Es mi opinión que, en general, el cardiólogo es reacio a cambios bruscos en la orientación diagnóstico-terapéutica del paciente cardiológico y observa con recelo las nuevas incorporaciones técnicas y farmacológicas.
| La actualidad investigadora nos conduce a plantearnos, si estaremos ante un nuevo momento en que debamos modificar nuestra actitud. Si bien en los últimos treinta años “padecimos” grandes controversias: Mecanismo de producción del Infarto agudo de miocardio; utilidad de la Digoxina en paciente coronario; betabloqueantes en la Insuficiencia Cardiaca; desfibrilación eléctrica de la Fibrilación auricular frente control de frecuencia con fármacos, etc.; en el momento actual recibimos otra oleada de “conocimientos“, aparentemente de distinto signo: |
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- placa vulnerable con mayor predisposición a romperse e iniciar el proceso final de oclusión coronaria pequeñas hasta ahora, grandes en realidad, con “remodelación positiva” del vaso coronario, que oculta el área real de la placa;
- ¿disminuimos la mortalidad real de la Enfermedad Cardiovascular (ECV) o sólo la vamos retrasando merced a los grandes avances terapéuticos y aumentamos la edad del paciente tipo, con el riesgo de incrementar las hospitalizaciones?;
- ¿necesitamos técnicas diagnósticas y “marcadores de ECV“, cada vez más complejos y costosos? (combinar Resonancia magnética, TAC y Tomografía de positrones en un solo aparataje / histología virtual, elastografía, palpografía, tomografía de coherencia óptica,?);
- ¿debemos aumentar el número de fármacos en pacientes cardiopatas, con el consiguiente riesgo de falta de “confianza” vs utilizar píldora polivalente (IECA, AAS, Estatina..)?;
- los cirujanos cardiovasculares tradicionalmente inclinados a la sustitución valvular, hoy día claman por la “reparación” de la válvula, valorando exquisitamente el estado del miocardio previo a su intervención, e incluyen en su arsenal terapéutico dispositivos tipo “Stent” con prótesis valvular incorporada, para implantación percutánea en determinadas válvulas y situaciones……..
En fin, una situación de cierta angustia e incertidumbre por saber lo que estará bien ó mal para los próximos diez años; justo lo contrario de lo que desearíamos, pienso yo, la mayoría de cardiólogos. Aun más, para mayor inquietud, el Dr. Fuster, líder indiscutible de la investigación cardiológica mundial, nos sorprende con sendos ensayos recién iniciados, en los cuales cambian radicalmente las “normas” de diseño: en el primero, a realizar en Colombia, se pretende observar la influencia de niños pequeños sobre sus padres respecto a Factores de Riesgo Cardiovascular (FRCV), una vez provocado en aquellos una “imitación” de adolescentes entre 15 y 20 años (de irrefutable influencia en niños), aleccionados por profesionales sanitarios en el control de los citados factores de riesgo; en el segundo, a realizar en la isla Caribeña de Granada, donde pese al excesivo número de casos de Hipertensión Arterial y Diabetes-Obesidad, no existe apenas la Cardiopatía Isquémica tal como se observa en USA y Europa. ¿Es preciso aprender de las costumbres y hábitos de aquella comunidad para evitar tal enfermedad?.
Que hacer pues: ¿Esperamos resultados en 5 ó 6 años, a fin de modificar nuestro conocimiento, y mientras tanto seguimos nuestras “Guías” actuales? ¿Nos inclinamos exclusivamente a la Prevención-Tratamiento de los FRCV?
Lo que sí tengo claro es que hay que acercarse mucho más al reconocimiento de estos “Factores” en la población general, debido al alto porcentaje de sujetos, que no saben que los padecen (por encima del 30% ??). Es válido pues para mí, empezar por el penúltimo aforismo de Fuster: “de tratar, a proteger“.
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