Competitividad, pero ¿para qué? “El concepto de competitividad responsable”

13 Abril, 2007, por Luis Martinez Cerna
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 Las empresas buscan el éxito, ser las mejores y mantenerse en el tiempo, ser eficientes en su operación y reducir (en algunos casos) agresivamente sus costes. Por otro lado, los consumidores están cada día más dispuestos a exigir y defender sus derechos, denunciar los abusos al medio ambiente y a ejercer como ciudadanos responsables.

Sin embargo, todo este discurso se queda sólo ahí si no comprendemos que la responsabilidad social no es una lucha entre empresas versus consumidores u otros grupos de interés. La responsabilidad social es una visión integradora que constituye en sí una ventaja sostenible y que genera mayor competitividad para las empresas.

De esta forma, podemos hablar de competitividad responsable; la competitividad no es sólo la búsqueda de mayor productividad y/o de mayores niveles de rentabilidad, sino que es necesario que vayan acompañadas también de mayor bienestar social, tanto para los trabajadores como para la comunidad.

Este concepto integrador es un desafío hoy día, ser competitivos pero responsables socialmente a la vez. Este desafío, para que sea alcanzable, requiere, por una parte, el compromiso y participación de los diferentes stakeholders (trabajadores, proveedores, consumidores, administración pública, etc.) y, por otra, la participación activa de la academia; es decir, una conjunción entre universidad y empresa además.

En este contexto, Manuel Barroso ha señalado que “las prácticas de responsabilidad social de la empresa pueden jugar un rol clave en la contribución al desarrollo sostenible, al tiempo que mejoran el potencial de innovación y la competitividad en Europa”.

De la misma forma, Simon Zadek, director de AccountAbility, señala que “La RSC puede ser una fuerza impulsora de la productividad laboral -por ejemplo, estableciendo relaciones dinámicas entre la aplicación de las tecnologías de la comunicación, el envejecimiento de la población de Europa y la productividad laboral”, continuando que esta relación no es automática, “…los negocios inteligentes (smart business) son un ingrediente esencial de la competitividad responsable, pero también se requieren unas políticas públicas inteligentes (smart public policy), y un compromiso mayor de la sociedad civil a través de iniciativas de colaboración que inclinen a los mercados a favor de los negocios responsables”.

Este es el desafío actual, la búsqueda de competitividad responsable.

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