El viaje en el cayuco
En la costa occidental de África, Septiembre 2006.
- ¿Dónde vamos?.
- Allí.
- Y, ¿dónde es allí?.
- Allí.
- Y, ¿porqué?.
- Porque no quiero que nos peguen por comer. Por que no quiero pegar por comer. Porque aquí el hambre nos hace enemigos. Porque aquí no hay vida.
- Y, ¿por dónde vamos?.
- Por allí, por el mar. Iremos en un cayuco como aquel, con algunos de aquellos hombres.
- ¿Con aquellos hombres?. ¡No!. No quiero, déjame. Yo no quiero ir. Hay muchos hombres. El cayuco es chico. ¿Cabremos?. El mar es muy grande. ¿Dónde vamos?
- Allí. Al mar. A la vida.
- Pero en el mar, ¿dónde?
- A la vida. Ese hombre grande sabe.
- Pero, ese hombre grande parece malo. ¿Cómo nos va a llevar un hombre que parece malo?. Yo no quiero ir con él. Tengo miedo. Me pegará.
- Parece malo, puede que sea malo. Sí: es malo. Pero no te pegará. Estoy yo. Y le he dado dinero. Nos llevará a un sitio donde se puede jugar y comer. Donde se habla y se ríe. Donde dan dinero por trabajar.
- Y, ¿qué cosa es trabajar?.
- Hacer cosas. No sé que haremos. Me han dicho que haremos cosas que los que viven allí no quieren hacer.
- ¿Los que viven allí?. ¿Dónde?. ¿Quiénes son los que viven allí?. ¿Qué cosas querrán que hagamos?. ¿Nos pegarán?. ¿Quién vive allí?.
- Allí viven hombres blancos. Aquel hombre grande que lleva el cayuco nos llevará y nos dirá.
- El hombre grande parece malo. Y yo no quiero ir porque el hombre grande es malo y el mar es grande. Déjame aquí. Déjame sólo. Sabré volver. El mar es grande.
- El mar es grande pero es de agua tranquila. ¡Ven!, puedes entrar en el mar. Verás que bien se está en la orilla; aquí, junto al agua. Siéntate. Prueba el agua, está salada. Juega aquí. Chapotea. Tira piedras al mar. Estaremos aquí, en la orilla, hasta la noche. ¡Mójate!. Yo también me voy a mojar. Entra con cuidado. Hasta las rodillas. Sólo hasta las rodillas. No sabemos nadar y nos podemos hundir si entramos muy dentro.
- Vale, entro, juego, chapoteo. Espera: me salgo que viene el hombre grande. Creo que ese hombre es malo y me pegará. El mar es muy grande. El cayuco es chico. Hay mucha gente. No cabremos en el cayuco. El agua está muy fría. Me voy. Quiero volver a jugar con mi perro. Quiero volver y ver el árbol de la aldea. ¡Déjame!. Vente tú también. Tú no sabes donde está allí. Yo no sé que es trabajar. No sabemos nada. ¡Si supiéramos!.
Por la noche el hombre y el niño, y los otros hombres, y una mujer, y el hombre grande, subieron al cayuco. El hombre grande ayudó al niño a subir. Todos los hombres, la mujer y el niño estaban muy juntos y sentados. El cayuco empezaba a alejarse de la orilla. El niño lloraba. La mujer lloraba. El hombre grande gritaba. Muchos lloraban. El hombre grande gritaba. Dejaron de ver la orilla. El niño lloraba. Sólo había mar negro, piel negra y cielo negro.
¿Cómo puede esto ser posible?. ¿Qué podemos hacer?
Sí, eso existe. Ese drama existe. Es real, cada día ocurre. Las ONGs también existen. Los Estados y las naciones también.
¿Es una utopía creer que la Sociedad de la Información y las nuevas tecnologías aplicadas a la EDUCACIÓN contribuirán decisivamente a resolver este problema?
- Pero tú, ¿que haces?
Tags: Ninguno









Sindicación

2007-09-27 a las 6.48 pm
me sorprende que ‘VIVIMOS ‘ de esta manera, y modifico vivir por supervivir, en u mundo donde las barreras etnicas y geograficas las hemos puesto nosotro no Quien Creo la natraleza, vivo en Mexico y son las migajas de cada dia….