La nano-revolución

28 Febrero, 2007, por Ana Belén Quesada

En una conferencia impartida en 1959 por uno de los grandes físicos del siglo pasado, el maravilloso teórico y divulgador Richard Feynman, ya predijo que "había un montón de espacio al fondo" (el título original de la conferencia fue There's plenty of room at the bottom y auguraba una gran cantidad de nuevos descubrimientos si se pudiera fabricar materiales de dimensiones atómicas o moleculares). Hubo que esperar varios años para que el avance en las técnicas experimentales, culminado en los años 80 con la aparición de la Microscopía Túnel de Barrido (STM) o de Fuerza Atómica (AFM) permitiera cumplir lo que es hoy una realidad.

Fullereno           STM

Los términos nanociencia y nanotecnología hicieron una discreta aparición hace dos décadas. Estos nuevos conceptos deben mucho a la invención revolucionaria del primer microscopio de barrido con efecto túnel (en inglés STM, Scanning Tunnel Microscope). Esta innovación ha sido la primera en el desarrollo de las tecnologías capaces de actuar a escala nanoscópica, del orden de la mil millonésima parte de metro o nanómetro, lo que representa ochenta milésimas del grosor de un cabello humano, y supone la manipulación directa de los átomos.Esta proeza de dos físicos: el alemán Gerd Binnig y el suizo Heinrich Röher, a quienes se le otorgó el premio Nobel en 1986, sellaba un impresionante acercamiento entre el mundo de la investigación fundamental (en el punto extremo de la exploración de la materia) y la posibilidad de desarrollar un formidable campo de aplicaciones cuyos límites no dejan de ampliarse.

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