La obesidad, epidemia del siglo XXI
Jueves, Noviembre 30th, 2006, por Emilio Martinez de Victoria MuñozLos medios de comunicación nos bombardean con mensajes acerca del incremento alarmante de la obesidad en nuestro país y en otros países occidentales. Los organismos públicos responsables de sanidad ven con preocupación el que se haya triplicado, en los últimos 15 años, el número de niños obesos en España. Por otro lado, las industrias farmacéuticas y de la alimentación nos inundan con productos para adelgazar, y esta últimas con productos densos en energía, para engordar (golosinas, aperitivos, hamburguesas gigantes, etc.).
¿Porque la obesidad sólo aparece en los humanos “sanos” y en los animales domésticos (bajo la influencia del hombre)?
Esa pregunta debemos contestarla la luz de los conocimientos acerca de como nuestro cuerpo regula el peso corporal. Existen mecanismos fisiológicos que regulan el balance de energía del cuerpo, controlando, fundamentalmente, los almacenes de grasa corporal. Estos mecanismos controlan las entradas de energía en nuestro organismo a través del comportamiento alimentario, es decir, la ingesta de alimentos. Esta energía es empleada por nuestro organismo en el mantenimiento de las funciones corporales básicas (respirar, contraer el corazón, hacer funcionar el metabolismo, mantener el riñón activo, la temperatura corporal, etc.) y en la contracción de nuestros músculos en las actividades diarias, tanto profesionales o laborales como de ocio y lúdicas. Estos son los gastos o las salidas de energía. Si no existe un balance entre las entradas (lo que comemos) y las salidas de energía, no mantenemos nuestro peso corporal. Si las entradas son menores que las salidas (balance negativo), adelgazamos, si es al revés (balance positivo), engordamos. Si ese balance positivo de energía se mantiene en el tiempo, llegamos a la obesidad. Hoy en día, los científicos están de acuerdo en que la obesidad se puede atribuir, al menos en un gran porcentaje, más del 90%, de los casos a desajustes en la ingesta de alimentos.
La ingesta de energía y nutrientes depende de dos variables sometidas a regulación biológica, el tamaño de la comida (cantidad de alimentos que comemos) que esta determinado por la finalización de cada comida y la frecuencia de las comidas (numero de comidas diarias) determinado por el inicio de la comida, señal de hambre. El hombre con el patrón de comidas, no libremente determinado (horario de comidas predeterminado), ha eliminado una de las variables de regulación, la frecuencia y ajusta mal el tamaño, debido a factores ambientales y de aspectos hedónicos. Esto hace que hoy haya un consenso acerca de que la interacción de los factores ambientales que rodean al hombre (marketing agresivo, gastronomía, oferta alimentaria, palatabilidad, etc.)con los mecanismos de control de la ingesta, especialmente del tamaño desajusta nuestra ingesta de energía y propicia el desarrollo de sobrepeso y obesidad.
El hombre, o mejor, los mecanismos homeostáticos que regulan el peso corporal están preparados para el hambre, y reaccionan rápida y eficazmente ante la perdida de peso, sin embargo, parece que no detectan los incrementos de peso, es decir, no están preparados para la abundancia de alimentos, y esto lleva a la obesidad. Lo peor es que una vez que se desarrolla la obesidad, los mecanismos que controlan el balance corporal regulan ese nuevo peso aumentado, de ahí que cuando un obeso, hace una dieta hipocalórica, pierde peso, pero en el momento en que la abandona tiende a volver a su peso inicial aumentado. ¿A dónde nos lleva esto?
Creemos que el tratamiento de una enfermedad, evitable y multifactorial como esta y que implica una serie de alteraciones y enfermedades asociadas (diabetes, hipertensión, síndrome metabólico, etc.), no tiene un abordaje terapéutico sencillo y fácil, a pesar del arsenal de “remedios” que existen en el mercado. La modificación de los hábitos alimentarios y de actividad física parece que son estrictamente necesarios para el tratamiento de la obesidad, sin embargo, la mejor arma es la prevención.











