La siesta reduce el riesgo de mortalidad coronaria
La siesta, tiempo destinado para dormir o descansar después de comer, se asocia inversamente con la mortalidad coronaria entre individuos aparentemente sanos, sobre todo, en hombres trabajadores en activo, independientemente de otros factores que podrían interferir como la dieta, actividad física u otros procesos patológicos.
Ésta es la principal conclusión de un gran estudio clínico prospectivo publicado el 12 de febrero en la prestigiosa revista Archives of Internal Medicine.
Un grupo de epidemiólogos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Atenas y de la Escuela de Salud Pública de Harvard en Boston han seguido, durante una media de 6,3 años, a 23.681 individuos que al inicio del estudio no tenían antecedentes de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, ni cáncer. Durante el periodo de seguimiento se produjeron 792 muertes, de las cuales 133 se debieron a enfermedad coronaria.
Aquellos que echaban una siesta con cualquier frecuencia o duración tenían una reducción de un 44% en el riesgo de mortalidad coronaria. Las personas que dormían habitualmente la siesta -definida por los investigadores como una cabezada al menos tres veces por semana durante un promedio de al menos 30 minutos- presentaban una mortalidad coronaria un 37% menor que las que no dormían la siesta. Quienes la dormían ocasionalmente mostraron una reducción estadísticamente no significativa del 12%. Entre los hombres, la reducción del riesgo fue mayor cuando el análisis se restringía a aquellos que estaban trabajando al inicio del estudio, mientras que en las mujeres no fue posible un análisis similar debido al pequeño número de muertes.
La siesta en individuos sanos puede actuar como una medida reductora del estrés y hay considerables pruebas de que el estrés tiene efectos adversos a corto y largo plazo sobre la incidencia y la mortalidad por enfermedad coronaria.
La palabra siesta viene de la expresión latina hora sexta, que designa al lapso del día comprendido entre las 12 y las 15 horas, momento en el cual se hacía una pausa en las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas. Tras el almuerzo y debido a una redistribución del flujo sanguíneo desde el sistema nervioso al aparato digestivo se produce un cierto grado de somnolencia, además, en muchas latitudes estas horas coinciden con las de mayor calor siendo recomendable hacer un descanso.
Es posible que este trabajo represente un aval científico a la idea de que la siesta ayuda a reducir el estrés y el riesgo de infarto, a la vez que favorece la creatividad y los mecanismos de aprendizaje, proporcionando la facultad de prolongar la jornada de trabajo al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada. Numerosas empresas en todo el mundo empiezan a habilitar salas de descanso para echar una cabezada después de comer, y el Gobierno francés ha llegado incluso a recomendar una siesta de 15 minutos en los centros de trabajo.
Naska A, Oikonomou E, Trichopolou A, Psaltopoulou T, Trichopoulos D. Siesta in healthy adults and coronary mortality in the general population. Arch Intern Med. 2007; 167: 296-301.









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