Tomates, brócoli y cáncer de próstata
Martes, Enero 23rd, 2007, por José Mariano Ruiz de Almodóvar Rivera
Se nos dice que la ingesta diaria de varias raciones de frutas y de verduras beneficia nuestra salud y disminuye el riesgo de que, a lo largo de nuestra vida, padezcamos un cáncer. Los datos epidemiológicos apoyan esta hipótesis aun cuando no conocemos cual es el mecanismo determinante de que el riesgo de cáncer sea menor en las personas que habitualmente consumen frutas y verduras frescas, que en las que no las consumen.
En base a esa hipótesis los responsables de la salud pública recomiendan que se haga énfasis en la ingesta frecuente de vegetales con el fin de disminuir la incidencia de cáncer, incrementar la longevidad, reducir la necesidad de tratamientos superfluos y mejorar globalmente la calidad de vida de las personas.
El trabajo de J.W. Erdman y colaboradores, recientemente publicado en Cancer Research, es una elegante aportación experimental al conocimiento de la relación entre nutrición y cáncer. Los autores han estudiado el efecto de la adición de brócoli y de tomate a la dieta con la que se alimenta a grupos de roedores (ratas) en los que, previamente, se ha implantado un tumor de próstata, cuyo crecimiento se sigue a lo largo de 18 semanas, tras el implante.
Los resultados demuestran que la dieta que contiene una combinación de 10 % de tomate y 10 % de brócoli disminuye en un 50 % el crecimiento del tumor. Esto permite suponer a los autores que el efecto protector se debe a que los fitoquímicos presentes en los vegetales actúan sobre rutas metabólicas relacionadas con la proliferación de las células tumorales y con los procesos de apoptosis que ocurren en dichas células.
El trabajo aporta datos experimentales que soportan, en un modelo experimental, la hipótesis de la influencia de la dieta sobre el ritmo de crecimiento del cáncer. De ello se infiere que, derivado del consumo de vegetales, podría ocurrir en los seres humanos un efecto análogo. No es por tanto improcedente la recomendación de cuidar nuestra alimentación incorporando a la dieta aquellos elementos que, la investigación biomédica, señale como beneficiosos para la salud.












