En la actualidad existe un incremento exponencial de la información sanitaria que es accesible de forma universal y gratuita. El interés de los medios de comunicación de masas por lo relativo a la sanidad, la eclosión de Internet y la aparición de una nuevo tipo de usuario del sistema sanitario, llamado “usuario informado”, que se interesa por noticias relacionadas con la salud y la enfermedad, van a favorecer una distribución masiva y un aumento de consumo de información sanitaria, para lo que los profesionales sanitarios hemos de estar preparados.
Esta nueva realidad también debe alertar a los sistemas sanitarios que deben interesarse por promover políticas de integración de los usuarios en los procesos de toma de decisiones compartidas. Estas políticas de potenciación de los consumidores o consumer empowerment, ya bastante desarrolladas en EEUU, se benefician de la mayor predisposición del usuario informado a adoptar un rol más activo en lo referente a la salud y a la sanidad.
Tenemos que mencionar, además, que la aparición del usuario informado está generando una nueva área de negocio en salud. Este hecho se visualiza por el aumento en la cobertura de los temas sanitarios, relacionados con los estilos de vida, en publicaciones divulgativas, la aparición de revistas dedicadas a temas de salud, y la difusión masiva a través de las nuevas tecnologías de la comunicación de informaciones relativas a la salud y al autocuidado. Con respecto a este último hecho destaca la aparición de sitios web de salud (e-salud) dentro de la estructura de los denominados portales horizontales y el desarrollo de portales verticales monográficos de salud. A todo ello se puede asociar el impacto potencial que tendrán en un futuro los denominados e-marketplaces sanitarios en los que se introducirán las estrategias de negocio denominadas: business-to-consumer (de la empresa al consumidor), o consumer-to-consumer (de consumidor a consumidor).
En la asistencia sanitaria se visualizan nuevos escenarios: además del teléfono, se va hablando de las tarjetas inteligentes, telemedicina, Internet para el acceso a información especializada y, en un futuro no muy lejano, será una fuente de información sobre profesionales y centros sanitarios, catalogados según cartera de servicios y datos de profesionales con su área de experiencia e investigación.
Pienso que las expectativas de los pacientes pasan por obtener una información clara y entendible de su enfermedad, de las opciones de tratamiento y pronóstico, esperan que el médico le aclare las dudas que tienen y les informe de las consecuencias y efectos secundarios.
No cabe duda de que tenemos que iniciar un cambio en la relación médico-paciente clásica, todavía enseñada en las Facultades de Medicina, y que se basa en una actitud paternalista, tradicionalmente entendida al estilo Parsoniano, como “el médico es el único que sabe, opina y dictamina lo que hay que hacer”. Este modelo que se basa en una asimetría de información y poder, consentida, tiene que desplegarse en un abanico de opciones donde el paciente pueda expresar sus opiniones, tener responsabilidad individual y decisiones compartidas. Esto aparece porque hay mayor acceso a la información y porque el propio sistema establece un nuevo modelo de paciente-cliente. Se considera ya un nuevo actor, usuario de un servicio que paga y le da derecho a participar en el cuidado de su salud.
Esta nueva relación, actualmente, no es universal y claramente donde se desarrolla es en zonas urbanas, gente de edad media y con nivel educacional mas alto, y ligado a enfermedades específicas como SIDA, diabetes u otras enfermedades crónicas que tienen en el asociacionismo su punto de apoyo.
Conceptos como potenciación del paciente son nuevos en los sistemas de salud. Indudablemente los profesionales sanitarios deberán estar también preparados para afrontar este nuevo tipo de relación, de decisión compartida y mutua confianza.