes (responsabilidad penal).
Aquí me gustaría poner como ejemplo positivo de que algo así se está empezando a promover, este artículo aparecido recientemente en el suplemento “Futuro” de elpais.com, en el cual nos hablan de las medidas que determinadas empresas de la potente y a veces muy “sucia” industria química para elegir nuevos procesos productivos (nuevas reacciones, si se quiere), menos peligrosos y menos contaminantes. Es un buen ejemplo por dos motivos: uno, el que los vertidos químicos, fácilmente transportables aérea o acuáticamente, son capaces de afectar a muchas comunidades antes de ser atajados. Segundo, por el momento que vivimos, en que el poderoso lobby químico ha conseguido que la Comisión Europea les levantase la prohibición del uso de componentes peligrosos para la salud si hay beneficio económico sustancioso por emplearlos…
Otro aspecto en el que creo que las empresas tienen un papel de responsabilidad social global importante es la deslocalización: las grandes empresas, las que absorben realmente la mayor parte del comercio mundial entre sus miles de ramificaciones, tienen muy poco afecto por las comunidades de humanos entre las que se asientan, y las “tragan” tanto menos cuanto mayor sea la idea de valía y de aprecio de sí mismos que tengan los componentes de dichas comunidades, por ejemplo en forma de derechos laborales y sueldo. ¿Nadie ve que la inseguridad en el trabajo y de la actividad productiva en un comunidad enferma a los individuos y a la comunidad en sí? ¿Por qué no pedir a las empresas, como muestra de cumplimiento de su responsabilidad social global aplicar a todo el mundo un rasero digno en cuanto a derechos y sueldo? Seguramente el aumento de productividad de trabajadores contentos y seguros fuese superior a los costes de transporte de empresas y de multas por “fugarse”.
Con la salud de las personas tienen mucho que ver las cadenas de restauración, quizás sobre todo las de la llamada “comida rápida”. Todos conocemos la polémica que ha suscitado el enfrentamiento entre Burger King por un lado y el Ministerio de Sanidad por otro, a cuenta de la campaña de la primera sacando un producto que sólo se puede definir como bomba calórica, apto quizás sólo para organismos más que privilegiados (el lenguaje abiertamente sexista que usaron tampoco les ayuda). Usando y abusando de la “nueva” cultura de blogs y redes, hasta abrieron un blog para ¿defenderse? El colofón parece ser esta denuncia del acuerdo entre el Ministerio y el lobby de marcas de comida rápida. En mi opinión, el asunto me parece una falta total de consideración de la responsabilidad social global que deberían abanderar este tipo de empresas, de las que depende la alimentación de tantas personas y que llegan por la publicidad omnipresente más que ninguna otra a la gente, modelando su cultura y forma de vida empezando por lo más básico, su alimentación. También el poco respeto por quienes no son “suficientemente hombres” para comer sus hamburguesas gigantes es algo que va más allá de la libertad de expresión.
Quizás parte de la industria química esté más cerca de ese cambio mayor de la biosfera de las empresas, que podríamos resumir en fijarse en lo que pasa en el terreno, en “pensar en local”, pese a haber actuado “globalmente”. Ése es un cambio, sin embargo, que parece que diese miedo hacer, pero que, en mi opinión, es necesario para que la RSC local no caiga en saco roto.
El individuo, ni siquiera aunando esfuerzos, no puede cambiar el sistema, pero nadie ha dicho que las empresas no puedan cambiar(lo).

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