15 países colaboran para estudiar el riesgo de cáncer en trabajadores de la industria nuclear

23 Abril, 2007, por José Mariano Ruiz de Almodóvar Rivera

 0005bfa4.jpg   

      

         Las referencias habitualmente usadas en protección radiológica se basan en estimaciones de riesgo derivadas de estudios efectuados sobre los supervivientes a las explosiones nucleares en Japón. El riesgo de cáncer, tras irradiación, se ha calculado por extrapolación de esos datos. Sin embargo, los japoneses supervivientes de Hiroshima y Nagasaki recibieron, en un periodo muy corto de tiempo, una dosis relativamente alta de radiación (exposición aguda), mientras que los trabajadores de la industria nuclear, los dedicados a las aplicaciones médicas de la radiación, o las personas en general, están expuestos a bajas dosis de radiación prolongadas, o fraccionadas, a lo largo del tiempo, como consecuencia de pruebas médicas, por razones profesionales, o a causa de la radiación ambiental. La diferencia entre ambas situaciones es desde hace muchos años un asunto sometido a discusión.

         La preocupación social deriva de que la utilización de las radiación ionizante con fines médicos, industriales, o de investigación, puede afectar a la salud de las personas profesional, o accidentalmente, expuestas y a los  ciudadanos en general. Para resolver este problema 15 países, entre ellos España, están colaborando en proyecto retrospectivo diseñado para conseguir una estimación directa del riesgo de cáncer que gravitaría sobre las personas que, por razones profesionales, quedan expuestas durante mucho tiempo (exposición prolongada o fraccionada) a bajas dosis de radiación. El estudio inicial ha incluido a casi 600,000 trabajadores empleados en 154 industrias nucleares situadas en 15 países. Las personas que forman parte de este grupo han estado trabajando, al menos 1 año, en la industria nuclear; se dispone de medidas cuantitativas de la dosis recibida por cada una de ellas; la duración total del seguimiento ha sido de 5,192,710 personas-año. De esa población, incluyendo todas las causas de muerte, han fallecido un total de 24,185 personas, de ellas 6,734 por cáncer. El período de seguimiento, en la mayor parte de los casos, es relativamente corto y la mayoría de las personas incluidas son todavía jóvenes al fin del seguimiento. El 94 % de los incluidos estaban vivos al fin del periodo del estudio.

       El dato más relevante de los tres primeros informes efectuados (Vrijheid et al; Thierry-Chef et al; y Cardis et al., Radiation Research, volumen 167, páginas 361 a 437, abril de 2007) es el denominado efecto del trabajador sano que se detecta de manera estadísticamente muy significativa en la población de trabajadores de las instalaciones nucleares, cualquiera que sea el país en el que se encuentre.

       El seguimiento adicional, y la vigilancia, del estado de salud de esta población de trabajadores, debe proporcionar, dentro de cierto tiempo, una información de extraordinario interés para mejorar la precisión de los estimadores de riesgo de cáncer en personas expuestas a las radiaciones ionizantes.

Tags: , , ,

Biomedicina y divulgación científica

14 Febrero, 2007, por José Mariano Ruiz de Almodóvar Rivera

p531.jpg ¡Qué complejidad!.

Lo que sigue quiere ser un punto de partida divulgativo de la investigación biomédica.

Empezamos: Muchos de los avances de nuestro conocimiento sobre biología dependen de las capacidades de los investigadores para modificar, o modular, la expresión de una, o de otra, entre millones de proteínas. De sólo una, o de sólo varias proteínas, entre los millones de ellas que nuestras células contienen. Y haciendo esto los investigadores consiguen activar, o reprimir, o anular, cierta función en el interior de una célula que forma parte de un tejido, que es constituyente de un órgano, que está comprendido en un sistema biológico, y que a su vez pertenece a animal de experimentación que nos sirve de modelo.

Es posible que ya muchos lectores se hayan perdido y hayan dejado de leer este post. Lo siento. Y sé que es así, a pesar de que estoy tratando de hacer sencillo lo complejo. Añado, además, que estas experiencias, realizadas en el laboratorio, y utilizando modelos celulares, o pequeños animales, queremos extrapolarlas a los seres humanos para entender como nuestro cuerpo funciona en condiciones de salud y que es lo que se desarregla, cuando la enfermedad nos asalta. Y es bien cierto que ni somos un cultivo celular, ni una mosca del vinagre, ni un ratón transgénico.

¡Qué complejidad!.

Conozcamos a p53.Es la imagen que encabeza este post. Con esa letra, seguida de esos dos números, llamamos a una proteína cuya función se relaciona con la inhibición del crecimiento celular y con la respuesta apoptótica de la célula a las agresiones que se puedan producir en su material genético, o a las señales que se reciban a través de la membrana citoplasmática. En el cáncer la función de p53 está frecuentemente perturbada por anomalías existentes en el gen p53 codificante de esa proteína. Y no es igual tener un cáncer con p53 normal, con p53 mutada o sin p53. Y no es igual porque el conocimiento de la función, o de la ausencia de función de p53, proporciona al clínico una aproximación al pronóstico de la enfermedad que le permite aventurar las posibilidades de supervivencia del paciente o la respuesta al tratamiento que le prescriba. Para avanzar en este camino trabajos como los de Manuel Serrano o de Gerard Evan son hoy de una importancia extraordinaria. Entender como funcionan las proteínas y ser capaces de corregir los defectos moleculares en la célula, para controlar las enfermedades, se nos antoja un objetivo cada vez más cercano. Y los científicos que a ello se dedican son dignos del máximo reconocimiento y admiración, y los ciudadanos debemos entender la complejidad del problema y la dificultad que supone dilucidar cada uno de los incontables mecanismos que son necesarios para llegar al conocimiento científico, primero, y a las aplicaciones de la ciencia a la medicina, después.

¡Que complejidad y que belleza!.

Tags: , , ,