Receta electrónica, reinventando la rueda

8 Mayo, 2007, por intelligenia

Hace ya años que oímos hablar de la Receta Electrónica (en 2004 nos contaban que dado el éxito se implantaría en todos los centros de salud andaluces durante ese año), que en Andalucía se llamará Receta XXI. Ahora, por fin, podemos verlo funcionar en Granada.

Aunque mis conocimientos en el tema son limitados, los medios de comunicación han hecho eco durante algún tiempo de los principales problemas a los que se enfrenta este pequeño recién nacido. Al parecer una cierta falta de previsión a nivel legislativo hace complejo ahora alcanzar la compatibilidad entre las distintas implementaciones de Receta Electrónica que hacen cada una de las comunidades autónomas de nuestro país.

A nivel tecnológico la Receta Electrónica se apoya en las conocidas Smart Cards (tarjetas inteligentes), que en España conocimos gracias a las tarjetas de prepago para las cabinas telefónicas. Sin embargo, en contra de lo que pueda parecer desde fuera, en estas tarjetas no se almacena la información real sobre los tratamientos que sigue el paciente, sino que solo se almacenan las claves necesarias para encontrar esta información en un servidor remoto. Tanto el ordenador de la farmacia como el de la consulta del médico se conectan a este servidor y almacenan o consultan los tratamientos que está siguiendo el paciente, cuando le han sido dispensados, etc. En Andalucía (desconozco si sucede igual en otras comunidades) existe además un tercer intermediario en el proceso: Los colegios oficiales de farmacéuticos. Su misión es conectar a la farmacia con el servidor central de la Junta de Andalucía, si bien a nadie le queda muy clara la necesidad real de este salto.

Sabemos también que en principio esta tecnología se aprovechará únicamente para los tratamientos de larga duración. No obstante solo con ello se logra un gran avance… ¿o no? El objetivo es descargar las consultas de atención primaria de enfermos crónicos que necesitan las recetas para sus tratamientos. Estos enfermos suponen un alto porcentaje de los pacientes que llenan las listas y salas de espera de los centros de salud.

Sin embargo puedo remontarme 10 o 12 años en el tiempo, antes de DIRAYA (Un sistema para mantener los historiales clínicos de los andaluces en formato digital), de la receta electrónica, de las citas previas en los centros de salud y de otras muchas innovaciones para recordar como obtenía mi abuela sus medicamentos. Para empezar no existían citas previas, ni un número para solicitarlas. A las 7 y media una persona repartía números a los que se habían colocado en fila ante el centro de salud. Una vez tenías el preciado número, calculabas con un poco de picaresca -si era jueves los representantes ocuparían al médico un buen rato y, si había algún enfermo grave en el pueblo, a eso de las 11 algún familiar pasaría por la consulta para que el médico hiciese visita a domicilio- la hora a la que debías presentarte allí. Según lo bueno que fueses esperabas más o menos, pero el sistema funcionaba relativamente bien.

Al sistema anterior se añadió un sistema de avisos propio de pueblo: Se trataba de localizar unas cuantas posiciones por delante en la fila de espera a algún conocido que cuando abandonase la consulta pudiese pasar por tu casa o llamarte por teléfono al llegar a la suya. De ese modo la espera se reducía drásticamente.

El sistema se fue perfeccionando con nuevas tecnologías, como el sobre: Los pacientes que estaban siguiendo un tratamiento de larga duración tenían una ficha (una cartulina de las que se compran en cualquier papelería) que introducían en un sobre junto con los "cartoncillos", es decir, un trozo del envase del medicamento, de aquellos tratamientos que se le habían acabado. El médico recogía los sobres del buzón que se había dispuesto para ello y, una vez terminaba de atender a todos los pacientes que habían acudido, extendía las recetas y las guardaba en el sobre que el paciente podía recoger el día siguiente en la ventanilla del centro de salud.

Si a todo lo anterior añadimos que las farmacias solían (y suelen) adelantar los medicamentos a estos pacientes, conservando el código de barras hasta que el enfermo puede llevar la receta, el resultado no dista mucho de la nueva y mejorada Receta Electrónica. Y no quiero que se me malinterprete, ni restar valor al esfuerzo que ha supuesto la implantación de esta tecnología. Por supuesto la Receta Electrónica aporta más ventajas al sistema y además le da un marco legal y un protocolo controlado que podrá evitar muchos problemas. Lo único que pretendo afirmar es que en muchas ocasiones la innovación tecnológica parece llegar tarde y ser, más que parte de un proceso real de innovación, la aplicación de la tecnología a un mecanismo previamente existente.

Las farmacias que conozco están teniendo auténticos problemas para implantar los mecanismos de Receta Electrónica, el DIRAYA se ha hecho tristemente famoso por los fallos y caídas que ha sufrido y que en ocasionas han dejado a los servicios de salud de Andalucía fuera de funcionamiento durante horas, y cuando deberíamos estar hablando de un sistema global (no nacional) distribuido (es decir, no centralizado en un único servidor sino repartido a lo largo de distintos centros hospitalarios) de gestión de historiales médicos y tratamientos y, en un momento en que el DNI electrónico (que todavía no es tampoco una realidad) debería ser más que suficiente para identificar a un paciente en la farmacia o el ambulatorio y poder comprobar si en efecto tiene derecho a la asistencia que solicita, la mayor innovación a este nivel de la que podemos hacer alarde en España es una tecnología que repite de un modo más correcto algo que se hacía en mi pueblo hace 12 años. Personalmente creo que es el momento de detenerse y pensar si es el miedo al fracaso el que nos impulsa a avanzar tan despacio, si es una insuficiente inversión en I+D, si es la falta de apoyo a las Universidades, cuna histórica del conocimiento y la innovación, o si es una necesidad de apuntarse el mayor número de tantos políticos a bajo precio. Yo apostaría por todas ellas en mayor o menor medida, y por algunas más que seguro que a cualquiera se le ocurren.

intelligenia

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La distribuitidad de la Medicina

9 Abril, 2007, por Jose Luis Bernier Villamor

423446138_762e10ffcd_m.jpg¿Puede imaginarse poder ser reconocido y/o diagnosticado por un especialista de prestigio mundial, acudiendo usted a su centro de salud u hospital más cercano y permaneciendo el médico en una provincia o país distante?

Hoy día esto sería totalmente factible, gracias al instrumental de Telemedicina existente y en explotación en diversos centros desde hace años. Hablamos de Medicina a distancia en tiempo real, no de una simple videoconferencia o el cruce de un par de correos electrónicos, consultas tan personales y completas como las  convencionales. 

Sin embargo, aún no he visto que se ofrezcan servicios como el comentado, ni a nivel público ni privado. Me refiero a que, por ejemplo, los seguros privados ofrecen una cartera de especialistas a los que el cliente puede acudir, especialistas que tienen sus consultas en el mismo lugar de residencia que el cliente, usualmente. Lo que se plantea aquí es la posibilidad de que en esa lista aparezcan especialistas de otras provincias o países, que a pesar de la distancia podrán atendernos sin necesidad de coincidir en las mismas coordenadas geográficas y sin que ello suponga ningún tipo de limitación para el diagnóstico respecto del sistema presencial convencional.

Me imagino que este tipo de servicio será ofrecido en un futuro menos lejano del que podemos imaginar y que posiblemente se use el prestigio de los especialistas mundiales ofrecidos como reclamo de captación de usuarios, quizás se llegue incluso a distinguir distintos niveles o precios de seguros, según el caché de los especialistas o entidades a las que se tendrá acceso.

Otro tema es la posibilidad de ser operado a distancia, y aunque ya se han realizado algunas intervenciones con éxito con la ayuda de robots, su utilización de forma masiva lo veo bastante más lejano que los servicios de consulta que, como comentaba al inicio, hoy por hoy son perfectamente factibles.

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Telemedicina: ¿hacia un servicio asistencial impersonal?

29 Enero, 2007, por Jose Luis Bernier Villamor

Me decido a escribir esta entrada tras leer en diferentes ocasiones críticas al uso de nuevas tecnologías en Sanidad con el argumento de que conllevaría un trato impersonal.

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Lo que yo pienso es que ese argumento carece de fundamento ya que:

  1. “No presencial” no implica “impersonal”. Las nuevas tecnologías simplemente ofrecen una nueva forma de comunicación entre personas. Es decir, los usuarios no están hablando con máquinas, sino a través de ellas, ya que en ambos extremos de la línea hay personas.
  2. “Presencial” no implica “personal”. Todos podríamos citar a funcionarios, médicos, profesores, administrativos, que en su trato diario con el público son profundamente impersonales.

En un contexto de nuevas tecnologías, grosso modo, intervienen tres tipos de diálogo:

  • Diálogo máquina-máquina: por ejemplo, los servicios web. No afectan a los usuarios ya que se trata de procesos internos transparentes a los usuarios. Se usa para intercambiar información entre ordenadores. Por ejemplo, puede que un ordenador almacene los datos personales de los pacientes y otro su historia clínica, ambos ordenadores pueden comunicarse para mostrar la ficha completa al especialista, sin que éste sea consciente de que esos datos se han generado tras una negociación entre máquinas.
  • Diálogo usuario-máquina: son los llamados servicios interactivos. Permiten, por ejemplo, que los usuarios soliciten una cita, un cambio de médico, accedan a un documento, etc, o que un médico acceda a un historial clínico, o realice una búsqueda en el vademecum, …. Aquí no es necesario un trato personal, a menos que el usuario no sepa utilizar las nuevas tecnologías, en cuyo caso puede usar el sistema tradicional.
  • Diálogo usuario-usuario: se produce una comunicación entre dos usuarios (paciente-médico, médico-médico, etc). Los servicios de teleasistencia, telediagnóstico, teleconsulta, etc usarán este tipo de comunicación.

El problema no reside en la tecnología sino en el uso que se haga de ella. Por ejemplo, esta Navidad he recibido decenas de mensajes de felicitación, y casi todos ellos me han molestado profundamente. Enviar un mismo mensaje de felicitación navideña a varias personas y, lo que es peor, reenviar uno que tú has recibido, lejos de ser un detalle se asemeja más a un desprecio. Además, son tan impersonales que algunos de ellos ni siquiera se molestaron en escribir su nombre para que yo supiera quien lo enviaba.

En cambio, es obvio que un buen uso del móvil o del correo electrónico permite disfrutar de un trato personal, que permite cultivar las relaciones sociales. Lo mismo sucede con los servicios de telemedicina. Obviamente, para tareas de rutina relacionadas con la Sanidad como pedir una cita o resolver cuestiones administrativas, los usuarios accederán a servicios automatizados, pero una cuestión de consulta sanitaria se realizará con un profesional cualificado que, aunque no esté presente en la misma habitación, estará pendiente de nuestras palabras, síntomas, historia clínica, etc, y que el trato más o menos personal que nos dé, dependerá de su caracter y no del uso de nuevos medios de comunicación.

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A veces un poco de atención e interés ayudan

29 Noviembre, 2006, por Eduardo Ros Vidal

Supongo que la continua presión desde el propio servicio sanitario y desde los pacientes hace que el médico tienda a veces a hacer su trabajo de forma rutinaria e incluso con desinterés. Lo cual es un poco paradójico porque dicen que si hay alguna profesión que se realiza por vocación esa es la medicina. Quizás sea también una actitud defensiva con la que el profesional de la medicina trata de no implicarse (de forma personal) con los distintos pacientes y sus padecimientos porque no hay espíritu, por muy ilusionado que sea, que resista el atender tantas dolencias diversas y de forma tan continuada.

En todo caso, como paciente muchas veces aprecias tanto una “cierta atención personal” o alguna muestra de interés que incluso parece que ayuda a la recuperación. Los médicos no son sólo “reparadores” deben ser también “comunicadores” ya que parte de la evolución de toda patología depende de cómo la afronte el paciente y una mejor comprensión de lo que se padece puede ayudar mucho en este aspecto.

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