Biomedicina y divulgación científica

14 Febrero, 2007, por José Mariano Ruiz de Almodóvar Rivera

p531.jpg ¡Qué complejidad!.

Lo que sigue quiere ser un punto de partida divulgativo de la investigación biomédica.

Empezamos: Muchos de los avances de nuestro conocimiento sobre biología dependen de las capacidades de los investigadores para modificar, o modular, la expresión de una, o de otra, entre millones de proteínas. De sólo una, o de sólo varias proteínas, entre los millones de ellas que nuestras células contienen. Y haciendo esto los investigadores consiguen activar, o reprimir, o anular, cierta función en el interior de una célula que forma parte de un tejido, que es constituyente de un órgano, que está comprendido en un sistema biológico, y que a su vez pertenece a animal de experimentación que nos sirve de modelo.

Es posible que ya muchos lectores se hayan perdido y hayan dejado de leer este post. Lo siento. Y sé que es así, a pesar de que estoy tratando de hacer sencillo lo complejo. Añado, además, que estas experiencias, realizadas en el laboratorio, y utilizando modelos celulares, o pequeños animales, queremos extrapolarlas a los seres humanos para entender como nuestro cuerpo funciona en condiciones de salud y que es lo que se desarregla, cuando la enfermedad nos asalta. Y es bien cierto que ni somos un cultivo celular, ni una mosca del vinagre, ni un ratón transgénico.

¡Qué complejidad!.

Conozcamos a p53.Es la imagen que encabeza este post. Con esa letra, seguida de esos dos números, llamamos a una proteína cuya función se relaciona con la inhibición del crecimiento celular y con la respuesta apoptótica de la célula a las agresiones que se puedan producir en su material genético, o a las señales que se reciban a través de la membrana citoplasmática. En el cáncer la función de p53 está frecuentemente perturbada por anomalías existentes en el gen p53 codificante de esa proteína. Y no es igual tener un cáncer con p53 normal, con p53 mutada o sin p53. Y no es igual porque el conocimiento de la función, o de la ausencia de función de p53, proporciona al clínico una aproximación al pronóstico de la enfermedad que le permite aventurar las posibilidades de supervivencia del paciente o la respuesta al tratamiento que le prescriba. Para avanzar en este camino trabajos como los de Manuel Serrano o de Gerard Evan son hoy de una importancia extraordinaria. Entender como funcionan las proteínas y ser capaces de corregir los defectos moleculares en la célula, para controlar las enfermedades, se nos antoja un objetivo cada vez más cercano. Y los científicos que a ello se dedican son dignos del máximo reconocimiento y admiración, y los ciudadanos debemos entender la complejidad del problema y la dificultad que supone dilucidar cada uno de los incontables mecanismos que son necesarios para llegar al conocimiento científico, primero, y a las aplicaciones de la ciencia a la medicina, después.

¡Que complejidad y que belleza!.

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