La denostación del tabaco
Valga la palabra denostación en el título. Este artículo también podría haber sido iniciado como “condena o, quizás, nostalgia del tabaco”. Lo del título es importante por que cada variación del titular hace fáciles, y diferentes, las primeras líneas del artículo.
Empecemos:
Es así que sin que nadie se sienta excluido podemos definir a los nostálgicos del tabaco como aquellas personas que nacieron entre los años 40 y los 60. Llamémosles la “generación de la memoria de las guerras y de la transición”. Los nostálgicos copiaron el hábito de fumar de las escenas que protagonizaban Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en Casablanca, de los dibujos de Sherlock Holmes con su pipa, de las fotos de Wiston Churchill con el puro, de la imagen de Adolfo Suárez y su paquete de Ducados Internacional, de los anuncios que en la televisión incitaban a consumir un producto, barato y supuestamente agradable, que hacía a las personas elegantes, distintas, importantes, únicas, diferentes. En fin que las hacían decisivas.
Los nostálgicos que fumaban (y fuman) han notado que el tabaco no es causa de ningún milagro. No se liga más, ni menos. No se tiene más poder, ni menos. Ni más ni menos nada. Nada en nombre del tabaco. Nada en el humo. Sin embargo usan (usaban) el intercambio de cigarrillos para iniciar una conversación, para superar un desencuentro y para dar contenidos a las pausas. El tabaco además se quema, obliga a nuevas adquisiciones y consigue consumidores fieles y adictos. Hasta hace poco se fumaba en todos sitios, menos en las iglesias y en el tranvía. Fumaban todos. Y extraño, o extraña, era la persona que reconocía su desagrado frente al tabaco.
Los epidemiólogos clínicos han demostrado concluyentemente que son muchas las enfermedades que se asocian con el hábito de fumar. La epidemiología nos ha hecho entender el riesgo relativo del tabaco como una medida estadística de la relación entre la exposición al humo del tabaco y la mayor, o menor, probabilidad de ocurrencia de una enfermedad. Y sabemos que el riesgo de padecer un cáncer de laringe, o de pulmón, es muy superior en las personas que fuman que en las que no lo hacen. Y lo mismo se nos dice de las enfermedades cardiovasculares y de las broncopulmonares. La difusión social de la toxicidad del tabaco ha generado el concepto de fumador pasivo que se enlaza con el derecho individual a vivir sin el humo del tabaco. Y aparece la condena social del tabaco. A los fumadores se les acota el terreno. Ahora no se puede fumar cuando y donde se quiere. Hay sitios libres de humo donde se prohíbe fumar y jaulas donde se aglomeran los fumadores.
Ahora denostamos el tabaco y empezamos a mirar con recelo al fumador. ¿Nos separaremos de las personas cuando fumen, así, como huyendo de su humo?.
En diciembre del pasado año, 2005, el Congreso de los diputados aprobó la ley contra el tabaco que prohíbe fumar en edificios públicos, que obliga a bares y restaurantes a definir su carácter de espacios libre de humo o, alternativamente, de espacios en los que se puede fumar. Muy recientemente, septiembre de 2006, hemos comprobado que la ley se está cumpliendo, o incumpliendo, en distinto grado en las comunidades autónomas y que su implementación está siendo difícil; pero es evidente que, en todos los lugares y en todos los ambientes, la ley ha tenido un impacto social considerable.
La Ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha expresado con determinación que la ley “favorece a todos y no va contra nadie” y que supone un “avance fundamental” en la defensa de la salud pública.
Siendo obligada la aplicación y el cumplimiento de la ley, considera que la medida de limitar el uso del tabaco a ámbitos autorizados: ¿es positiva?, ¿mejorará la salud pública de nuestra sociedad?, ¿tendrá efectos inmediatos?, ¿Cuándo podremos valorar su eficacia?.
¿Está de acuerdo con la ley?
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Sindicación

2006-10-19 a las 9.51 pm
Creo que la medida de limitar el uso del tabaco es positiva y que ha sido bastante bien aceptada por casi todo el mundo. Sin embargo, no hay que olvidar que el hábito de fumar es muy difícil de quitar y que los fumadores también tienen derechos (no derecho de fumar donde quieran pero si de poder hacerlo de una forma controlada). El proceso para dejar de fumar es lento y tiene asociados unos “efectos secundarios” que no se pueden obviar, por ejemplo, es frecuente sustituir el cigarrillo por un caramelo (o más de uno), lo cual tampoco sería bueno para el organismo, o la persona que está dejando de fumar se vuelve irascible y esto se agrava si es la tercera, cuarta, etc. vez que lo intenta.
De todas formas, pienso que esta nueva ley va a influir en que muchos fumadores, al menos, intenten dejar de fumar y en que muchos fumadores sean conscientes de que pueden molestar o afectar a la gente que tienen a su alrededor (cosa de la que antes, seguramente, no eran conscientes). Y esto ya lo podemos observar, luego existe un resultado positivo inmediato. Lo que será demostrable más adelante es el efecto que tendrá sobre la salud pero, visto y probado lo que nos afecta, seguro que existirá una gran mejoría.
El problema que existe actualmente es convencer a la juventud, ya que ahora empieza con los hábitos tanto de fumar como de beber mucho antes. Por los datos que van apareciendo, este problema se va agravando y ya no existe tanta falta de información o vemos tantas películas donde los héroes o protagonistas fumen.
2006-10-19 a las 10.46 pm
Si todos los fumadores fuesen respetuosos con los demás y tuviesen un poco de sentido común no haría falta ni ley ni sancionar nada.
2006-10-20 a las 6.04 pm
Si fuésemos capaces de no tener hábitos nocivos
Si los mensajes educativos fueran siempre bien aceptados y bien recibidos
Si la cultura nos indujera a creer, siempre, en la evidencia científica, seríamos de otro mundo?, lugar?, país?, ¿seríamos de otra manera?
Los condicionales con los que he iniciado las tres frases anteriores pretenden mostrar nuestras insuficiencias: Creemos, sabemos, queremos, pero no podemos.
Quizás es por que otras veces sin saber, sin creer y sin poder se nos pretende imponer.
Lo que es cierto es que en este problema del tabaco tenemos la obligación de insistir: Deja de fumar.
2006-10-25 a las 5.22 pm
Yo no estoy de acuerdo con la ley, porque suelo estarlo con pocas leyes. Me gustaría mucho más que las cosas se resolviesen entre personas, y no introduciendo obligaciones y prohibiciones.
Ahora, estoy encantado de comer en un sitio en el que no se puede fumar (y conste que me declaro fumador social).
Un día también hablé de esto, y todo el mundo se me echó encima:
http://abladias.blogspot.com/2006/02/dejar-de-fumar-yo.html
2006-10-25 a las 7.32 pm
Fernando he leído tu artículo y los comentarios que siguen.
Coincido en manifestar mi escepticismo sobre el concepto de riesgo asociado a la presencia de humo a distancia. Y más cuando esa amenaza se compara con otras contingencias cotidianas. Dicho esto, creo que no caben dudas científicas sobre la acción tóxica del humo del tabaco, directamente inhalado, sobre los pulmones del fumador. No podemos dudar de la actividad de la nicotina disuelta en la sangre sobre el sistema cardiovascular. Tampoco sirve para nada el quedarnos indiferentes.
A mi modo de ver la ley antitabaco tiene un valor educativo implícito: Quizás la medida represiva sirva para contrarrestar la acción persuasiva que hace el tabaco a través de su publicidad. Quizás alguien nunca empiece a fumar. Quizás, más difícil, alguien deje de fumar. Por eso creo que la ley, a pesar de que prohíbe, es una buena medida para mejorar la salud pública.
2006-10-31 a las 3.06 pm
Desde luego, estoy de acuerdo con la ley y, sin duda, SALVA VIDAS.
Recientemente, se ha publicado en “Circulation”, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, un estudio realizado en una ciudad del estado de Colorado en EEUU, donde se pone de manifiesto que en el año 2003, tras promulgar una ley que prohibe fumar en lugares públicos, se produjó un descenso importante en el número de ingresos hospitalarios por ataques cardiacos. La Asociación Amerizana del Corazón estima que cada año mueren en EE UU una 35.000 personas no fumadoras a causa de un problema coronario que podría deberse al hecho de ser “fumadores pasivos”, una circunstancia que incrmenta el riesgo cardiovascular. Por tanto, uno debería dejar de fumar y si no lo hace, al menos, pensar en los que le rodean y no fumar en presencia de otros. Convirtamos, en todo caso, el tabaquismo en un “vicio solitario”.
2006-11-02 a las 5.16 pm
La otra noche estuve cenando con unos amigos en un restaurante pequeño en el que se podía fumar. Aunque no soy fumador, nunca me ha molestado demasiado que fumen en mi presencia porque entiendo las necesidades que tiene cada cual para sobrevivir, pero me gustó comprobar que los fumadores del grupo se sentían cohibídos para fumar junto a los no fumadores. Y se salían del restaurante para echar un pitillo, a pesar de las ofertas de fumar sin moverse por parte de los demás.
Creo que este nuevo compartamiento se debe a la ley, que ha creado la sensación de que fumar molesta a los demás. Algo es algo.
2008-02-23 a las 1.45 am
El tabaco contiene muchas sustancias cancerígenas y nocivas para la salud y creo que ya no nos debe sorprender sus consecuencias. Una de las enfermedades que obtuve por culpa del tabaco fue el asma, ya que fue consecuencia de convertirme en un fumador pasivo. Está demostrado que el humo del cigarro es un factor de riesgo en el desarrollo de la enfermedad del asma.