La nanotecnología poco a poco ha ido logrando una aceptación generalizada. Industrias que apostaron desde un inicio por el desarrollo de esta nueva ciencia tuvieron que explicar al mundo las ventajas y las nuevas dimensiones que el uso de la nanotecnología podía dar en todos los mercados, mejorando infinitamente nuestra calidad de vida.
Pero después de adquirir una aceptación global es cuando empiezan a sonar las sirenas de alarma…
La nanotecnología se encuentra en multitud de sectores como son el de la biomédica, farmacéutica, alimentación, agricultura, cosmética… entre otras.
Las aplicaciones de la nanotecnología más usadas comercialmente a escala mundial son las nanopartículas, fabricadas con el fin de cambiar las propiedades que tienen o combinarlas, y las nanocápsulas que tanto uso se le está dando en el mundo de la nanomedicina como pequeños contendores de sustancias para la liberación controlada de algún fármaco, o también usada en la industria de la cosmética para la administración del cosmético.
En el mercado ya se encuentran 475 productos que hacen uso de la nanotecnología como son protectores solares, cosméticos, aditivos alimentarios, plaguicidas, textiles, barnices, recubrimientos y membranas aplicadas a artículos del hogar, chips, sensores y dispositivos para diagnóstico.
Se ha estimado por la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF), en EEUU, que en el año 2012 la mitad de la industria farmacéutica hará uso de la nanotecnología.
Ahora es cuando empieza la controversia. Las industrias cosméticas empiezan a lanzar sus productos al mercado conteniendo nanopartículas.
L´Oréal hace marketing de una amplia gama de tratamientos de piel que hacen uso de nanopartículas, a pesar de las preocupaciones que levantan las nanopartículas en el efecto producido a largo plazo sobre el ser humano.
La Cosmetic Toiletry and Perfumery Association se defiende ante los ataques de temor de posibles efectos adversos comentando que las nanopartículas no se usan ampliamente en los productos cosméticos, pero que los productos están siendo cuidadosamente probados antes de su lanzamiento.
En 1997 investigadores de las Universidades de Oxford y Montreal demostraron que las nanopartículas de dióxido de titanio y zinc, empleadas en los bloqueadores solares y cosméticos, producen radicales libres en las células de la piel dañando el ADN. La mayor parte de las cremas antiarrugas y cosméticos de efecto rápido que contienen estas partículas aceleran el envejecimiento por la generación de los radicales libres que se forman… ¿no es una contradicción interesante?.
L´Oréal se defendió de este ataque asegurando del conocimiento de este efecto y que para evitarlo las nanopartículas se sintetizaban con una recubierta que protege además de combatir los radicales.
Posteriores pruebas de laboratorio han ido demostrando efectos secundarios de estas nanopartículas. Por ejemplo en el 2002, el Centro de Nanotecnología Biológica y Ambiental de la Universidad de Rice, informó de que las nanopartículas se acumulan en el hígado y riñones de los animales a los que se realizaban las pruebas, siendo un origen posible de tumores además de daños al ADN. El problema principal que implican estas partículas es que su tamaño es un riesgo en el sistema inmunológico ya que éste no las detecta, pudiendo llegar a atravesar la barrera sanguínea que rodea el cerebro, con posibles efectos potencialmente tóxicos.
Pat Mooney, director del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC), recibió el Premio Right Livelihood Award, por su trabajo pionero a nivel internacional sobre impactos sociales y ambientales de la revolución biotecnológica.

Se puede apreciar la preocupación que siente ante el desarrollo tan precoz que vive la nanotecnología. Según Mooney: “Más que una nueva ola tecnológica, la nanotecnología es un tsunami tecnológico”, “Estamos pasando de los productos genéticamente modificados a los productos atómicamente modificados, de la ingeniería genética a la geo-ingeniería, de los transgénicos a los trans-atómicos, sin en el análisis y precaución que sería necesaria debido a los alcances de estas tecnologías”.
Además de estas preocupaciones se suman la proliferación de productos nanotecnológicos ya que la falta de regulación se debe a que los químicos que ahora se emplean en nanopartículas que están aprobadas en su formulación macro, o como micropartículas.
También advertir que productos que contienen nanopartículas están en el mercado mexicano y ¡al no estar etiquetados los consumidores no somos capaces de distinguirlos!, pudiendo estar en cosméticos de la empresa L´Oreal, en BASF como aditivos alimentarios. Las empresas Monsanto, Bayer, Dupont, Syngenta, Dow y BASF tienen grandes inversiones en la investigación nanotecnológica. Por ejemplo ya se hace uso en campos agrícolas de un plaguicida nanoformulado de Syngenta, sin haber analizado el posible impacto ambiental que pudiera producir.
Estamos en un punto donde en las empresas no se plantean ninguna ética viendo en las nanopartículas una importante inversión y donde los gobiernos no parecen movilizarse.
Queda mucho por saber sobre estas nuevas partículas y se les está abriendo las puertas sin ser concientes de las posibles repercusiones que pueden causarnos… el futuro nos dirá.
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