Patologías y necesidades de las personas con dependencias
A propósito de este primer artículo sobre las Patologías y necesidades asistenciales de las personas con dependencias, he tenido la oportunidad de asistir en Junio en Pamplona al 48º Congreso de la SEGG (Sociedad Española de Geriatría y Gerontología) en donde participo asiduamente, y me parece muy interesante traer aquí a este foro de debate algunas de las conclusiones que obtuvimos de este evento, entre las que destacamos:
El envejecimiento es uno de los mayores retos actuales y un tema transversal y emergente en los países desarrollados. En España, es posible vivir muchos años y además con calidad. Envejecer es un derecho, un logro y no debe verse como un problema.
La pérdida de función es el principal marcador pronóstico de sufrimiento, de ingreso hospitalario, de mortalidad y de consumo de recursos sanitarios y sociales y, por lo tanto, de coste. Por ello, este indicador debe de ser siempre medido y valorado.
Una correcta evaluación geriátrica aumenta la calidad de vida, reduce el índice de morbi-mortalidad de las personas mayores, así como los costes derivados de su atención.
Uno de los objetivos de la Geriatría y de la Gerontología es que el anciano permanezca el mayor tiempo posible en su domicilio, mediante la utilización de recursos sanitarios y sociales adecuados. La Geriatría ofrece una respuesta eficiente a las muchas y complejas necesidades que tiene el paciente mayor. La asistencia geriátrica, entendida como la atención al paciente mayor vulnerable o de alto riesgo, debe ser contemplada tanto en atención primaria como especializada en la Cartera de Servicios del Sistema Nacional de Salud.
La interdisciplinariedad consiste en articular un sistema que recoja las necesidades básicas de los ancianos y sus familias, y que ofrezca un plan de atención marcando una priorización y estableciendo una plena de continuidad asistencial, siendo posible la toma de decisiones conjunta entre profesionales.
La prevención de la dependencia debe basarse en: La prevención de unos hábitos de vida saludables; la prevención de la fragilidad como estado previo al inicio de la discapacidad que nos va a llevar a la dependencia; la prevención de enfermedades de alta prevalencia y discapacitantes en la persona mayor; actuaciones asistenciales; y un abordaje desde el punto de vista social para mejorar la situación social de las personas en sus domicilios fundamentalmente.
Los trastornos de conducta no tienen por qué presentarse exclusivamente en el contexto de una demencia. La depresión o los trastornos de personalidad son favorecedores de apariciones de trastornos de conducta en el anciano.
No hay genes del envejecimiento, pero la dotación genética puede influir en cómo se envejece. Si una persona sustenta su estilo de vida en 4 pilares: Una adecuada nutrición, una actividad física apropiada, evitar hábitos nocivos (tabaco, alcohol en exceso, falta de sueño, etc.) y presente una “buena actitud ante la vida”, logra una mejor y mayor longevidad que la que le correspondería por su carga genética.
Con la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a las Personas en Situación de Dependencia y la Ley General de Sanidad se puede crear una normativa común de atención al anciano a nivel autonómico. Para que la Ley de Dependencia pueda llegar a buen fin es necesario el compromiso de los servicios sanitarios. Asimismo, es necesario que la valoración de la dependencia sea equitativa en todo el Estado y que se lleve a cabo una evaluación correcta, lo que exige la formación de expertos para, a continuación, una vez determinada la existencia de una dependencia, plantearse si es o no reversible.
Con la Ley de de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a las Personas en Situación de Dependencia el Sistema Nacional de Salud (SNS) deberá reforzar su trabajo en la promoción de salud en todas las edades, incluidas las edades avanzadas, muy en la línea con las estrategias de envejecimiento activo que se vienen propugnando desde los organismos internacionales. También deberá trabajar por evitar, más y mejor, las discapacidades, fomentar la autonomía personal del paciente y retrasar la dependencia.
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