La siesta reduce el riesgo de mortalidad coronaria

26 Febrero, 2007, por José Antonio Ramírez Hernández

La siesta, tiempo destinado para dormir o descansar después de comer, se asocia inversamente con la mortalidad coronaria entre individuos aparentemente sanos, sobre todo, en hombres trabajadores en activo, independientemente de otros factores que podrían interferir como la dieta, actividad física u otros procesos patológicos.

Ésta es la principal conclusión de un gran estudio clínico prospectivo publicado el 12 de febrero en la prestigiosa revista Archives of Internal Medicine. Leer más »

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El debate sobre Enfermedades cardiovasculares

7 Diciembre, 2006, por José Mariano Ruiz de Almodóvar Rivera
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       El prodigio de la medicina clínica es que se han conseguido reunir millones de experiencias individuales, lo bastante cohesionadas, como para proporcionarnos una base sólida a la que llamamos medicina basada en la evidencia. La transmisión de conocimientos maestro-discípulo ha ocupado un papel esencial en esta historia. Ahora las fuentes de información son infinitas, y la transmisión personal de experiencias y capacidades, parece en cierta forma secundaria. En general, el cardiólogo es reacio a cambios bruscos en la orientación diagnóstico-terapéutica de sus pacientes y observa con recelo las nuevas incorporaciones técnicas y farmacológicas.

Impacto social y económico de la categoría

        Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de mortalidad en los países occidentales. A principios del siglo XX eran responsables de menos del 10% de las muertes en el mundo, sin embargo, en los inicios del siglo XXI son la causa de casi el 50% de las muertes en los países desarrollados y del 25% en los países en desarrollo. En España, en el año 2000, fueron responsables del 35% del total de defunciones (40% en mujeres y 30% en hombres). En buena medida, este aumento en la incidencia de enfermedades cardiovasculares guarda relación con una mejoría en la situación económica y sanitaria de la población y con cambios radicales en el estilo de vida, y en la dieta, que conduce a la obesidad, la diabetes y la hipertensión. En los países de nuestro entorno, aunque se están dando pasos importantes para intentar controlar, y modificar, los factores de riesgo cardiovascular, el número absoluto de muertes por enfermedades cardiovasculares, y su prevalencia, continúa aumentando debido, fundamentalmente, al envejecimiento de la población y a la mejora en los tratamientos de los procesos agudos que ha conseguido el aumento espectacular en los índices de supervivencia de los afectados.

El supuesto a estudiar, su justificación y el método

       Enfrentarse al reto de reducir la incidencia y la mortalidad de las enfermedades cardiovasculares a nivel global es un problema de enorme complejidad por el carácter multifactorial de la patología cardiovascular y por las marcadas diferencias socioeconómicas y culturales que inciden sobre los infinitos grupos sociales que habitan nuestro mundo. De cualquier manera el punto de partida está claro: Conocemos cuales son los factores de riesgo, los estilos de vida inapropiados y los hábitos nocivos que influyen de manera determinante en la frecuencia, y en la gravedad, con la que las enfermedades cardiovasculares se presentan.

Sabido esto es evidente que socialmente es necesario:

  • Tratar de reducir riesgos y de modificar costumbres a través de programas de salud, de estrategias educativas, de campañas informativas, e incluso introduciendo normas o leyes como la ley antitabaco, o la campaña contra la obesidad.
  • Dedicar recursos al tratamiento agudo y crónico de los pacientes que ya padecen la enfermedad.
  • Actuar eficazmente para controlar el proceso agudo, incrementar la reparación del daño y prevenir la aparición de segundos episodios.
  • Potenciar la investigación biomédica básica

Conclusiones extraídas del debate en el blog

       El debate en el blog, a pesar de la especialización y dificultad del tema, ha sido intenso y, creemos, esclarecedor. De él podemos extraer lo siguiente:

  1. Disponemos en nuestra sociedad de excelentes servicios clínicos, de instalaciones adecuadas y de tratamientos óptimos: ¿Es así que hemos alcanzado el límite en nuestras capacidades asistenciales, y de mejora de la salud pública, para nuestros conciudadanos?. Esta pregunta puede formularse de otra forma: Con los recursos y con los métodos de los que disponemos, ¿disminuimos realmente la mortalidad por enfermedades cardiovasculares o sólo estamos desplazando su desenlace a edades más avanzadas del paciente, con el riesgo de incrementar la frecuencia y la duración de las hospitalizaciones?. 
  2. Es necesario el avance en investigación: Nos encontramos ante un cambio de paradigma en la biología del corazón. Ahora sabemos que en el corazón adulto existe un proceso continuo de renovación en el que células, derivadas de la población de células madre cardiacas multipotentes, reemplazan continuamente a las células del miocardio, a las endoteliales y a las vasculares que fisiológicamente, y dentro del corazón, entran en procesos de muerte celular, o que masivamente desaparecen tras accidentes isquémicos agudos. El conocimiento de los mecanismos que regulan el recambio fisiológico de células del corazón y la aplicación, en pacientes graves, de nuevas técnicas que, expertos en terapia celular y en medicina regenerativa, están desarrollando, quizás ayude a paliar la magnitud del problema médico que nos ocupa.
  3. Si las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo desarrollado, parece evidente queda mucho por hacer en prevención y en investigación. Valga la frase del Profesor Fuster como expresión del cambio de orientación de la política de salud que debe ser implementada: “De tratar a proteger”. Y es aquí donde el futuro de la medicina académica se nos antoja como resultante de la energía social colectiva intencionadamente asociada para buscar objetivos de salud pública coherentes y previamente definidos.

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